por
R. Machín
La reforma de la Constitución
y la separación de las elecciones municipales de las
nacionales, ha llevado a que los ajustes pos electorales de
los partidos políticos se hayan retrasado.
Por ello las tres
colectividades políticas mayoritarias del país - Partido
Colorado, Encuentro Progresista y Partido Nacional-, recién
comienzan a realizar los primeros debates internos que en
otras épocas se hacían en marzo o abril.
En el caso de los blancos y de
los encuentristas el debate parece abarcar a toda la
colectividad, mientras que en el Partido Colorado el centro de
la atención está en el Foro Batllista, en tanto que la Lista
15 aparece como mucho más preocupada en gobernar que en
ordenar sus ideas. Hoy el centro de esta nota es el Encuentro
Progresista.
Los adversarios elogian a
Vázquez
El sábado 2 de setiembre,
durante un Plenario Nacional del Frente Amplio el doctor
Tabaré Vázquez sorprendió a la máxima dirigencia de
izquierda con la propuesta de "actualización
ideológica" con contenidos políticos "creíbles y
posibles", de esa fuerza.
A esa propuesta se llegó luego
de una serie de reuniones reservadas que Vázquez mantuvo en
los últimos meses con las cabezas de lista del Senado. Sobre
las mismas el senador José Mujica dijo que permitieron
"una reflexión serena", en la medida que "las
reflexiones no se hacen en estado de asamblea".
El presidente del EP, en su
propuesta, defendió los valores históricos de la izquierda
pero puso mucho énfasis en que la actulización se debe hacer
con "solidez en los valores, rigor en las propuestas y
flexibilidad en la acción política".
Entre los distintos ítems que
manejó, Vázquez resaltó que no se puede construir un
proyecto de izquierda "sumando acríticamente
reivindicaciones sectoriales" y remarcando que los
"corporativismos no son otra cosa que más que la
expresión de una propuesta política sin sustento ideológico
y, por tanto, condenadas al fracaso".
Como señaló en La República
el analista político de izquierda, Esteban Valenti, el pasaje
sustancial de Vázquez es cuando afirma que "Para
transformar la realidad primero hay que entenderla y ello
supone, ante todo, asumir que este tiempo de cambios
civilizatorios, como todo tiempo fronterizo, está lleno de
situaciones nuevas que también requieren nuevas
respuestas".
Desde filas de la Vertiente
Artiguista, por boca del senador Enrique Rubio ya se trazó
una radiografía de la interna cuando afirmó que hay tres
izquierdas: "la madura, la novelera y la
atrincherada", adelantando así las dificultades del
debate.
Esta propuesta de Vázquez, que
tiene mucho más de disparador de ideas que de iniciativas
concretas - y mucho menos novedades-, ha generado reacciones
no solo en sus filas, que por la general y con matices le han
sido positivas, sino también desde el campo de sus
adversarios.
Los tres analistas políticos
que han discrepado más con Vázquez en los últimos años -
Daniel Gianelli, Carlos Maggi y Juan Carlos Doyenart-, han
opinado sobre el nuevo movimiento del líder de la izquierda.
Gianelli, analista de
Búsqueda, aparece como el más desconfiado y crítico con la
postura de Vázquez. En su columna "Evaluación y
prospectiva" del jueves 7 de setiembre, concluye de esta
manera: "Que el líder de una fuerza política que se ha
caracterizado por poner las cosas en blanco y negro llame a
entender la complejidad del mundo actual, que proponga en
estos días la formación de cuadros en el Instituto Fernando
Otorgués para capacitarse para el gobierno, debería también
llevarnos a pensar que sería hoy del país si en la
particular coyuntura nacional y regional que enfrentamos
tuviéramos ya hoy un gobierno frentista".
En cambio Maggi, desde El País
del 10 de setiembre, presenta otro talante en su columna
"Entrando al Siglo XXI" y parece responderle a
Gianelli: "Yo sé. Muchos desconfían de la estabilidad
del discurso del doctor Vázquez. Lo importante en este
momento no es repasar la historia, sino atender al futuro. Y
lo sucedido en ese Plenario Nacional no fue una mera
ocurrencia del Presidente.
Si la izquierda no se
moderniza, el país se engripa, según la jerga de los
mecánicos. Y a eso llegamos. Llegó el momento de armonizar
con el resto del mundo. El Frente agotó sus posibilidades
electorales; sin el centro de la opinión no gana. La
izquierda parece haber entendido que, aferrada a sus dogmas
impracticables, no tiene esperanza de alcanzar el gobierno y
se manifiesta comprensiva con el drama uruguayo: estar en el
poder y no poder, daña a todos". Y agrega Maggi:
"este mero anuncio marca un recodo; abre una compuerta
por lo cual el Uruguay, país retrasado, sumergido en su
reforma, puede emerger".
Doyenart - ex fundador del
Frente y votante de Jorge Batlle en el balotaje- , desde El
Observador, parece comulgar mejor con Maggi que con Gianelli.
Y lo hace desde el título de su columna:
"Alentador". Y comenta más adelante: "En la
medida en que mantenga su planteo y que logre arrastrar a la
mayoría de los sectores que conforman la coalición en esa
dirección, podremos alentar la esperanza de que la izquierda
se siente a la mesa de quienes piensen el Uruguay del futuro.
En esencia, el discurso de Vázquez marca un quiebre y un
avance incuestionable, poniendo sobre la mesa temas que para
la izquierda parecía tabú, como la necesidad de analizar sin
esquematismos la relación entre público y privado que,
según Vázquez, es una idea más compleja a la que
tradicionalmente ellos manejaban".
Por último Doyenart concluye
que se debe reconocer que se "abre una expectativa
alentadora sobre el papel que ésta izquierda pueda jugar en
el país".
Un debate para cueros muy
fuertes
Como dijo el politólogo Jorge
Lanzaro en Página 12 de Argentina, el movimiento de Vázquez
no es "un salto al vacío", porque "tiene sus
antecedentes y sus basamentos en las evoluciones de los
sectores estratégicos del Frente".
Pero la gran duda que
sobrevuela ante toda esta nueva situación generada en la
izquierda es saber si Vázquez podrá crear canales de debates
amplios, participativos, donde acceda la estructura del FA y
el frenteamplista que lo vota pero que no milita; si impide
que los talleres no se transformen en escenarios donde cada
sector vaya a defender las purezas ideológicas y
programáticas.
Si los sectores del Frente
Amplio ven el debate como una de las formas de influir en el
poder de la interna, se habrá abortado la renovación de la
izquierda.
Si los sectores actúan como
bloques sólidos - como han actuado hasta ahora- , sin
capacidad de construir ideas en común y no mediante el
mecanismo de imponer las mayorías sobre las minorías como en
la época de Seregni, la izquierda no habrá avanzado nada.
Pero, además, si Vázquez no
tiene el cuero suficientemente fuerte como para soportar las
críticas que saldrán de sus filas por los elogios que ya
está recibiendo de sus tradicionales adversarios, el fracaso
será total.
El desafío que tiene por
delante la izquierda es grande, más que cuando el debate no
se hace en un país tranquilo y sin angustias sociales.
Tendrá que debatir la renovación pero a la vez deberá
atender a los reclamos sociales que la siguen viendo y la
seguirán viendo por mucho tiempo como aquella fuerza que
siempre los representaba. Esto recién empieza.