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¿Es
viable la democracia participativa? (II)
En el estado actual de desarrollo de la conciencia y la cultura del pueblo uruguayo, creo que no. Aún no. No de manera eficiente. No de manera inteligente. Dicho sea esto, otorgándole a la democracia participativa un valor absoluto. Creo sin embargo que sí podemos aventurarnos en una democracia bastante participativa y fundamentalmente, cada vez más participativa. Como siempre, el camino se hace andando y a medida que avanza el carro se acomodan los melones. Hay en el Uruguay de hoy un montón de fenómenos de participación que coexisten con otro montón de fenómenos de fragmentación. Pero los de participación que existen, son extenuantes. Y lo son por que todavía nos falta mucho tránsito en el camino de la toma colectiva de decisiones. Nos faltan dos cosas en particular. Nos falta, primero que nada ser más En cada gremio, cada comité, cada cooperativa, cada comisión de fomento de escuela, barrio, liceo, cada grupo de viaje de fin de cursos, en fin, en cada instancia de participación democrática que los uruguayos nos damos luchamos con la perenne situación de que los más se lavan las manos y no participan. Y siempre quedan trabajando y teniendo que tomar decisiones, unos poquitos. Por ende esos poquitos, o se desinflan y también se van o actúan como pueden. En ese entorno, aparecen deformaciones que después son criticadas desde dentro o desde fuera, con razón como no, pero en general, sin atender a la circunstancia de que esas deformaciones no hubieran tenido lugar si la participación hubiera sido masiva. A más de uno de los que fue dejado solo limpiando el salón después de la fiesta que algunos organizaron y todos disfrutaron se le habrá cruzado (y lo habrá hecho o no) llevarse alguna de las bebidas que sobraron para su casa, a medias montado en la frustración de la borratina general y la amoralidad de "que feo robar y que te vean". Como pueden aparecer rabias en los 4 que llegan en hora y se tienen que aguantar que los otros 10 lleguen una hora después, rabias que hacen surgir pequeños dictadores, que intentan imponer al conjunto decisiones o más ingenuamente, cuentan con el conjunto, para llevar adelante cosas, que después no se cumplen. El hecho es que a la hora de organizar siempre es pequeño el grupo. A la hora de hacer, aparecen algunos más. Más o menos la mitad de los que se escudan en el "yo no estoy para reuniones, cuando haya algo concreto que hacer me avisan". La otra mitad, siempre tiene un compromiso arreglado con antelación. Y cuán mitad sea la que se aviene a hacer, también depende de la relación que tenga el convocante, con el convocado. Si no hay ningún tipo de compromiso moral o de amistad o de cofradía política, esa "mitad" puede llegar a achicarse más aún. En todo caso, TODOS, todo el conjunto de los no organizantes ni participantes, estarán listos a criticar por lo bajo los más, abiertamente los otros, el accionar de los que hicieron algo. Y las críticas pueden ir desde el "está mal hecho, se debería haber hecho así o asá" hasta el "son los iluminados de siempre que nos quieren imponer su ........ (aquí se puede llenar con lo que se quiera, "huelga", "opinión", "actividad"), pasando por el "¿y qué querés, viste quien está? . Otro de los problemitas que aparecen ante este fenómeno, es la convicción de los que organizan de que todos los demás están tan pendientes y tan informados del asunto como ellos mismos. Y surgen después enormes enojos, porque nadie fue, porque nadie se enteró. Y en esto surge una de las grandes contradicciones de la izquierda hoy, habrá un X número de gente que lea esto, que diga, "no todos tenemos porqué ser militantes". Y los militantes dicen "entonces después no se quejen". Pero se quejan. Y creo profundamente que la gente que sostiene esta postura, no quiere una democracia participativa, porque no está dispuesta a participar. Son gente de la democracia representativa, que quiere buenos gobernantes que se ocupen del país. Después, nos falta ser mejores Lo que se aprende en la