por
Liliana Pertuy
La educación
constituye un aspecto relevante en la condición de la mujer
y su desarrollo a lo largo de todo el siglo XX. Los logros
educativos de las mujeres uruguayas se inician
tempranamente, esto se vio beneficiado por un contexto
sociopolítico que vio en la educación un importante factor
de cambio para la modernización del país, que tuvo en la
Reforma Escolar de José Pedro Varela una de las
manifestaciones más trascendentes. El decreto ley de
Enseñanza Común fue aprobado el 24 de agosto de 1877,
basado en tres principios básicos de gratuidad,
obligatoriedad y laicidad, aunque solo los dos primeros
lograron imponerse.
Varela
recogió de las corrientes pedagógicas europeas, el
carácter científico de la educación y genero un sistema
donde se especializo el personal docente, se brindo una
amplia participación de las mujeres, descentralizó la
administración dándole un verdadero carácter popular, e
inicio la publicación de la "Enciclopedia de la
Educación", y de "los Anales de Instrucción
Primaria", fundamentales para la formación pedagógica
de los maestros, además que impulso la creación de
escuelas, la traducción de textos y la elaboración de
material didáctico. La obligatoriedad no solo alcanzó a
los niños sino que también se instrumentaron escuelas
nocturnas para adultos hasta 21 años. Esto nos marca un
contexto particular incluso en la propia región.
En el censo
de 1908 el porcentaje de adultos analfabetos constituyen el
36% de la población de 15 años y más, de los cuales el
51% eran mujeres. La tasa de analfabetismo femenino era
levemente superior a la masculina, situándose en el 37%
frente a un 34% de la masculina.
En relación
al censo de 1963 la tendencia se revirtió incluso
constituyendo un fenómeno atípico para la región, donde
las tasas de analfabetismo femenino (hasta en los países
desarrollados) es superior a la masculina. La brecha a nivel
mundial alcanza los 12.4 puntos.
En 1996 la
tasa de analfabetismo adulto femenino uruguaya es de 2.7
puntos y la masculina de 3.7. A nivel primario la
alfabetización es casi total, existiendo solo un 1% de
analfabetos. En cuanto a la educación formal los datos
revelan de la masiva incorporación de las mujeres superando
en el nivel terciario a los varones. La mayoría de la
población del nivel superior es femenina de ser el 40% en
1968 pasó al 57% en 1988, porcentaje muy similar al de los
países desarrollados.
Con relación
a la elección de carrera universitaria se notan cambios en
carreras netamente masculinas como Ingeniería que en 20
años pasó de un 5% a un 22%, agronomía de un 10% a un
26%, aunque siguen siendo mayoría en las profesiones
vinculadas a la nutrición, cuidado, educación
etc.,(nutrición, enfermería, parteras, humanidades)
también avanzaron en derecho que representan el 65% y en
administración el 70%. A pesar de los avances logrados las
mujeres tienen las menores posibilidades de ocupar cargos
jerárquicos y reciben salarios inferiores.
Los procesos
de desarrollo han generado muchos tipos de desigualdades
sociales, pero el género esta presente siempre. Las formas
de conocer que han dominado la forma de producción de
conocimiento han servido siempre de legitimación de estas
prácticas, las feministas plantean que muchas veces se
puede engañar a los oprimidos para lograr su conformidad y
esto se hace por medio de las practicas del conocimiento.
Los aportes en este sentido de las feministas se orientan
justamente a generan una forma diferente del conocimiento y
a una practica de sí también diferente, no se trata de
pasar a una visión del "punto de vista femenino",
por que aquí estaríamos ante un nuevo universalismo pero
de signo contrario. Por esto es importante la crítica
feminista que afirma que la hostilidad hacia las mujeres
esta entretejida en la trama misma del método científico,
que la "objetividad científica"es, simplemente
subjetividad masculina disfrazada. Así como el concepto
género es una construcción social del sexo, también la
ciencia es una construcción socialmente construida de la
naturaleza.
La
producción de conocimientos y su supuesta objetividad
también ha sido puesta en tela de juicio por las feministas
y existen varios puntos de vista, están las que consideran
que todos los métodos de investigación son opresivos, por
lo tanto la objetividad nunca se alcanza y lo que si hay son
varios puntos de vista esencialmente inconmensurables. Esto
supone que no exista conocimiento acumulativo, ni
investigación basada en la teoría, solo existirían una
especie de cultura subjetiva. Por otro lado están las que
plantean que existe objetividad en el reconocimiento de una
realidad exterior material al observador y que este se puede
separar de esa realidad.
En América
Latina la marginalización de las mujeres tiene raíces
ideológicas, las mujeres desde el Jardín de Infantes son
orientadas profesionalmente, y en muchos casos ni siquiera
acceden a la educación, esta violencia simbólica
constituye una forma muy importante se sumisión, por eso la
lucha por la alfabetización es central para la
incorporación de las mujeres en la vida social y a la
cultura científica y técnica.
La privación
que sufren las mujeres en las actividades científicas y
técnicas priva el proceso de generación del conocimiento
de un aporte importante, de una visión complementaria de la
realidad, lo que dificulta un desarrollo armónico,
equilibrado y respetuoso de todos los intereses. En estos
países la actividad científica se origina como un reflejo
intelectual del modelo europeo y estas comunidades se
mantuvieron alejadas de los centros de decisión
estratégicas hasta la segunda mitad del siglo XX. El
ingreso de las mujeres a los espacios científicos se vio
favorecida por esta falta de poder y se creó una forma
atípica en relación a otras regiones incluso más
avanzadas. Sin embargo este aparente equilibrio laboral
enmascara profundas desigualdades especialmente en los
aspectos educativos y sociales. El conocimiento científico
permite transformar el mundo, reduce el azar y el
desconocimiento y aumenta las posibilidades de orientar los
cambios sociales.