por
Raúl Legnani
Apenas se conoció la
presencia de un foco de aftosa en el departamento de
Artigas, el presidente Jorge Batlle tomó el asunto por las
astas y se puso al frente del operativo sanitario y
político. Ha trascendido que estuvo en contacto permanente
con los mandos del ejército, que ante el peligro de que
ingresara la aftosa a nuestro territorio, destinó
importantes destacamentos en la frontera seca del norte.
El pasado viernes 27 de
octubre el Presidente apareció ante las cámaras de
televisión en el programa Agenda Confidencial, en mangas de
camisa, con mapas y profusa documentación. Con esa actitud
Batlle se presentó ante la ciudadanía con la imagen de un
comandante civil dispuesto a mover sus fuerzas para cercar
al enemigo.
Sin pelos en la lengua y
mirando a las cámaras dijo: "Tengo el disgusto de
decir que la aduana actuó horrorosamente mal" y llegó
a hablar de la existencia de "coimas". Unas horas
antes había manifestado que se concretarían acciones
legales contra el productor propietario del predio donde
apareció el virus de esa enfermedad. Previamente se había
aplicado el "rifle sanitario" eliminando a 12 mil
animales en un radio de 5 kilómetros.
Las acciones presidenciales
también apuntaron hacia el exterior del país, pensando que
si el Nafta cerraba sus puertas a nuestras carnes (cosa que
ocurrió de inmediato), había que comenzar a mirar hacia la
Unión Europea, un viejo socio que cada vez nos compra
menos, pero que aceptaría la estrategia de Batlle de aislar
al departamento de Artigas y reconocer que Uruguay es un
país libre de aftosa sin vacunación, excluyendo al
territorio de ese departamento.
Para ello se requiere, como
ya lo ha planteado Batlle, la presencia de los mas
destacados técnicos internacionales que certifiquen que el
virus no salió de los limites del departamento de Artigas y
que las condiciones sanitarias del resto del país son las
adecuadas.
En este año que está por
finalizar, el Nafta se ha transformado en el principal
comprador de nuestras carnes, en un porcentaje del 38%, le
sigue Israel con el 16%, luego el Mercosur con el 15%, y la
Unión Europea con el 13%; "otros" con el 18%. Si
Argentina, Brasil y el Nafta confirman el cierre de sus
mercados (Sanguinetti habría hecho gestiones con Fernando
Henrique Cardoso para que eso no ocurriera; lo que se
confirmó en las últimas horas), el país estaría obligado
a salir a colocar ese 53% excedente en la Unión Europea y
algunos países del mundo árabe.
A los gobiernos europeos,
tradicionalmente protectores de sus productores y a la vez
presionados por fuertes movimientos ecologistas, no les es
nada fácil lanzar un gesto a nuestro país, porque el
Presidente Batlle ha sido particularmente crítico con la
Unión Europea. Y es Europa, además, la que nos ganó los
mercados de Egipto y Libia.
La idea que tiene el gobierno
hasta la fecha es que todo comenzó en la zona sur de Brasil
y que fue responsabilidad de quienes adquieren los alimentos
para animales en ese país, sin pasar por los controles
sanitarios de Uruguay. En cambio sectores productivos
agrarios uruguayos sostienen que también hay causas
económico sociales graves en esa zona, que llevan a que los
productores trasladen el ganado de un lado a otro del
límite fronterizo en busca de alimentos.
Con las medidas de control
que se han implementado en la frontera, se ha creado a la
vez un clima de tensión, que se expresó en Quaraí cuando
los brasileños se enteraron que había aparecido el foco
aftósico. "Parecía que festejaban el triunfo de un
partido de fútbol: nos aturdieron toda una noche con el
ruido de las bocinas de los autos", dijo un técnico de
Artigas a LA ONDA.
De no prosperar este nuevo
escenario que busca crear Batlle apuntando nuestras carnes
hacia la Unión Europea, la situación sería tremendamente
crítica para el país. Al Uruguay se le cerraría la
exportación de ganado en pie y la industria frigorífica
detendría su actividad, estando directamente en juego el
trabajo de siete mil familias. Tampoco faltaría el castigo
de los mercados internacionales hacia el sector lechero, por
más que nuestras exportaciones sean de leche pasteurizada.
Según técnicos de nuestro
gobierno, una vez eliminado el ganado enfermo, llevaría 21
días para saber si el virus sigue o no presente en nuestro
territorio. Para ello se marcan algunas cabezas de ganado,
se les introduce en la zona crítica, y a las 21 días se
les hace nuevos análisis. Es decir que las exportaciones
hacia el Nafta estarían suspendidas casi un mes, siempre y
cuando se confirme que aquellas cabezas de ganado marcadas
son de animales sanos.
Mientras se sienten las
quejas de los productores por la falta de una política de
Batlle que comprometa a Río Grande do Sur a trabajar junto
a Uruguay para abrir nuevos mercados, otra vez vuelve a
reaparecer el fantasma de acelerar el proceso devaluatorio.
A la estabilidad de la moneda
solo la puede salvar la Organización Internacional de
Epizzotias, si el próximo 7 de enero resuelve mantener el
status actual de país libre de aftoso sin vacunación,
excluyendo al departamento de Artigas. Antecedentes
internacionales hay en esta materia. Prendamos la velita.