"En mi opinión, el
Parlamento es una institución cuya imagen pública puede
explicarse al menos por cuatro tipos de factores o
interpretaciones distintas. Primero - enumera Canzani- el tipo
de temperamento político del país. Revisando trabajos que
habíamos hecho hace seis o siete años en un estudio sobre
imagen del Parlamento que tuvimos oportunidad de presentar
aquí, veíamos que en términos generales la opinión pública
uruguaya, cuando evalúa gestiones, es relativamente crítica y
dura respecto a buena parte de ellas.
En Uruguay estamos sorprendidos,
porque un 50% o 51% de la población apoya la gestión del
Presidente. El Presidente de Chile, Carlos Lagos, que fue
apoyado por un porcentaje más o menos parecido al que obtuvo
nuestro presidente Jorge Batlle, tiene un 68% de aprobación.
Esto no es casi pensable en Uruguay, en el corto plazo. Esto
sucede de la misma manera con buena parte de las instituciones,
cargos, y roles políticos nacionales.
El segundo elemento tiene que ver
con el tipo de expectativas por el desempeño. Luis Eduardo
González también refirió a ello en su intervención. Hay
hipótesis de ineficiencia o de desconocimiento. Hemos hecho
estudios donde encontramos que las cosas que la gente asignaba
como tareas u obligaciones al Parlamento eran extremadamente
variadas y que el principal indicador por que suele juzgárselo
es de productividad que no necesariamente tiene que ver con la
cantidad de leyes que se aprueban, sino que está relacionado
con la capacidad de aprobar leyes que resuelven problemas en
corto plazo; esto es mucho más complicado e implica realmente
un fuerte desconocimiento de la función parlamentaria.
Sin embargo - comenta Canzani- ,
hay otra parte que seguramente tiene que ver con lo que me animo
a llamar el nivel de concentración del poder político en
Uruguay. En una opinión personal, considero que en los últimos
diez años se ha vivido un proceso creciente de concentración
del poder político en liderazgos político-partidarios que son
muy fuertes; dicho en otros términos, hay pocos grandes
jugadores y que el Parlamento no es en realidad una arena
política en el sentido estricto de disputa, de controversia, de
acuerdo entre grupos, sino que resulta una escenografía,
mientras que lo importante está pasando en otro lado. Este es
un punto que me parece necesario tener en cuenta porque los
indicadores comparativos son contundentes.
Finalmente, el último punto
relativo a lo que puede llevar a explicar la imagen pública de
la institución parlamentaria es la capacidad efectiva de tener
una política comunicacional adecuada. Cuando uno se refierere a
una política comunicacional adecuada no deberá considerarse
como una política publicitaria.
La impresión que uno tiene es
que las políticas comunicacionales de las organizaciones no
jerárquicas son habitualmente muy complejas; en todo caso, lo
son. Por otra parte el Parlamento no es una organiación
típicamente jerárquica sino, una Asamblea, por lo que
potencialmente cuenta con múltiples comunicadores que pueden
tener intereses diversos. Por ello la posibilidad de articular
una política comunicacional realmente resulta complicado.
Pero en otros países se ha
tenido la experiencia de transmisión de información del
parlamento a la sociedad que, por lo menos, ha influenciado de
manera positiva el grado de valoración que efectivamente se
tenía", concluyó Agustín Canzani.
Algunos datos del estudio de
Equipos-Mori (1997)
* Para el 57% de los uruguayos
hay "mucha o bastante confianza" en la Iglesia, siendo
ésta la institución que está en primer lugar en confianza. El
Parlamento está en sexto lugar con el 45%.
* El 45% de los uruguayos
considera que el gobierno es quien tiene el mayor poder. El
Parlamento está en el noveno lugar, con el 8%.
* Una visión comparativa en
Latinoamérica, muestra que la mayor confianza en el Parlamento
está el Chile y Honduras con el 54%, seguidos de El Salvador
con el 49% y después Uruguay con el 45%.