por José Luis
Martínez
En
Europa del Este hubo en las últimas semanas dos derrotados. La
izquierda radical yugoslava heredera del régimen comunista y la
derecha católica polaca. No quisieron desprenderse de su pasado
conservador y fueron castigados en las urnas. El triunfador fue
un ex comunista polaco que supo renovarse y que sí dejó atrás
su pasado.
El
depuesto presidente de Yugoslavia, Slobodan Milosevic, intentó
huir y transferir todas las reservas de oro del país a China,
reveló en Belgrado Mladjan Dinkic, uno de los más importantes
economistas serbios. "La partida de un avión DC10 con
destino a Pekín no se concretó. Teníamos miedo de que
intentara llevarse todo el oro fuera del país", dijo
Dinkic. El economista señaló que la oposición logró
clausurar las sucursales del Banco Central, sin embargo aclaró
que no sabe dónde se hallan las reservas que suman 150 millones
de dólares.
Esa
fue quizás la última acción de gobierno del ex comunista
Milosevic, reconvertido ahora en un nacionalista-socialista,
mientras que miles de yugoslavos liderados por el presidente
Kostunica se rebelaban en las calles de Belgrado, como le
sucedió a la mayoría de los gobiernos de Europa del Este que
cayeron tras el fin del muro de Berlín y la desaparición de la
Unión Soviética.
En
Yugoslavia, como en todos los regímenes comunistas, de un día
para el otro los miles de victoreaban al hombre fuerte de turno
lo abuchearon y lo echaron.
Milosevic,
de 59 años, se aferró al poder durante 13 años a pesar de
humillaciones militares, la secesión de la mayor parte de
Yugoslavia y un descalabro económico sin precedentes. Su
táctica fue maquillar su pasado para seguir en el poder. No
cambió y pagó políticamente su fidelidad a su ortodoxia.
Con
su carácter marcado por los suicidios de sus padres, el
comunismo y la influencia de su esposa, Mirjana Markovic, aún
más radical que él, Milosevic se volvió cada vez más
ambicioso.
Cautivó a su propio pueblo, recurriendo al nacionalismo de los
serbios en torno a Kosovo para pasar de funcionario comunista a
un presidente dictatorial, que no dudó - como lo hizo el
régimen anterior- en clausurar medios de comunicación,
reprimir a estudiantes, apresar a opositores políticos y
cercenar derechos fundamentales con el apoyo de los militares.
El
poder y todo lo que ello trae era su meta. "El está
dispuesto a cambiar de ideología todos los días. El cambiará
sus creencias, lo mismo que sus aliados. Utilizará a cualquiera
y luego se deshará de ellos", dijo opinó Stambolic, quien
asesoró a Milosevic dentro del Partido Comunista, antes de ser
víctima de una purga.
El
poder desenfrenado ha permitido enriquecerse a la familia de
Milosevic, en especial a su hijo, Marko. Ahora tras el fin del
régimen, y por si el nuevo gobierno pide cuentas, el hijo de
Milosevic y su familia se tomó un avión y se fue a Moscú.
Intentó refugiarse a en Pekín, pero el gobierno comunista le
dio la espalda a la familia de su viejo amigo Milosevic.
Los
yugoslavos sumidos en una grave crisis económica, aislados
internacionalmente, y hartos de las aventuras militares de
Milosevic, le dieron el golpe de gracia al régimen con
protestas relativamente pacíficas. Los militares enviados a
detener las manifestaciones terminaron sumándose a las
protestas y mirando como eran destruidos los centros de poder
del régimen, como la sede del Parlamento, la televisión
oficial y otros medios de comunicación que respondían al
régimen.
El
Partido Socialista Popular Serbio (SPS), con sus aliados de la
Izquierda Yugoslava (JUL) y del Partido Socialista Popular (SNP)
de Montenegro que sostuvieron en el poder a Milosevic,
prometieron resistir el triunfo en las urnas del nacionalista
Kostunica, quien había sido expulsado de la Universidad en la
década del setenta por disentir con el régimen comunista.
Kostunica
deberá ahora afrontar la herencia que le dejó el régimen
comunista y su heredero, Milosevic, reclamado por el Tribunal
Penal Internacional (TPI), que lo acusa de crímenes contra la
humanidad y de guerra en Kosovo. A fines de año habrá
elecciones parlamentarias en las cuales Kostunica intentará
obtener la mayoría en el Parlamento que le permita gobernar.
Milosevic
fracasó y cosechó lo que sembró Los yugoslavos están
convencidos de que es un hombre acabado, dondequiera que esté.
Un serbio resumía así la situación: "Nunca más podrá
cruzar una calle sin un ejército de guardaespaldas a su
alrededor".
El
ex comunista Aleksander Kwasniewski logró un triunfo personal
con su reelección en la primera en las elecciones
presidenciales polacas, un escrutinio marcado por la derrota de
la derecha católica y la caída de la influencia de la Iglesia
católica en Polonia.
El
presidente saliente puede estar satisfecho tras su victoria en
la primera vuelta con un 55% de los votos: salió fortalecido
tras una campaña electoral marcada por el caso de un video
difundido por su adversario de la derecha, que lo mostraba
burlándose del Papa Juan Pablo II.
Este
asunto con ribetes de escándalo tuvo una gran repercusión en
los medios conservadores y en el seno de la Iglesia, pero
terminó siendo un fracaso, sin mayores incidencias en el voto
de los polacos.
Si
la reelección era casi asegurada, la verdadera sorpresa del
escrutinio fue la derrota de la derecha católica agrupada en la
coalición AWS-Solidaridad.
Su líder, Marian Krzaklewski quedó en tercer lugar con un 15%
de los votos, y sufrió la humillación de ser superado por un
candidato independiente, el ex ministro de Relaciones
Exteriores, Andrzej Olechowski, que logró 17% de los votos.
Las
intrigas, las disputas en esta coalición heredada del sindicato
Solidaridad y el lanzamiento de costosas reformas a nivel social
hicieron que los polacos abandonaran las filas de los
conservadores.
La
estrepitosa caída de la derecha también fue debida a la
disminución progresiva de la influencia de la Iglesia sobre los
polacos en el ámbito político, en un país que es muy
católico.
El
clero polaco no fue ajeno a la campaña electoral sobre sus
preferencias. Varios obispos dijeron claramente que "los
católicos votan a los católicos".
El
canciller alemán Gerhard Schroeder felicitó al reelecto ex
comunista. "Me congratulo de haber encontrado en ti un
amigo que le da una importancia primordial al futuro común
europeo, a nuestros Estados y a nuestros pueblos", le
escribió Schroeder a Kwasniewski.
A
diferencia del yugoslavo Milosevic, Kwasniewski supo renovarse
en serio y tomar el ejemplo de la mayoría socialdemócrata que
gobierna los principales países de Europa y lograr así el
apoyo en las urnas pese a su pasado comunista.