Nº 18

Del 1/11/00  al  12/11/00
Montevideo Uruguay


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La larga marcha del cine uruguayo (I)
Los quijotes del largometraje

por Oribe Irigoyen

Puede ser que ahora s¡. Que el Uruguay llegue tener su cine propio, en términos de una cierta producción más o menos constante. Hay una determinada tendencia en esa dirección.

Pero, durante casi un siglo, eso no ha ocurrido. Hay razones de peso, materiales como quien dice, para ese no.

País pequeño, escasa población, magro mercado interno, constituyen fuertes condicionantes para impedir el desarrollo de un medio de comunicación y de expresión, que demanda un contexto material opuesto. Además, ninguna Salamanca prestó nada a esa naturaleza. Sin ninguna ley de protección, fomento o subsidio del llamado 7 arte, con gobiernos muy distraídos al respecto, y en general con todas las bellas artes, el cine no ha sido un fuerte del Uruguay como producción. Y el uruguayo condenado a no ver su propia imagen sistemática en imágenes filmadas.

En tanto que arte colectivo, moderno y muy caro, con necesidad de materia prima, aparatos y procesos industriales ( celuloide, cámaras, lentes, revelado de película, sonorización, etc. ), de la labor conjunta de una multitud de actores, artistas, técnicos, el cine exige, a su vez, la existencia de toda una industria que lo haga viable y que rescate los costos en el mercado interno. Eso ocurre hasta en las mejores familias internacionales ( Hollywood ). También puede haber gobiernos atentos y generosos que ayuden a crear la industria ( Canadá ), promover el cine ( el Film Board de Inglaterra ) o dictar leyes de protección y fomento nacional en ese sentido ( casi todo el mundo ). Pero en el Uruguay, ni lo uno, ni lo otro, ni lo de más allá , hasta hace muy poco y en veremos.

Sin embargo, Montevideo conoció la novedad cinematográfica muy pronto, el 18 de julio de 1896, primera exhibición del programa inaugural de los hermanos Lumière, pocos meses después de la primicia mundial de París que diera nacimiento al cine ( 28 de diciembre de 1895 ). Tuvo su pionero poco después cuando el español F‚lix Oliver rodó el corto documental "Una carrera de ciclismo en el velódromo de Arroyo Seco" ( 1898 ). Desde entonces, todo quedó librado a la estricta iniciativa privada. Una larga marcha de cineastas uruguayos por conquistar el largometraje de ficción, la quinta esencia del cine, y de paso colaborar en la construcción de un cine nacional, acaso sin pretenderlo.

Fueron todas patriadas individuales e individualistas, quijotadas a pura pérdida, salvo excepciones, que muy pocos pueden repetir. Desde el primer largometraje "Puños y nobleza" ( 1919 ) del tendero Edmundo Figari, pasando por "Almas en la costa" ( 1924 ) de Juan A. Borges, "Del pingo al volante" ( 1928 ) de Emilio Peruzzi, "El pequeño héroe del Arroyo de Oro" ( 1929 ) de Carlos Alonso, interpretada por Alberto Candeau, hasta llegar al primer largometraje sonoro "Dos destinos" ( 1936 ), cuyo realizador ha caído en el anonimato, la constante ha sido la experiencia esporádica de filmes rodados en el país. Pocos son los títulos que han quedado en el tintero de esta reseña, y también escasas habrían de ser las tentativas sonoras del cine uruguayo - los costos aumentan - con mención de algunos títulos como "Detective a contramano", para lucimiento cómico de Juan Carlos Mareco ( Pinocho ), el notable éxito popular de "Radio Candelario", protagonizada por el popularísimo imitador radial Depauli y "Uruguayos campeones", exitoso documental de lo que se sabe: la hazaña futbolística de Maracaná.

De todos modos, con prestancia expresiva o sin ella, todos esos, en realidad, sólo momentos de cine, reflejan el modo de ver, pensar, sentir de los uruguayos ante el mundo y su derrotero. Son imágenes con agujeros de idiosincrasia y cosmovisión de un pueblo, aunque válidas e ilustrativas. Después vendrán, no se sabe si tiempos mejores, pero sí más realistas en los años 50 y 60, con la formación de técnicos y cineastas parapetados en el documental, el formato de 16 mms., el corto y medio metraje de costos más accesibles.LA ONDA® DIGITAL 


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Noviembre 2000

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