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¿Quién le pone el cascabel al gato?
por Raúl Legnani

"Habrá que esperar un tiempo, tal vez un mes, para pronunciarse. Pero lo que ha pasado desde la reapertura de los bancos es esperanzador. Vamos hacia un sistema más reducido -en el que los bancos internacionales tendrán una cuota de mercado más importante- pero también mejor", dijo el vicepresidente de la República, Luis Hierro López, sobre el fin de semana, no ocultando- una vez más-, como el gobierno está visualizando la marcha de la crisis financiera.

Con esas palabras el político colorado confirmó lo que han vendido sosteniendo analistas, dirigentes empresariales y sindicales, así como dirigentes de la oposición de izquierda: la banca extranjera “tendrá una cuota de mercado más importante, pero también mejor”. El Banco República sale de la crisis debilitado, sería la otra forma de expresar lo mismo.

Si la afirmación anterior pone los pelos de punta, mientras que por el cuerpo corre un sensación fría casi acalambrante, sostener a su vez que el futuro es esperanzador, abre un mar de dudas. Aunque se esté de acuerdo, por lo menos en principio, con el Vicepresidente de la República, en que la opinión definitiva recién se pueda dar en un mes. A pesar de que la agencia Moody`s ya nos está diciendo que la mayoría de los bancos uruguayos reportarán pérdidas en 2002. “La mayoría de los bancos es insolvente, o casi insolvente”, sostuvo, dejándonos sin aliento. 

La paz uruguaya

Los periodistas argentinos que llegaron a nuestro país en los cinco primeros días de agosto, se tuvieron que ir de vuelta para “las casas” porque no pudieron registrar un solo tumulto, ni un alzamiento, muchos menos una sola acción de violencia.

 

 Los uruguayos, en estos últimos siete días, procesaron su angustia en silencio, mordiendo la derrota, murmurando el malestar, a pesar de que entre el 70 y el 80% de los depósitos estaban, a fines de 2001, en la banca pública o gestionada por el Estado en acuerdo con socios privados.

 

Justo en esos bancos es donde los ahorristas tenían sus depósitos a plazo fijo (bancos República e Hipotecario), solo podrán retirar en un año el 25% del total.

Justo en esos bancos gestionados que se asegura que serán cerrados definitivamente, perdiendo los  ahorristas sus depósitos a plazo fijo y quedando más de dos mil trabajadores bancarios en la calle.

 

Es que con la caída del sistema bancario estatal no solo cayeron en una trampa los ahorristas que confiaron el país y en las construcciones colectivas, sino que también con ese sistema se derrumbó la principal aseguradora de sueños y de utopías. En pocas horas muchos ahorristas pasaron de construir sueños para adelante, a construir sueños de resistencia y de aferrase a lo poco que les quede.

 

Esto se vivió con claridad meridiana en la multitudinaria asamblea de los trabajadores bancarios, que se congregaron en el Cilindro Municipal en un número próximo a los 8 mil, mientras sus familias seguían por 1410 AM LIBRE el desarrollo del debate. Si bien hubo dos mociones, una moderada y otra radical, ninguna de ellas se atrevió a plantear la huelga general de forma inmediata.

 

Mientras esto pasaba con quienes tienen ahorros y quienes tienen trabajo como los empleados bancarios, el otro Uruguay que vive por fuera del sistema tampoco reaccionó con medidas de lucha confrontacionales. Lo que primó fue la solidaridad, el abrir merenderos, ollas populares y comedores gratuitos, donde se mezclaron sentimientos sanos - en su gran mayoría-, de darle una mano al otro, con la mezquindad -los menos-, de dar para que los pobres no invadan las zonas sagradas de las capas medias acomodadas.

 

Dentro de este marco contradictorio, hubo algunos escarches contra los domicilios de los integrantes del Grupo Peirano, hoy procesados al ser inculpados de vaciar el banco de Montevideo y sus adyacencias. Forma de protesta esta vez no mereció la crítica de los analistas de la derecha, siempre indignados cuando se hacen escarches contra la violadores a los derechos humanos durante la dictadura. Es que la radicalización, aún tibia, esta vez se daba por parte de sectores que integran el bloque de poder dominante o que viven de las migajas de ese bloque. Esta vez no eran los pobres mal vestidos los que atentaban contra la siesta de un uruguayo, sino uruguayos de vestir y de hablar bien.

