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¿Quién
le pone el cascabel al gato?
Con
esas palabras el político colorado confirmó lo que han vendido
sosteniendo analistas, dirigentes empresariales y sindicales, así
como dirigentes de la oposición de izquierda: la banca extranjera
“tendrá una cuota de mercado más importante, pero también
mejor”. El Banco República sale de la crisis debilitado, sería
la otra forma de expresar lo mismo. Si
la afirmación anterior pone los pelos de punta, mientras que por
el cuerpo corre un sensación fría casi acalambrante, sostener a
su vez que el futuro es esperanzador, abre un mar de dudas. Aunque
se esté de acuerdo, por lo menos en principio, con el
Vicepresidente de la República, en que la opinión definitiva
recién se pueda dar en un mes. A pesar de que la agencia Moody`s
ya nos está diciendo que la mayoría de los bancos uruguayos
reportarán pérdidas en 2002. “La mayoría de los bancos es
insolvente, o casi insolvente”, sostuvo, dejándonos sin
aliento. La
paz uruguaya Los
periodistas argentinos que llegaron a nuestro país en los cinco
primeros días de agosto, se tuvieron que ir de vuelta para “las
casas” porque no pudieron registrar un solo tumulto, ni un
alzamiento, muchos menos una sola acción de violencia. Los uruguayos, en estos últimos siete días, procesaron su
angustia en silencio, mordiendo la derrota, murmurando el
malestar, a pesar de que entre el 70 y el 80% de los depósitos
estaban, a fines de 2001, en la banca pública o gestionada por el
Estado en acuerdo con socios privados. Justo
en esos bancos es donde los ahorristas tenían sus depósitos a
plazo fijo (bancos República e Hipotecario), solo podrán retirar
en un año el 25% del total. Justo
en esos bancos gestionados que se asegura que serán cerrados
definitivamente, perdiendo los
ahorristas sus depósitos a plazo fijo y quedando más de
dos mil trabajadores bancarios en la calle. Es
que con la caída del sistema bancario estatal no solo cayeron en
una trampa los ahorristas que confiaron el país y en las
construcciones colectivas, sino que también con ese sistema se
derrumbó la principal aseguradora de sueños y de utopías. En
pocas horas muchos ahorristas pasaron de construir sueños para
adelante, a construir sueños de resistencia y de aferrase a lo
poco que les quede. Esto
se vivió con claridad meridiana en la multitudinaria asamblea de
los trabajadores bancarios, que se congregaron en el Cilindro
Municipal en un número próximo a los 8 mil, mientras sus
familias seguían por 1410 AM LIBRE el desarrollo del debate. Si
bien hubo dos mociones, una moderada y otra radical, ninguna de
ellas se atrevió a plantear la huelga general de forma inmediata.
Mientras
esto pasaba con quienes tienen ahorros y quienes tienen trabajo
como los empleados bancarios, el otro Uruguay que vive por fuera
del sistema tampoco reaccionó con medidas de lucha
confrontacionales. Lo que primó fue la solidaridad, el abrir
merenderos, ollas populares y comedores gratuitos, donde se
mezclaron sentimientos sanos - en su gran mayoría-, de darle una
mano al otro, con la mezquindad -los menos-, de dar para que los
pobres no invadan las zonas sagradas de las capas medias
acomodadas. Dentro
de este marco contradictorio, hubo algunos escarches contra los
domicilios de los integrantes del Grupo Peirano, hoy procesados al
ser inculpados de vaciar el banco de Montevideo y sus adyacencias.
