Primera revista electrónica de reflexión y análisis 


Nº 16

Del 4/10/00  al  15/10/00
Montevideo Uruguay


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"No hubo cambios sustanciales"
La gestación de la Ley Orgánica de la Universidad,
 bajo la visión crítica de uno de los protagonistas

por J.J. Martínez

La obra completa tiene 360 mil caracteres. Se desarrolla en tres escenarios - "El cuartel", "El penal y "El infierno" - cruzados por la vida personal del autor y de la izquierda uruguaya. LA ONDA tuvo acceso a la parte referida a la gestación de la Ley Orgánica de 1958 de la Universidad de la República. Quien se hace responsable de los dichos es J.J. Martínez, uno de los principales protagonistas de la época como dirigente estudiantil, periodista reconocido, ex secretario de los decanatos de las Facultades de Arquitectura e Ingeniería y actualmente asistente del actual Rector. Estamos ante un libro que espera un editor.

- La Universidad venía remoloneando con el tema de una Ley Orgánica desde el Claustro de 1942 y más concretamente desde el del 52-53. Cuestiones como si se mantenían los reclamos de 1934, en el que se pretendía englobar dentro de la Universidad todos los organismos culturales, desde Secundaria hasta el Sodre, y la paridad o no de los órdenes dentro de los órganos de gobierno, frenaban el acuerdo. Con la elección de Mario Cassinoni como rector en 1956, el tema tomó impulso y se empezó a trabajar sobre textos concretos.

Realmente la Feuu no estaba en el asunto. Su preocupación se orientaba hacia la guerra de Argelia y la visita del Malraux al Uruguay o el dominio del clan Gianastasio sobre la Facultad de Ingeniería. La Ley Orgánica era monopolio de la Comisión de Asuntos Universitarios, o de compañeros como "el gallego" Pérez y los hermanos Carlevaro, o, en todo caso, del puñado que se nucleaba en la revista "Tribuna Universitaria". Ellos, finalmente, transaron con los jefes de los grados 5 en el Claustro, Sayagués Laso y Eduardo Jiménez de Aréchaga- el ministro del Interior en 1968- y así se llegó a un acuerdo unánime.

1957 se fue yendo y viniendo el proyecto entre el Claustro y el CDC y finalmente éste lo aprobó; de ahí pasó al Ministerio de Instrucción Pública con suerte aleatoria y finalmente aterrizó en el Parlamento el 14 de junio de 1958.

La situación era dilemática por tratarse de un año electoral: era claro que si la aprobación no se lograba ese año, quedaría para las calendas, o calandrias, griegas. Los diputados tomaron el asunto con calma y suficiencia y la Feuu consideró que era hora de apretar el pedal.

Se comenzó con algún acto callejero y se comprobó que eran anémicos pues la masa estudiantil no comprendía la necesidad de la Ley Orgánica. Una noche, una manifestación tenía permiso para llegar hasta Andes. La rebasamos, dimos vuelta a la Plaza y nos estacionamos frente a la Casa de Gobierno. Estaba cerrada, oscura y sin custodia, excepto un solitario varita en 18 y Andes. En realidad sabíamos que la Republicana estaba emboscada, Liniers abajo. Comenzamos, con dedicación y esmero, a apedrear la casa de Gobierno: cinco, diez minutos y nada; desalentados numerosos estudiantes regresaban a 18 cuando por Liniers aparecieron las vanguardias policiales: dos minutos más de nervio del Cnel. Mussio y nada hubiera pasado (¿no hubiera habido Ley Orgánica?). El apaleamiento fue concienzudo. Al día siguiente las asambleas de las facultades hervían.

El Comité de movilizaciones de la Feuu decidió efectuar otra movilización, ésta sin incidentes. Fue multitudinaria. Ahí comenzó, en realidad, la lucha por La Ley Orgánica, por "una universidad popular" como se la bautizó con eficaz hallazgo publicitario y poca rigurosa expectativa.

