|
El
Uruguay de hace 100 números atrás
En
la muy famosa y recordada época – para aquellos que traspasaron
los 40 – del Club del Clan, había una canción que rezaba: “
El tiempo pasa y se nos va la vida...” ...
Y el tiempo pasa. A veces más rápidamente de lo que queremos. El
mundo y sus cambios irrumpen con su vértigo en la sociedad y en
lo más íntimo de nosotros. Sin darnos cuenta, se suceden los días,
los meses, los años y cuando imprevistamente hacemos un alto en
el camino y miramos atrás, la historia de nuestro mundo y nuestra
historia misma ha concebido miles y miles de páginas, que recogen
el andar de cada día con sus vicisitudes. En
la mirada retrospectiva confluyen la melancolía y los recuerdos,
unos buenos y otros no tanto. Pero tal parece, que con el cambio
de siglo y de milenio, por si fuera poco, ese vértigo ha
aumentado en proporción tal, que lo del mes pasado, parece
estar ya muy lejos, muy distante. Y nuestros tiempos han tenido
que acompasarse a las reglas de juego de un mundo tan distinto, al
de hace, qué decir 40 años, diez años... o cinco... o quizás
dos. Dos
años, como los que tiene La ONDA, que nació en un enero de
2.000, cuando todos pensábamos que el cambio de siglo, nos
aportaría otras cosas, distintas a las de un siglo, que moría
con una profusa historia, tachonada de guerras, con
descubrimientos insospechados, que nos habían prometido un mundo
mejor, moderno, más al alcance de todo y de todos. Aparecía el
nuevo siglo, con sus computadores, telefonía celular, compac
disk, bdv y ainda mais. Aquí
los uruguayos, todavía disfrutábamos de la esperanza, sustento y
razón para continuar adelante. Teníamos por delante un nuevo
siglo y para probar, un nuevo presidente, quien según él “ nos
había cantado la justa “ y nos prometía un gobierno divertido
y nos aseguraba un camino sin impuestos, con baja inflación, con
un dólar accesible y con la posibilidad de seguir soñando. Los jóvenes
con su carrera, los no tan jóvenes con la posibilidad de llegar a
la casa propia, al cochecito etc. etc. y a los ya entrados en
edad, a los de la tercera edad como se les llama, una vejez digna,
recompensa a sus años de trabajo, de sacrificio. Y
comenzamos el 2.000, y vino la aftosa, la devaluación brasileña,
los problemas insondables de la economía argentina, las
inundaciones y nos fuimos precipitando poco a poco, a una crisis
sin precedentes. Aparecieron los impuestazos, el dólar
comenzó a dispararse, las contradicciones del gobierno, que sí,
que no, pero tampoco, y de esta manera fueron transcurriendo los
meses. El
desempleo creció, la pobreza se instaló en la sociedad, las
zonas marginales comenzaron a superpoblarse , la emigración
comenzó a atestar el aeropuerto, las solicitudes de pasaportes
comenzaron a multiplicarse de tal manera, que para ser atendido te
dan número para dentro de un mes y medio o dos meses. Los
comercios, grandes, medianamente grandes y pequeños comenzaron a
bajar sus cortinas, los salarios se recortaron, el seguro de paro,
recibió por miles a sus nuevos integrantes y así fuimos
desbarrancándonos, salvándose el que pudiera y el que no
marchando a vivir a las calles y la mendicidad, fue la nueva
modalidad de vida de miles y miles de uruguayos. El
presidente al frente de su gobierno colorado y con una complicidad
blanca subordinada a los caprichos jorgianos, fue pasando de una
medida a otra, con marchas hacia atrás y hacia delante, con
contradicciones que exasperaron a la mayoría. Comenzó a caer su
aceptación a los niveles históricos más bajos, hundiéndose
junto a un riesgo país que crecía a diario y para salvarse dejó
flotar el dólar, que pegaba estampidas impresionantes, dejando a
la gente embretada en sus cuentas en verdes, sin saber para dónde
agarrar. Y
lo último.... las genuflexiones del presidente ante el FMI,
hicieron que en un pasado fin de semana reciente, el país “ se
entregara “ a la modalidad yanqui, vendiendo su rico patrimonio
de libertad y soberanía, a la baja suma de unos cuantos millones
de dólares. El descaro del Tío Sam, llegó a tal punto, que en
medio de una discusión parlamentaria, en la cual se discutía si
se aceptaba o no la nueva ley de estabilidad financiera, tuvo el
tupez de llamar desde el norte, para decir que si la ley no se
votaba en dos horas, no había guita. A ésto, no es que le llaman
“ ingerencia “. Y
allí estuvo, nuestro gobierno rosado, arrodillándose una vez más,
para entregar esa preciada soberanía, a manos extranjeras,
mientras nosotros, los ciudadanos comunes, presenciábamos atónitos,
esa forma tan vil de servilismo, que nos distancia a años luz, de
aquella independencia firmada un 25 de agosto de 1825. Mientras
los ladrones de cuello blanco, vaciaron los bancos, llevándosela
toda a Suiza o a las islas Caymán, aquí quedamos los uruguayos,
con nuestros miserables ahorros de toda una vida, encerrados en un
corralito, teniendo como promesa, que dentro de tres años,
podremos retirarlos. Y quién puede vaticinar, qué será de
nosotros dentro de tres años, cuando en apenas dos, nos
fundieron, nos aniquilaron y descaradamente se apropiaron de
nuestros bienes. Qué
dos años... por favor. Y si pensamos que todavía faltan dos más
para que estos ineptos se vayan, qué podemos hacer. La mayoría
ya lo resolvió, hacer las valijas y marcharse, pues todavía hay
lugares en este planeta, donde se puede vivir con dignidad. La
ONDA ha acompañado este devenir aciago de nuestro querido
paisito, y claro, cien números no se celebran todos los días,
por lo cual, por un momento hay que olvidarse de toda esta
parafernalia, y levantar una copa y brindar por este siglo de
letras de La ONDA. Y como en cada brindis, siempre hay un lugar
para pedir un deseo, hoy pedimos que La ONDA pueda cumplir otros
cien números más, pero que cuando nuevamente levantemos la copa,
los que hayamos quedado acá, tengamos aquel país que nos
legaron nuestros héroes, un país del cual podamos estar
orgullosos y unos gobernantes, menos corruptos, más humanos y más
uruguayos. ¡ Salud ! LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |