por
Víctor L. Bacchetta (*)
La vida diaria de hoy,
cualquiera que sea el lugar del mundo en que habitemos,
está cada vez más vinculada a los temas ambientales.
Diversos productos alimenticios, cosméticos, medicinales,
de limpieza, de vestir, de jardinería, por nombrar sólo
algunos ejemplos, son una amenaza al bienestar y la salud
del consumidor. Las autoridades deberían vigilar y advertir
sobre los peligros de esos productos, pero en muchos casos
no es así.
Greenpeace lanzó
recientemente en Argentina y Brasil una campaña contra
conocidas marcas de harina y otros productos fabricados con
maíz transgénico. Es una variedad de maíz con
información genética de una bacteria, el Bacillus
thuringiensis, que inserta un insecticida en la propia
planta. Se desconocen los efectos de ese bioinsecticida en
el hombre y algunos países prohibieron la venta al público
mientras no haya más datos.
En la mayoría de los países
de América Latina, las harinas y otros productos de maíz
que forman parte de la alimentación cotidiana y se venden
empaquetados ni siquiera advierten al consumidor, para que
él decida por sí mismo si lo compra, que tiene en sus
manos un producto transgénico de efectos aun desconocidos
para la salud o la conducta humana, como la advertencia que
se hace con respecto al consumo de cigarrillos y otras
drogas.
¿Y como pueden informarse
las personas sobre la calidad y seguridad de los artículos
de consumo que tiene a la vista para adquirir, o sobre los
riesgos ambientales y tecnológicos del lugar donde vive?
Hay varias maneras, además de la advertencia de las
autoridades, como el papel que debe desempeñar el propio
sistema de enseñanza en esta época, pero la más accesible
al público es, sin duda, la de los medios de comunicación
masiva.
Esta necesidad ha creado un
nuevo concepto de información, llamado comunicación o
periodismo ambiental. El propósito del periodismo ambiental
es ofrecer información útil y práctica, que le permita al
ciudadano decidir -con conocimiento de causa- sobre lo que
entra en el control de su propia vida.
La comunicación ambiental
-en prensa escrita, radio, televisión y, más
recientemente, a través de Internet-, ha evolucionado
rápidamente en los países más industrializados del Norte.
como Estados Unidos y Europa occidental de forma tal que la
cuestión ambiental es, junto con la de la salud, uno de los
temas favoritos del público y de los políticos.
En América Latina, la
comunicación ambiental existe de una manera circunstancial
y la participación de los medios ha sido tangencial, por no
decir apática. Los medios de comunicación profundizan muy
poco sobre el origen, la magnitud y las consecuencias del
deterioro ambiental. Más allá de las señales de alarma,
predominan las consideraciones superficiales y, en
definitiva, ingenuas y/o cínicas sobre la naturaleza del
problema.
Entre los factores que
agravan esta situación se encuentra la escasa preocupación
por la formación profesional y por la creación de espacios
apropiados, en los centros de estudio y en los medios de
prensa, para comunicadores y periodistas con la capacidad
necesaria para explicar las características y las
implicaciones de fenómenos tan complejos.
No es una simple
especialidad
El periodismo o la
comunicación ambiental debe considerar los efectos de la
actividad humana sobre el planeta y la humanidad, debe
contribuir por tanto a la difusión de temas complejos y al
análisis de sus implicancias políticas, sociales,
culturales y éticas. Es un periodismo que busca desarrollar
la capacidad de las personas para participar y decidir sobre
su forma de vida, y no sólo en su propio país sino en la
Tierra como un todo.
Periodismo ambiental es el
tratamiento a través de los medios masivos de comunicación
de los temas relacionados con el medio ambiente. Si
consideramos al medio ambiente como el conjunto de sistemas
naturales y sociales habitados por el humano y los demás
seres vivos existentes en el planeta y de los cuales
obtienen su sustento, el periodismo ambiental es uno de los
géneros más amplios y complejos del periodismo.
La amplitud del periodismo
ambiental se manifiesta en la interdependencia que debe
establecer en todo momento entre los más diversos campos.
