por Oribe
Irigoyen
Por un lado está la escuela y
por otro lado existe la Web, rostro gráfico de Internet. Ambas
producen y distribuyen conocimiento, son grandes motores del
progreso humano - niños incluidos, claro -. Ellas se rozan,
acaso, en la agitada tecnología del siglo XXI - llegado ya o
dentro de 95 días, según se quiera -, todavía no se cruzan y
menos aún, interactúan en forma creativa.
La tradición docente establecía
que un niño no podía aprender en general, y en particular
conocer historia, física o cualquiera ciencia, si no sabía
leer, escribir y hacer matemáticas. Tres actividades, que el
especialista en cibernética y educación, Seymour Papert llamó
las 3R ( "Kit de actividades obsoletas: las 3R", 1993
), considerando que no eran necesarias para llegar al
conocimiento si existía una máquina del conocimiento.
Sostenía, de igual modo, que la
Web es un auspicioso rudimento de esa máquina. Y preocupado, a
la vez, por aquella fisura entre escuela y Web, m s los actuales
límites de esta última, expresó que no se trata de que los
chicos aprendan a navegar en Internet y dejen de aprender a
leer.
El asunto es recuperar y
apropiarse de las 3 R ( lectura, escritura y matemáticas ) a
través de la navegación cibernética. ¨¿Cómo ? Jugando,
mamá, jugando. Es decir, sólo si se navega en forma sincopada
( Papert ) con aquella apropiación. Porque la máquina del
tiempo - la Web, para el caso - tiene a la vez de una función
cognitiva, otra que es experiencial. Es esta segunda función la
que promete una real revolución educativa.
En varios sentidos: a) Por la
posibilidad de explorar libremente los mundos de acción y
conocimiento que se abren al usuario de Internet. b) Por el
desafío que plantea al invertir el concepto tradicional de que
el progreso intelectual o cultural es un camino irreversible que
va de lo concreto ( prelógico, primitivo ) hacia lo abstracto (
racional, formal, objetivo, inmaterial ). Y proponer que lo
concreto es lo m s general y más esclarecedor del conocimiento
- los trabajos de Papert, Sherry Turkle, Oliver Sacks, Norbert
El¡as acerca del estilo de programación de los niños, lo
avalan -. c) Por el carácter constructivo del conocimiento
surgido a través de la Web. En un doble aspecto: centra su
fuerza pedagógica con mayor ‚énfasis en los emisores ( los
que ponen información ) que en los receptores ( los que buscan
información ). Y sobre todo, jerarquiza la idea de que la gente
construye conocimiento efectivo cuando se compromete en la
creación de artefactos significativos para s¡ mismos, no para
el docente, la institución escuela o la humanidad. La inversa
también es válida: el receptor se mueve por andariveles de
similar interés. Los an lisis de Mitchell Resnick acerca de las
actividades de diseño y construcción confirman esa tendencia.
d) Ese elemento de construcción, por su índole, va unido a
otro ingrediente de la Web, el comunitario, en la medida que
abre un amplio campo fértil para agrupar a la gente, incluso
distante entre s¡ miles de quilómetros, en actividades de
intercambio de intereses comunes de conocimiento, diseño
colaborativo, etc.
Así la Web, al invertir el flujo
de conocimiento y ser cada individuo el que ofrece y busca lo
bueno - y malo - que anda por ah¡, suelto, convierte al
ciberespacio en una inmensa base de datos que los clientes,
usuarios, alumnos de todo el mundo pueden explorar, elegir y
votar que es lo que m s les conviene. Una suerte de democracia
que termine por convertir la dictadura de la oferta - actual,
trasnacional, globalizadora, publicitaria, etc - en dictadura de
la demanda. Que ser , vaya a saber que...democracia
globalizadora ( ? ). Y ...¿los niños ? Crecer n construyendo
modelos ciberneticos con la misma facilidad que hoy hacen casas,
autos y trenes, mecacano mediante, y al mismo tiempo gustar n de
las matematicas y escribir n con buena letra ...¿quien le
dice?....