por
Emilio Ruchansky
Una avenida dividió a la
Ciudad de Buenos Aires en dos: un Norte y un Sur. Ambas zonas
tienen privilegios distintos. El Sur está más atrasado y en
una situación cercana al olvido
"Rivadavia (Benardino).
Biog. Estadista arg , prócer de la Independencia y primer
presidente de la República Argentina" afirma la
enciclopedia Sopena en el primer tramo de su definición.
Allí no se mencionan las tres
grandes herencias que él dejó tras su muerte -en 1845- a
saber: un sillón, un empréstito que sería el comienzo de la
deuda externa y el nombre de una avenida ¿La más larga del
mundo acaso?. Lo paradigmático de su legado no reside
precisamente en la longitud de dicha avenida, sino más bien
en su carácter fronterizo, ya que ha dividido a la ciudad de
Buenos Aires en un norte rico y en un sur pobre e
históricamente discriminado.
El racismo porteño es un
fenómeno curioso, semejante al que da origen a la xenofobia
europea, alrededor del Siglo XVI. Así como entonces fue
necesario justificar moralmente la esclavitud y se decidió
que los negros eran inferiores (por lo tanto perseguirlos y
esclavizarlos a lo sumo constituía un mal menor), ahora se
decide que esos extranjeros o provincianos "no saben
vivir en forma civilizada" y es mejor que estén allá,
del otro lado de la avenida Rivadavia. No es casual está
ubicación: "La decadencia de la zona Sur comenzó en
1871, con el abandono de sus viviendas por parte de la
población de mayores recursos, como consecuencia de la
epidemia de fiebre amarilla. Ha desaparecido la peste, han
aparecido nuevos modos de producción, han pasado
revoluciones, han caído ideologías, ha pasado más de un
siglo y aún ahora no se ha podido equiparar la situación de
este territorio con los barrios que florecieron en la zona
Norte" dice la declaración de la organización vecinal
de Villa Lugano llama "El Sur".
El atraso de esta zona afecta
diariamente 800.000 habitantes, que representan
aproximadamente un 30% de la población de la ciudad. En estas
áreas se producen el 50% de los delitos, sin olvidar que unos
tres millones de personas viven, a ambas márgenes del
Riachuelo, en condiciones deplorables de salubridad y
soportando periódicas inundaciones de aguas contaminadas.
En los barrios del Sur de la
ciudad hay nueve veces más habitantes en villas de
emergencias que en el norte de la ciudad. El número de ratas
por habitante es también mucho mayor en las áreas del Sur
que en los barrios del Norte, según datos del INADIX
(Instituto Argentino contra la Discriminación y la
Xenofobia).
La discriminación toma forma
preocupante cuando el Estado es indiferente o lo que es peor:
participa en ella. En una simple recorrida por los porcentajes
del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, del mes
pasado, se puede leer que las Necesidades Básicas
Insatisfechas (NBI) es de 11,5 por ciento en la Zona Sur
contra un 4,5 en la Zona Norte. Lo preocupante es que el NBI
produce problemas de mala alimentación y más vulnerabilidad
a las enfermedades para las que hay 9 mil camas en hospitales
en la Zona Sur y 14 mil en la Zona Norte.
Buenos Aires presenta para
muchos de sus habitantes un sinnúmero de dificultades
atribuibles a una actitud discriminatoria. No es un problema
reciente ni de fácil solución, y los esfuerzos realizados en
el último decenio por recuperar para la ciudad extensas zonas
abandonadas durante muchos años, algunas por generaciones, no
alcanzan para revertir la situación: "Los impuestos a la
hora de pagarlos todos los pagamos, aunque los del sur
tengamos menos plata y nuestras casas no valen tanto"
afirma María Francisca González, una jubilada que vive en
Villa Lugano.