Nº 18

Del 1/11/00  al  12/11/00
Montevideo Uruguay


Portada                     

Artes Visuales
Nombres que integrarán el arte del siglo XXI

por Nelson Di Maggio

Una oleada de conservadurismo se extiende por varios ambientes culturales. El miedo a los cambios, paraliza frente a un inseguro porvenir, aferrando a un sólido pasado. Es cierto que la década que pasó impuso la banal mercantilización en muchísimos aspectos, una celada en la que cayeron público, artistas y especialistas. Se confundió valor estético y valor de cambio. El crítico francés Jean Clair es uno de los ejemplos más lamentables de esa claudicación. Como también los hay en Uruguay. No sorprende que Robert Hughes, eminente crítico de la revista estadounidense Time, con su perspicacia analítica e independencia de criterio, apoye lenguajes convencionales y personalidades mediocres. Siempre lo hizo, a pesar de su inteligencia.

Australiano de origen, Hughes trabaja en Times desde hace treinta años. Sus artículos audaces, contundentes, lúcidos en observaciones éticas y sociales, eluden los lugares comunes y atacan, en tiempo y forma, el multiculturalismo que a muchos todavía derrite. En declaraciones recientes, además, Hughes sentenció : " Si se compara el fin de siglo XX con el anterior, creo que los artistas actuales no alcanzan ni en calidad ni en número a creadores de la talla de Cézanne, Monet, Seurat, Van Gogh, Gauguin, Degas, Matisse, Munch o Rodin" y con su habitual frontalidad siguió : "A pesar de que el futuro hallará en el fin del siglo XX artistas respetables, probablemente no serán tan importantes como los de hace un siglo. Y los buenos parecerán pasas en medio de esa masa de mediocridad que constituye la mayor parte del arte de finales del siglo XX". Al parecer, el combativo y, por varios motivos, admirable y estimulante personalidad, se olvidó de la enorme morralla de pintores que no lograron ingresar a la historia del arte y que revoloteaban alrededor de los genios citados y, hasta en su momento, fueron más famosos y celebrados. Las comparaciones son fastidiosas, pero son la sal de la cultura. y de la franqueza intelectual.

En la actualidad, Louise Bourgeois (París, 1911) es una escultora que bien puede tutearse con Rodin y acaso, por sus instalaciones, lo supere en imaginación e intensidad expresiva. Joseph Beuys (1921-86) es una personalidad faro, tan encandilante y seductora como Van Gogh o Matisse, los videastas Nam June Paik, Bill Viola, Bruce Nauman o James Turrell (para citar apenas unos pocos de una serie mayor) han sido tan aventureros e investigadores como Gauguin o Seurat, han profundizado en los abismos del hombre con igual o mejor ímpetu que Degas o Munch . Las mediocres Suzanne Valadon y Camille Claudel, parecen anémicas ante la energía disparada de Jana Sterbak, Rebeca Horn, Annette Messager, Katharina Fritsch, Rachel Whiteread, Laurie Anderson, Jenny Holzer, Rosemarie Trockel o Jessica Stockholder, pertenecientes a una inacabable y brillante constelación de mujeres creadoras, donde las jovencitas como Mariko Mori, Pipilotti Rist o Shirin Neshat, amenazan con desplazarlas (mejor, enriquecer el panorama) con rapidez. Pocos artistas del siglo pasado han alcanzado la ferocidad y el poder desmitificador de Paul McCarthy. Ni Degas o Toulouse-Lautrec. Este puñado de artistas de diferentes generaciones son, sin embargo, suficientemente representativos de una situación estética ni mejor ni peor que la de otros tiempos, sino diferente y tan inventiva en sorpresivas (y sorprendentes) obras atravesadas por los conflictos de nuestro tiempo. La lista es larga en talentos como lo demuestran los certámenes internacionales. Muchas veces, reafirmando y extendiendo sus poderes imaginativos y otras, con la emergencia de jóvenes innovadores.

En una encuesta realizada en Madrid, directores de museos y galerías de arte contemporáneos respondieron con errática pusilanimidad acerca de los nombres que perdurarán. Se aferraron a pintores (Sean Scully, Brice Marden, Baselitz, Julien Oppie, Günther Förg, Julian Schnabel, Picasso ( quién lo duda), Francis Bacon) y pocos se refirieron a Beuys, Muntadas, Bill Viola, Nam June Paik, James Turrell, Gary Hill o Anish Kapoor). No porque ignoren o esquiven hacer exposiciones de artistas audaces sino que la timidez conceptual de cada uno se concreta en el momento de los juicios personales, cada vez menos convencidos y convincentes.

Sin embargo, pocas veces un período de la historia del arte fue tan rico y variado como el presente, con la introducción de nuevos soportes técnicos todavía no completamente explotados. Pocas veces la historia del contemporáneo concilió (o va camino seguro de hacerlo) artistas de los cinco continentes, de países marginados, en un mismo espacio de confrontación visual. Pocas veces la creación artística rozó los esquivos niveles de la (supuesta) universalidad. Jamás pasó por la cabeza de nadie que algún día, un negro nigeriano (Okwui Enwezor), podría dirigir el mayor acontecimiento de artes visuales del mundo como la Documenta de Kassel en el año 2002. Desde la siesta cultural de la parroquia pueblerina, alejada y sin poder experimentar en lo más mínimo de las innovaciones que se hacen en el terreno de las artes visuales, el descreimiento es comprensible y la desconfianza enorme ante la irrupción de nuevos lenguajes que arrasan con los tradicionales. Y sin embargo, pocos comienzos de un nuevo siglo han sido más prometedores y seductores (aún en sus contradicciones, confusiones y complejidades) que el que ahora se inicia. LA ONDA® DIGITAL


Inicio       Portada

© Copyright  Revista LA ONDA digital
Noviembre 2000

laonda@adinet.com.uy