por
Oribe Irigoyen
La computadora y la educación
constituyen un par con muchos bemoles. La primera, al crecer
su importancia en el seno familiar, desafía a la segunda en
su larga tradición de tener como centro esencial el colegio,
el liceo o la universidad. Ahora es posible traer los
"libros" y el conocimiento al comedor. Y comienzan
los problemas.
Los padres se preocupan por la
vida futura de los hijos. No sólo del punto de vista laboral,
sin computación no habrá oferta posible en el mercado, ni
empleo redituable. No tanto ante la inquietante y asombrosa
capacidad de los infantes para dominar al ordenador. La mayor
inquietud apunta a la relación ocio-estudio de los hijos, al
peligro de adicción de una actividad apasionante, a la
atracción de un mundo absorbente y perturbador, a la posible
sustitución de la escuela por el juego cibernético, a la
consiguiente disgregación o brecha abierta en las relaciones
internas entre padres e hijos.
Seymour Papert ( "Desafío
a la mente. Computadoras y educación", "La familia
conectada" ) da buenas respuestas a esas inquietudes.
Comienza por decir que, lejos de disgregar a la familia, la
computadora puede ser un gestor de importancia en la
consolidación hogareña.
Analiza, también, lo bueno y
lo malo del software educativo y ofrece como clave de su
concepción: transformar la computadora, de sofisticado
instrumento de información y comunicación en un medio para
enriquecer y hacer crecer la cultura familiar. Superando
equívocos.
LA FALSA CULTURA - Existen en
torno al concepto de cultura computacional algunos esloganes
agitados como emblemas, que aún ciertos, no dan en la diana
del tema. Son como jugar al "pelotazo" con la
computadora y ganar el partido. Pero no es el arte del
fútbol. Es decir, se considera cultura computacional lo que
no lo es. Por ejemplo, la afirmación de que sin ella los
niños no conseguir n empleo en el futuro, ser verdad, pero la
cultura pasa por otros parámetros, acaso no tan perentorios,
pero sí más verdaderos.
También se pone la etiqueta de
cultura computacional al hecho de juntar y ofrecer una serie
de conocimientos someros sobre los componentes de la
computadora y el software de moda. Cosas del oficio aprendiz y
elemental, pero no el saber con buena barba. Es el abecedario
y no la literatura, el conocer lo que es una biblioteca y no
haber leído un libro. O suponer que se concreta tal cultura
en mejorar y hacer m s r pido antiguas formas de hacer las
cosas. Por ahí se empieza, no es extraño o ni erróneo que
lo nuevo se inicie por hacer lo viejo mejor y más rápido,
pero no es el todo.
EL BUEN CAMINO - Cultura
computacional es poder usar el ordenador para los propios
fines y subir la espiral de su conocimiento. Sin preocuparse
de cómo usar la computadora, sino cómo aprender - aprender a
aprender, que Papert denomina cultura de aprendizaje de la
familia -.
El primer componente de ese
aprendizaje es el m‚todo de ensayo y error - al igual que el
niño conoce el idioma -, con una fuerte impronta lúdica, que
es uno de los grandes atractivos de la computadora para chicos
y grandes.
El verdadero don educativo de
la computadora está en ofrecer una mayor libertad de
elección e independencia al usuario. Ella no obliga a
incorporar al conocimiento lo que a uno no le gusta, ofrece la
libertad de explorar lo que le interesa. Y as¡, con su
sentido de juego, de ida y vuelta, error y acierto siempre
propios, llegar a convertir en interesante lo que en
apariencia parece arduo, oscuro, aburrido - las matemáticas,
por ejemplo -.
El segundo gran componente de
la cultura de aprendizaje de la familia está en que ese
desafío de aprender usando la computadora, ofrece múltiples
opciones y habilidades computacionales que los padres pueden
aprender de y con los niños, en un proceso de ida y vuelta de
un niño de la familia, en el conocimiento y el juego. Todos
contentos