Del 20/11/00  al  3/12/00
Montevideo Uruguay


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La larga marcha del cine uruguayo (II)
La llegada de los técnicos

por Oribe Irigoyen

Algunos pesimistas, no necesariamente consuetudinarios, sostienen que el cine uruguayo es inviable: también se ha dicho y se dice eso del país.

Las nuevas generaciones de cineastas y vi deístas proponen lo contrario haciendo audio-visuales en forma creciente y tozuda. El acceso al publico uruguayo de diversos largometrajes nacionales en el año 2000, en salas comerciales o de Cinemateca Uruguaya, con suerte diversa pero promisoria de concurrencia, parecen dar a razón a los segundos. O por lo menos, sugerir la realidad de una tendencia de cambio fructífero hacia un cine nacional. Eso ha ocurrido con los estrenos de Acratas (1999), largometraje documental de Virginia Martinez, El viñedo (1999), ficción policial sobre hechos reales de Esteban Schroeder, estrenada incluso en Buenos Aires y de futura exhibición en Chile, Las memorias de Blas Cuadra (1999), otro largo de ficción, rodado por Luis Nieto con Antonio Larreta de protagonista y Los días con Ana (1999), una comedia juvenil de Marcelo Bertalmio.

La larga marcha del cine nacional, pleno de intermitencia y desilusión, tuvo algún mojón que marcó, de cierta manera, un antes y un después. Ocurrió entre los años 50 y 60 en que los pioneros y diletantes del hacer cinematográfico uruguayos dan paso a una generación que se forma en la producción independiente y sucesivamente comienza a dominar la técnica y la expresión de ese nuevo lenguaje de comunicación y arte.

Luego de la residencia y la obra realizada en Uruguay por el prestigioso documentalista italiano Enrico Gras (Pupila al viento, José Artigas, Protector de los Pueblos Libres ) y en pleno auge del movimiento de cine clubes y del SODRE, con sus respectivos concursos cinematográficos, surge, se afirma una generación de cineastas amateurs (Enrique Amorim, Ildefonso Beceiro, Alberto Mantaras, Eugenio Hintz, Ugo Ulive, Alberto Miller, etc. ), rodando,por lo general, cortos de ficción y documentales en 16 mms. Algunos de ellos pasan al formato de 35 mms, devienen profesionales en la filmación de noticieros ("Uruguay al día", "Emelco") o cortos de publicidad: Carlos Bayarres (Turismo en Piriapolis, Punta Ballena), E.Hintz (Diario Uruguayo y José Cuneo, trayectoria de un pintor), Ildefonso Beceiro (El tropero, presentada con ‚éxito en el Festival de Berlín),

Ferrucio Musitelli (La ciudad en la playa, Punta del Este, ciudad sin horas), etc. También en la obra de Hugo Ulive (Como el Uruguay no hay o Un vinten pal Judas) y más tarde de Mario Handler (Carlos, Elecciones) se establece la impronta crítica, satírica y el mayor compromiso temático con la realidad socio-politica del país. Ambos realizadores han continuado una exitosa carrera artística fuera de fronteras.

Moviéndose en los limites acotados del cortometraje, esa generación de cineastas tomo conciencia de una expresión afirmativa por el cine encarado con seriedad, realismo y desde luego, talento, proporciona uno de los ejes fundamentales para una eventual consolidación futura del cine nacional: gente capaz y en obra de alguna manera. LA ONDA® DIGITAL 


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Noviembre 2000

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