universidad sobre manejo de proyectos de la índole que sea, es aplicable a cualquier actividad humana, desde organizar un baile, hasta una campaña electoral. Sin embargo, excepto quizás en el gremio universitario, la organización en todas las instancias colectivas, está en manos de los más responsables, trabajadores y con capacidad para verbalizar una línea de acción. Esta persona puede ser una costurera, un carpintero, un pescador, una obrera, un empleado, cualquiera. Seguramente ninguno de ellos oyó jamás hablar del "método del camino crítico" o cualquier otro concepto relativo a la planificación. Y sin embargo, como pueden, con su mejor criterio y sentido común, apelando a las cabezas de los que los rodean, organizan y hacen y han sacado adelante todas y cada una de las cosas que se han hecho en este país. Pero no debería ser así. ¿Porqué debería un carpintero saber planificar una actividad que involucre, un gran grupo humano, dinero y otros recursos materiales, tiempo? En general lo que sucede, es que los "planes" que se hacen quedan en la fijación más o menos concreta de los objetivos a alcanzar y en los grupos más organizados, hasta se hace una cierta división de tareas. Elaboración que a veces alcanza para que las cosas salgan más o menos, descansando en la gran capacidad e improvisación que hemos ido desarrollando (que es muy bueno que la tengamos, porque por más planificación que haya, la realidad es caótica). Y los objetivos, pocas, poquísimas veces se alcanzan. O se alcanzan pero en mucho más tiempo de lo previsto o a un costo mucho mayor en esfuerzo, dinero, etc. que lo originalmente estimado, si es que se estimó. ¿Cómo poner en manos de un organismo descentralizado cualquiera, de gente de a pie, muchas veces con escasa formación, el proceso de toma de decisiones sobre recursos que son de todos? La gente sabe o cree que sabe lo que necesita su barrio, su lugar, su escuela, su fábrica. Pero muchas veces pasará que lo que la gente percibe como urgente, no necesariamente es el mejor destino para los recursos casi siempre escasos. Se depende por otro lado del problema visto en el punto anterior: quienes estarán tomando las decisiones son aquellos que participan de las reuniones. Los demás se limitarán a criticar. Y tal vez si esos demás hubieran participado se hubieran tomado otras decisiones. Pero en cualquier caso, los que las toman deberían tener la formación necesaria como para hacerlo. En la práctica lo que sucede, es que la descentralización no se cumple de manera profunda porque es un riesgo muy grande, cuando ni el nivel de participación ni el de formación, aseguran un manejo responsable de los recursos. Y no hablo de manejo doloso. Hablo de manejo responsable en el concierto de las necesidades generales. Entonces no se descentraliza el poder de verdad, que es el poder económico, el poder decidir qué hacer con los recursos que la comunidad genera. Este deberá ser un proceso paulatino, que exige como pre requisito que la educación prepare a la gente para ejercer el gobierno participando y no sólo votando. Y para eso falta. Probablemente todo lo enunciado más arriba peque de obvio. Todos los "organizadores" y "hacedores" lo han vivido en una u otro instancia de su vida. Sin embargo estos hechos son fuente de un sinfín de insatisfacciones y de no pocas defecciones. Y me parece que así como en los 60/70 "la revolución estaba a la vuelta de la esquina", en el 2000, no podemos frustrarnos porque "la participación", "la descentralización", no estén a la vuelta de la esquina. Necesitamos perentoriamente el gobierno, porque además de reactivar la economía del país, dar trabajo, salud y vivienda, necesitamos actuar sobre la superestructura social. Necesitamos educar de manera distinta, no sólo en las escuelas y liceos, debemos también desde las instituciones promover la participación, ayudar y promover las comisiones de fomento de los barrios, exigiéndoles lo que pueden dar y aportándoles conocimientos y motivaciones para que puedan dar más. LA ONDA® DIGITAL |
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