por
Rodrigo Taibo
El
vicepresidente de Argentina, Carlos Alvarez, renunció a su
cargo diez meses después de que una coalición de
centroizquierda asumiera el gobierno argentino, tras el
triunfo de la tradicional y centrista Unión Cívica Radical y
el izquierdista Frente del País Solidario (Frepaso).
Alvarez,
conocido como "Chacho", levantó en forma solitaria
la voz contra la corrupción en el Senado, luego de un
escándalo por el pago de sobornos en donde se vieron
involucrados sus propios compañeros y el opositor Partido
Justicialista, que gobernó en el período pasado bajo el
liderazgo del ex presidente Carlos Menem. Alvarez, luego de
discrepar con su compañero de coalición y presidente de la
nación, Fernando De la Rúa, volvió al llano y cargó sus
baterías no solo contra los senadores implicados en el caso
de sobornos, sino también contra los amigos del presidente
que están en puestos claves del gobierno, como el jefe de los
servicios secretos, entre otros.
La crisis
desatada en la alianza oficialista hizo rápidamente añicos
el gobierno centroizquierdista, no solo con la retirada de
Alvarez sino también con la renuncia de los socialistas
democráticos a la coalición, y con la posible división de
la bancada legislativa que respalda al gobierno.
La renuncia de
Alvarez, más allá del perjuicio que le ocasionó al gobierno
que él mismo ayudó a construir, fue la típica reacción de
un hombre que realizó su carrera política fuera del sistema
tradicional, apoyado por sectores minoritarios de la izquierda
argentina. Fue diputado del Partido Justicialista que lideró
el ex presidente Menem y se fue para formar el izquierdista
Frente Grande en 1991 y más tarde, en 1995, el Frepaso que
hizo alianza con la centrista Unión Cívica Radical del
presidente De la Rúa.
A la hora de su
renuncia, el Frepaso tenía 35 diputados de los 118 que
respaldan al gobierno, en un total de 257. Su amiga y también
pilar del Frepaso, Graciela Fernández Meijide, no renunció y
sigue al frente de uno de los ministerios que secundan al
presidente De la Rúa.
Para muchos la
renuncia de Alvarez, de 51 años de edad, es el fin del
experimento de la centroizquierda argentina en el poder, que
desde su asunción estuvo jaqueada por las protestas de
sindicatos ante el creciente deterioro económico que
perjudicó a los trabajadores argentinos, pese a algunos
buenos números macro económicos. Sin embargo, sus seguidores
opinan que la autoridad moral de Alvarez tendrá sus frutos y
toman esto como una hábil jugada política, porque creen en
una premio a través de los votos en futuras contiendas
electorales.
La primera
pregunta es si desde fuera del sistema político y sólo con
la presencia mediática en los medios de comunicación es
posible sobrevivir en la política de la Argentina, un país
que pasó de la "pizza con champan" del menemismo al
"sushi" del etorno del presidente De la Rúa,
cuestionado por ciento por amigos y enemigos.
Mientras que el
ex presidente radical Raúl Alfonsín pone todo su empeño
para que no se desmorone la Alianza gobernante, los peronistas
en la oposición festejan y ya le tendieron una mano al
presidente de la Rúa, como para que se olvide rápidamente de
su ex vicepresidente.
Eso sí, la
política Argentina sigue siendo una gran fiesta. El
presidente Fernando de la Rúa eligió a la vedette Susana
Giménez y su programa para hablar de la crisis política.