por
César Barrios
Mr. Smith
llegó en la mañana al aeropuerto de Carrasco . En su
valija principal (y única) tenía 50 millones de dólares.
Un fondo de pensión de Estados Unidos (esos que hacen que
cuando mandemos una carta por una conocida empresa privada,
medio centavo va para pagarle la jubilación a un ancianito
yankee), le había solicitado que viniera a este país con
los 50 millones y los invirtiera. Tenía 24 horas para
hacerlo.
Mr Smith,
sinceramente no tenía ni idea de donde hacerlo, pero pensó
que sería algo relativamente fácil. Se había elegido
Uruguay por su PBI por habitante, la "calidad" de
su gente y la imperiosa necesidad de reactivar la economía.
Bien, Mr. Smith, vió los teléfonos en la sala del
aeropuerto y pensó "aquí puede estar el
negocio". Subió a un remise y pidió que lo llevaran a
cualquiera de las compañias de teléfonos existentes. El
chofer le dijo "hay una sola". Terminó en
Fernández Crespo y Colonia, el taxista le habló de un
torre de Cristal que se termina y no se termina, pero a Mr.
Smith poco le importaba, el tenía otra misión.
El presidente
de la empresa (llamada Antel) lo recibió amablemente y le
contó los proyectos para el futuro, de un plan que hablaba
de un planeta (Mercurio) y por el cual hasta los más pobres
de los pobres estarían conectados a Internet y de los
telefónos celulares ("Que también son nuestros, como
los de la competencia a la cual le arrendamos la
frecuencia" le dijo haciendole una guiñada).
"Estupendo" pensó Mr. Smith y le propuso invertir
en la empresa comprando parte de ella. Claro, ahí la cara
del presidente cambió y le dijo: "Lo siento la empresa
es del pueblo y no está a la venta".
Mr Smith se
fué resignado. En el hall del edificio vió una larga fila,
preguntó quienes eran y un portero le respondió. "Es
el pueblo, vienen a refinanciar porque no pueden pagar la
cuenta".
Mr. Smith
vió las lamparitas de la calle y dijo aquí está el
negocio. Le pidió al remisero que lo llevara a cualquiera
de las compañías eléctricas. Otra vez "hay una
sola". Terminó frente a un gran edificio. De nuevo el
presidente de esta empresa le contó que en realidad la
electricidad en Uruguay es un gran negocio. "Todos
"mueren" acá, no tenemos competencia", y
nuevamente al guiñada cómplice. "Queremos invertir
acá" dijo Mr. Smith. Pero la respuesta se repitió:
"Lo siento la empresa es del pueblo y no está a la
venta". En el hall del edificio otra larga cola (vió
algunas caras que ya había visto antes) y ni preguntó.
"Ya se, es el pueblo que viene a refinanciar porque no
puede pagar" le dijo a un ascensorista, el cual miraba
un catálogo de autos O.K.
La historia
se repitió en una empresa llamada Ancap, la cual se enteró
compra el petróleo, lo refina y es el único provedor desde
el supergas para las garrafas hasta la nafta de los aviones.
Subió al remise y el chofer le dijo. "Vió estos de
Ancap nos viven currando con los precios". No entendió
y se entró a cuidar. "Este chofer es peligroso y yo
con 50 millones en una valija. Como una persona puede hablar
así de una empresa que es del pueblo". Lo mismo le
pasó en otra empresa llamada Ose, la única que da el agua,
(también del pueblo y con las "colas" del pueblo
para refinanciar). Era tarde y decidió volver al
aeropuerto. Ahí haría su último intento. Invertir en un
aeropuerto no es mal negocio. Pero resulta que también
todos los aeropuertos son del pueblo y no se venden ni
aceptan capitales. En su maleta partió con los 50 millones.
"Que lástima, el aeropuerto parecía un buen negocio.
Había mucha uruguayos que se embarcaban" pensó Mr.
Smith.