En la Comisión de Administración y legislación de Diputados, Elsa Fernández de Borges y Huáscar Parrallada, ineptos representantes que alcanzaron la inmortalidad por su torpeza, insistían en hacer un buñuelo con el proyecto, pontificando sobre los fueros del Parlamento y espantados ante el espectro de una Universidad dominada por los estudiantes eternos. Hubo otro apaleo frente a la Universidad y la Feuu decidió ocuparla.

Mientras tanto, con similar estrategia preelectoral, el movimiento obrero había lanzado una ofensiva para obtener una ley de Seguro de Paro, el salario por Maternidad y cambios en la Ley de Despidos, y el Sunca en particular reclamó la Ley de Chamsec.

Un sábado de mañana comenzaron a confluir a la explanada de la Universidad estudiantes liceales a expresar su solidaridad con los ocupantes: con mezcla de euforia y espanto vimos como la policía se lanzaba con saña a apalear a los chiquilines. Esto obró como un revulsivo en el país. De noche salíamos de la Universidad a tirar bombas de alquitrán contra la casa de doña Elsa F. de Borges y de algunos profesionales que, contra la posición de sus representantes en el Claustro, habían accedido a concurrir al parlamento a atacar el proyecto universitario. Los diputados se rasgaban las vestidura. Zelmar Michelini, uno de los "jóvenes turcos" de la 15 y antiguo Secretario General de la Feuu, tuvo la sensatez de comenzar a mediar.

Se formó el Plenario de la Cultura y el Pueblo Trabajador. El 8 de octubre una enorme manifestación obrero-estudiantil arrancó de la explanada universitaria hacia el Palacio Legislativo. Yo, que a esa altura era Secretario General del CEDA, hablé en el acto inicial en nombre de los ocupantes: aunque, como es habitual, nadie me escuchaba, era conciente que estaba haciendo historia, se concretaba en los hechos la manida consigna "obreros y estudiantes, unidos y adelante". Teníamos al gobierno contra las cuerdas. El 14 de octubre se repitió. El 15 de octubre se aprobaron la Ley Orgánica y la Ley de Seguro de Paro.

Fue una expresión tardía de cordura por parte del gobierno. El 30 de noviembre fueron las elecciones y en ellas, aplastantemente, terminaron 90 años del Partido Colorado.

¿Qué había pasado? Sigilosa, la crisis económica había llegado al Uruguay y había empezado a hacer mella en la gente. El modelo económico bien intencionado de sustitución de importaciones, hoy lo sabemos, entraba en una crisis terminal. Había malestar contra el gobierno, en la manifestaciones el grito injusto de "Luis Batlle es un ladrón" era el más coreado. En ese cuadro de cultivo, la rebelión del agro protagonizada por la Liga de Acción Ruralista que lideró Chicotazo y que se alió con Herrera fue decisiva en el interior. Y actuó la lucha por la Ley Orgánica: los apaleamientos policiales contra los estudiantes universitarios y sobre todo los liceales fueron un factor desequilibrante para que numerosos sectores de las clases medias se decidieran a cruzar el Rubicó. De ahí en adelante, para bien o para mal, el Uruguay fue otro.

No así la Universidad. Lo de la Universidad popular era un imposible, los más politizados lo sabíamos: era impensable una universidad popular en un entorno capitalista. Pero más allá de eso, tampoco hubo cambios sustanciales. El rectorado de Cassinoni culminó con una apreciable cantidad de iniciativas aprobadas. Yo fui presidente del Claustro de Arquitectura. Pero hubo una incomprensión general de lo que significó la Ley: se la creyó punto de partida cuando sólo había sido punto de llegada, de cierre de la época comenzada con el movimiento de reforma universitaria, del Grito de Córdoba de 1918, que había tenido sus prólogos en nuestro país.

Años después lo entendió Maggiolo cuando impulsó desde su Rectorado un plan de reforma audaz. Pero la conmixtión de los intereses creados, al decir de Benavente, con la ceguera de las izquierdas que lo tildaron de plan imperialista, lo trancó. No hubo tiempo para discutirlo a fondo. Era 1968 y, nuevamente y con razón, el movimiento estudiantil estaba en otra cosa. LA ONDA® DIGITAL


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Octubre 2000

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