 

El país, en los últimos siete días, pareció vivir en calma, donde mujeres y hombres se encontraban casi en silencio, aunque más nos fuera para sentir la epidermis del otro, o para repetirse hasta el hastío de que “esto es horrible”, jen el momento de que uno se enteraba de que miles de pollos morían por no tener qué comer, a pocos kilómetros de donde se supo que los fines de semana hay niños que comen pasto para calmar el dolor de sus barriguitas.

 

¿Y el sistema político?

Triste papel, por cierto. Quedó inmovilizado al igual que esos pueblos que después de un temblor de tierra se ponen debajo del marco de la puerta porque en cualquier momento llega un nuevo cimbronazo desde la madre tierra.

 

El gobierno se limitó a mostrar al ministro de Economía, Alejandro Atchugarry, en mangas de camisas, como queriendo decir “aquí hay alguien trabajando para usted”. El doctor Julio María Sanguinetti, no tuvo mejor idea que irse al oste del país, a la ciudad de Melo, para desde allí decirle a los uruguayos que no hay lugar a la violencia y que serán los blancos y colorados, una nueva reedición de la familia ideológica, los que le podrán el pecho a la protesta.

 

El socio blanco, el doctor Luis Alberto Lacalle y los otros sectores nacionalistas, dieron un paso al costado con la intención de no exponerse mucho, obligando a los colorados a hacer el gasto ante la opinión pública.

 

La izquierda, enmudeció. No tuvo mejor idea que recrear viejas polémicas entre su líder Tabaré Vázquez y el senador Danilo Astori, al que se recurrió cuando el balotaje para darle creatividad a la propuesta, porque este explicitó su intención de votar la ley de estabilidad financiera, a pesar de que terminó acatando a la mayoría del Encuentro Progresista- Frente Amplio.

 

Lucha intestina que se desató sin saber que en ese momento una encuesta de la empresa Factum está dando que el Presidente de la República cuenta solo con el apoyo del 16% y que el EP-FA cosecha el 47%, que sumado al 3% del Nuevo Espacio, le estaría dando ganador en la primera vuelta de las elecciones nacionales de 2004.

 

¿Quién le pone el cascabel al gato?

El país está en crisis, pero lo peor es que nadie le pone el cascabel al gato. Los uruguayos han quedado librados a la mano de Dios, como aquel soviético que durante la desaparición de la URSS lo agarró en un satélite dando la vuelta al mundo y nadie quería hacerse responsable de su retorno.

 

Por lo menos para empezar hay que reconocer que nuestra sociedad está al comienzo de una crisis mucho más grave, porque más temprano que tarde se van a desatar los intereses corporativos y políticos, donde no es descartable que prime la ley del más fuerte o del más vivo e influyente. Para que esto no ocurra la política debe encontrar soluciones a los ahorristas y a los trabajadores bancarios, porque son uruguayos pero también porque sin esos dineros el mercado interno se va a ir comprimiendo cada vez más, expulsando a más gente a los cinturones de miseria. En este sentido surgió una iniciativa, polémica por cierto, que fue la del intendente de Montevideo, Mariano Arana, de transformar el Banco La Caja Obrera (gestionado) en un banco municipal.

 

Si esta hipótesis de que todo aún puede ser peor se reconoce, el sistema político - donde el que gobierno gobierna y el que se opone se opone., tendría que trasladar la nueva realidad, muy parecida a la pos guerra, a su accionar.

 

El segundo aspecto que hay que reclamarle a los partidos políticos, que son los únicos que pueden encontrar salidas al difícil momento, es que desplieguen sus propuestas por todas la sociedad para que la gente las asuma o las rechace, para que los uruguayos se apropien de la política, pensando que serán impagables los compromisos financieros internacionales si no hay una reactivación productiva inmediata. Como dijo alguna vez Bill Clinton lo que importa “es la economía, estúpido”. LA ONDA® DIGITAL


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