Las informaciones sobre extinción de especies o fuentes
renovables de energía, por ejemplo, están relacionadas
directamente con otros aspectos, como la política, la
cultura y la economía. Es esa complejidad lo que no permite
reducirlo a análisis y descripciones simplistas.
El periodismo ambiental es un
tipo de comunicación especializada que requiere una
preparación específica, desde el momento en que debe
lidiar con una gran variedad de conocimientos, muchos de los
cuales exigen el dominio de informaciones de diversas
ciencias y teorías, desde las físicas y naturales, hasta
las sociales y culturales.
En algunos casos, se ha
intentado clasificar al periodismo ambiental como una rama
del periodismo científico. Pero por mayor amplitud de miras
con que pueda ser tratado el periodismo científico, el
periodismo ambiental lo rebasa completamente, por que éste
involucra aspectos, como las concepciones filosóficas y
éticas, sobre las cuales la ciencia contemporánea
autoexcluye expresamente la posibilidad de emitir opiniones.
La propia noción sobre el
medio ambiente, la forma de sentirlo y de relacionarse con
él, alude a la cosmovisión del ser humano, a los valores
filosóficos y éticos de una cultura. Además de tener
presente que en la sociedad actual conviven diversas
culturas, y que a lo largo de la historia han existido
diferentes civilizaciones, el periodismo ambiental debe
estar en condiciones de cuestionar los valores vigentes en
la cultura actual.
Desinformación y
mercantilismo
El hecho de que la gran
prensa mantenga en casi todos los países de la América
Latina los temas ambientales en un plano secundario obedece,
por un lado, a que no es posible ignorar esta temática
frente a hechos de gran impacto público y, por otro lado, a
que no quiere profundizar en las implicancias económicas,
políticas y sociales de esos temas.
Recientemente en Uruguay una
encuesta registró que los problemas ambientales que la
población consideraba prioritarios son dos: la basura
urbana y la limpieza de las playas. Con ese grado de
desinformación del público, cuando un periodista propone
un enfoque ambiental más complejo, le dicen simplemente que
el tema no interesa y que no vende.
A su vez, la forma
sensacionalista de presentar la temática ambiental,
dándole destaque sólo cuando ocurre una catástrofe,
contribuye a generar indiferencia en la opinión pública,
al sentirse ante algo que considera fuera de su alcance y
sin solución. De esta manera, se genera incluso desilusión
y conformismo ante la obvia destrucción de la Naturaleza.
En este marco general de la
prensa latinoamericana, los esfuerzos de los periodistas
para desarrollar su actividad en el campo ambiental deben
diversificarse abarcando otras áreas más aceptadas,
complementarse con otros trabajos y/o limitarse a escribir
en medios con escasos recursos. Todo ello frena los intentos
de desarrollo del periodismo ambiental.
Para contribuir a superar
esas dificultades, los propios periodistas hemos emprendido
diversos esfuerzos de organización, de coordinación e
intercambio, que han llegado a constituir algunas
organizaciones nacionales, regionales e inclusive
internacionales.
El gran escollo es casi
siempre la escasez de recursos para realizar reuniones o
disponer de medios capaces de potenciar mucho más la
actividad profesional, pero paso a paso se han ido creando
redes de apoyo, sobre todo a través de Internet.
Listas de correo,
conferencias y grupos de discusión, sitios Web colectivos,
permiten el intercambio rápido, eficiente y a bajo costo de
informaciones, de consultas e incluso de posibilidades de
trabajo en la materia para sus participantes.
En definitiva, el periodismo
ambiental se desarrollará en la misma medida que los temas
ambientales adquieran en nuestras sociedades la importancia
que se merecen.
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(*) Periodista
uruguayo, ex-corresponsal en diversos países de América
Latina, ex jefe de redacción de la Revista del Sur y
ex-coordinador editorial de la Guía del Mundo, publicó en
junio de 2000 el libro "Ciudadanía Planetaria. Temas y
desafíos del periodismo ambiental", con el aporte de
varios colegas de la región, un proyecto de la Federación
Internacional de Periodistas Ambientales (IFEJ).