Para la falta
de energía, de responsabilidad y de solidaridad de la
sociedad uruguaya en su conjunto, pero particularmente del
sistema político, que no ha encarado con seriedad el problema
de la emigración.
Hasta ahora se
ha actuado con frivolidad ante un fenómeno social que está
calando hondo en las cabezas de los jóvenes, quienes actúan
precipitadamente en el momento de decidir si abandonan o no el
país.
Es cierto que
hay una crítica situación económica y social, que está
angustiando a amplios sectores de la población. Pero también
es verdad que se mezclan otros factores como la novelería y
"la manija" que están dando algunos con la única
intención de hacer negocios con las desesperanzas de la
gente.
A este
preocupante tema se le debe enfrentar y no eludir. No se puede
poner la cabeza dentro de la tierra a esperar que pase el mal.
El tema hay que llevarlo al corazón de la sociedad y debe ser
debatido con responsabilidad.
A nuestros
muchachos hay que darles toda la información, desde los
problemas reales que vive el país, hasta las dificultades que
encontrarán en otras tierras. Después que cada uno decida
con su conciencia. Pero en cualquiera de los casos a la gente
no se la puede dejar sola.
Como ya dijimos
en otra oportunidad en números anteriores de LA ONDA:
uruguayos somos todos, los que vivimos dentro del territorio
nacional, pero también los que viven en otros rincones del
mundo.