Forma de protesta esta vez no mereció la crítica de los
analistas de la derecha, siempre indignados cuando se hacen
escarches contra la violadores a los derechos humanos durante la
dictadura. Es que la radicalización, aún tibia, esta vez se daba
por parte de sectores que integran el bloque de poder dominante o
que viven de las migajas de ese bloque. Esta vez no eran los
pobres mal vestidos los que atentaban contra la siesta de un
uruguayo, sino uruguayos de vestir y de hablar bien. El
país, en los últimos siete días, pareció vivir en calma, donde
mujeres y hombres se encontraban casi en silencio, aunque más nos
fuera para sentir la epidermis del otro, o para repetirse hasta el
hastío de que “esto es horrible”, jen el momento de que uno
se enteraba de que miles de pollos morían por no tener qué
comer, a pocos kilómetros de donde se supo que los fines de
semana hay niños que comen pasto para calmar el dolor de sus
barriguitas. ¿Y
el sistema político? Triste
papel, por cierto. Quedó inmovilizado al igual que esos pueblos
que después de un temblor de tierra se ponen debajo del marco de
la puerta porque en cualquier momento llega un nuevo cimbronazo
desde la madre tierra. El
gobierno se limitó a mostrar al ministro de Economía, Alejandro
Atchugarry, en mangas de camisas, como queriendo decir “aquí
hay alguien trabajando para usted”. El doctor Julio María
Sanguinetti, no tuvo mejor idea que irse al oste del país, a la
ciudad de Melo, para desde allí decirle a los uruguayos que no
hay lugar a la violencia y que serán los blancos y colorados, una
nueva reedición de la familia ideológica, los que le podrán el
pecho a la protesta. El
socio blanco, el doctor Luis Alberto Lacalle y los otros sectores
nacionalistas, dieron un paso al costado con la intención de no
exponerse mucho, obligando a los colorados a hacer el gasto ante
la opinión pública. La
izquierda, enmudeció. No tuvo mejor idea que recrear viejas polémicas
entre su líder Tabaré Vázquez y el senador Danilo Astori, al
que se recurrió cuando el balotaje para darle creatividad a la
propuesta, porque este explicitó su intención de votar la ley de
estabilidad financiera, a pesar de que terminó acatando a la
mayoría del Encuentro Progresista- Frente Amplio. Lucha
intestina que se desató sin saber que en ese momento una encuesta
de la empresa Factum está dando que el Presidente de la República
cuenta solo con el apoyo del 16% y que el EP-FA cosecha el 47%,
que sumado al 3% del Nuevo Espacio, le estaría dando ganador en
la primera vuelta de las elecciones nacionales de 2004. ¿Quién
le pone el cascabel al gato? El
país está en crisis, pero lo peor es que nadie le pone el
cascabel al gato. Los uruguayos han quedado librados a la mano de
Dios, como aquel soviético que durante la desaparición de la
URSS lo agarró en un satélite dando la vuelta al mundo y nadie
quería hacerse responsable de su retorno. Por
lo menos para empezar hay que reconocer que nuestra sociedad está
al comienzo de una crisis mucho más grave, porque más temprano
que tarde se van a desatar los intereses corporativos y políticos,
donde no es descartable que prime la ley del más fuerte o del más
vivo e influyente. Para que esto no ocurra la política debe
encontrar soluciones a los ahorristas y a los trabajadores
bancarios, porque son uruguayos pero también porque sin esos
dineros el mercado interno se va a ir comprimiendo cada vez más,
expulsando a más gente a los cinturones de miseria. En este
sentido surgió una iniciativa, polémica por cierto, que fue la
del intendente de Montevideo, Mariano Arana, de transformar el
Banco La Caja Obrera (gestionado) en un banco municipal. Si
esta hipótesis de que todo aún puede ser peor se reconoce, el
sistema político - donde el que gobierno gobierna y el que se
opone se opone., tendría que trasladar la nueva realidad, muy
parecida a la pos guerra, a su accionar. El segundo aspecto que hay que reclamarle a los partidos políticos, que son los únicos que pueden encontrar salidas al difícil momento, es que desplieguen sus propuestas por todas la sociedad para que la gente las asuma o las rechace, para que los uruguayos se apropien de la política, pensando que serán impagables los compromisos financieros internacionales si no hay una reactivación productiva inmediata. Como dijo alguna vez Bill Clinton lo que importa “es la economía, estúpido”. LA ONDA® DIGITAL |
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