por
Rafael Rubio
Las actitudes de un individuo se
van formando con el transcurso del tiempo, comenzando en su
infancia. Con frecuencia, están ligadas a la personalidad e
influyen en su comportamiento. Entender el carácter y el
impacto de las actitudes de los individuos en la sociedad, puede
ayudar a entender ciertas situaciones, para mejor
diagnosticarlas y para ofrecer recomendaciones que permitan
conservarlas o mejorarlas a fin de garantizar un mejor
desenvolvimiento.
Una actitud, es la
predisposición a responder, de manera consistente a diversos
aspectos de las personas, las situaciones o los objetos.
Inferimos la actitud de una persona, a partir de la forma en que
ésta expresa sus creencias, sentimientos o intenciones de
comportamiento ante un objeto, persona o una situación, a
partir de las reacciones fisiológicas y de origen perceptivo o
a partir de comportamientos evidentes.
Cuanto más diversa sea la
población, tanto mayor es la probabilidad que las personas
tengan una amplia gama de actitudes. Sus creencias, formadas
principalmente en razón de sus antecedentes socioeconómicos y
otras experiencias, podrían variar significativamente y en
consecuencia producir diferentes actitudes. Investigaciones
recientes realizadas en los Estados Unidos, sugieren que se
están dando cambios sustanciales en las actitudes adoptadas
ante diversos grupos nacionales y raciales, así como diversos
roles de los sexos. Estas actitudes divergentes, tendrán
consecuencias significativas en el devenir de esa sociedad.
Cuando entendamos las actitudes
particulares y sus repercusiones en la sociedad, podremos
encontrar formas de cambiarlas o promover situaciones para
producir resultados más positivos.
Las investigaciones han sugerido
que las actitudes tienen elementos cognoscitivos, afectivos y
conductuales.
El elemento cognoscitivo
incluye creencias - postulados dados como verdaderos y
basados en los valores y en la experiencia del individuo -
respecto a cierta persona, objeto o situación. Son creencias
aprendidas, por ejemplo: "debo esforzarme mucho para salir
adelante en la vida", que conducen a actitudes
específicas. Aún cuando tenemos muchas creencias, sólo
algunas conducen a actitudes que afectan nuestro comportamiento.
Los sentimientos de las
personas, que se derivan de sus formas de pensar respecto a
otras personas, objetos o situaciones conforman el elemento afectivo.
La persona que cree que el trabajo arduo le permite ascensos en
su carrera, sentirá sin dudas frustración o ira cuando luego
de mucho trabajar no recibe ascenso alguno. Este elemento
afectivo adquiere fuerza conforme la persona adquiere
experiencia más frecuente y directa con el objeto, la persona o
la situación de la que se trate, y conforme los sentimientos de
la persona respecto al objeto, la persona o la situación, se
expresan con más frecuencia.
Por último, el elemento conductual
se refiere al comportamiento que observa la persona como
consecuencia de su sentir referido a otras personas, objetos o
situaciones dadas. Sería por ejemplo, cuando una persona se
queja porque siente disgusto frente a determinada situación.
La actitud se representa en forma
de prototipo en la memoria de la persona, lo que permite
describir cómo se desarrollan y manifiestan las actitudes como
representación de la interacción de la persona y su entorno
social. La persona usa la actitud como esquema para evaluar un
objeto, persona o situación. A éstos, los puede calificar como
buenos, malos, positivos, negativos, preferidos o no, por lo que
luego, determinará la estrategia que adoptará ante los mismos.
La accesibilidad de la actitud o la facilidad con la cual se
activa, afecta su implementación. La experiencia personal con
el objeto, personas o situación y la expresión repetida de la
actitud aumenta su accesibilidad. De esta manera, la
información relativa a las actitudes sirve para procesar
informaciones muy complejas y predecir consecuencias.
Las personas también
experimentan disonancias cognoscitivas, que se refieren a
situaciones en las cuáles los conocimientos, la información,
las actitudes o las creencias de una persona se contraponen. La
disonancia cognoscitiva afectará la relación entre las
actitudes y los comportamientos de la persona. Por ejemplo, una
persona puede considerar que determinada situación es
desastrosa. Esta actitud podría estar en contradicción con
indicadores objetivos de esa. Para "reducir" la
disonancia cognoscitiva, la persona tal vez no
"observe" dichos indicadores o tal vez los observe,
pero no les conceda gran valor y por consiguiente seguirá
pensando que todo es desastroso.
Reflexionando sobre este marco
teórico, analicemos lo que pasa con el fútbol uruguayo. El
quinto lugar de la tabla en el camino al próximo mundial, nos
tiene disconformes a todos los hinchas. Pero...¿en qué
creencia se asienta? No fuimos a los dos últimos mundiales, y
cuando fuimos, más vale no acordarse. Nos anteceden en la
clasificatoria, los cuatro que fueron al último mundial, y hay
uno que fue, que está detrás nuestro.
La creencia para el disgusto,
¿se asienta en un digno cuarto puesto hace treinta años
(México 1970) o en la lejana Marcarán?
Esta situación, es bastante
similar a lo que ocurre en el orden social y económico.
La "Suiza de América"
está hoy lejana en el recuerdo. Produciendo y exportando los
mismos productos, cada vez está más lejos.....
En la Nueva Economía y en la
Sociedad del Conocimiento que imperan en el mundo moderno, cada
vez va a estar más lejos.
Con monopolios públicos, Estado
Benefactor y sobretodo, con la creencia que el Estado debe hacer
todo, solucionar todos los problemas y que la culpa la tiene
siempre el gobierno, la Suiza de América va a ser una creencia
tragicómica de un pasado cada vez más lejano, pero no un
paradigma que nos proyecte al futuro.
Un futuro que se merecen las
nuevas generaciones, un futuro que nos merecemos......