Del 20/11/00  al  3/12/00
Montevideo Uruguay


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La mitad de los niños uruguayos nacen en hogares pobres
El descuido de la infancia:
un problema para la democracia

por Gustavo Leal *

Hace exactamente 50 años, el Uruguay representaba el 1,3% de la población total de América Latina y el Caribe.

Hoy, nuestra participación desde el punto de vista de la población se redujo al 0,6 % previéndose un descenso aún mayor en el 2025.

La presente situación nos ubica en tanto país con la incertidumbre de un territorio que lentamente se vacía mientras en el continente las ciudades se agigantan. Semejante contradicción del comportamiento demográfico, no se ajusta al contexto latinoamericano, lo cual lo distingue en este aspecto como un país atípico.

Desde el punto de vista demográfico, el Uruguay asiste a un proceso de "post-transición", cuyas características centrales estriban en la baja tasa de crecimiento y en el envejecimiento de la estructura de edades de la población.

La relación entre población económicamente activa y la población dependiente ha comenzado a dejar de tener un cociente favorable. Es decir que la relación entre la población que genera bienes y servicios y aquel sector que no lo genera está lentamente volcándose a favor del primero.

Esto implica en el mediano plazo un cuestionamiento a la viabilidad del modelo de integración social que hasta el momento se ha impulsado, y que de por sí al día de hoy, muestra crecientes incapacidades para abordar propuestas incluyentes.

La composición etárea de la población que se observa en el Uruguay es cualitativamente diferente a la de los países de la región en la medida que tienen una alta correlación negativa los valores para las personas menores de 15 años y mayores de 65 años. En efecto, en Uruguay se ubica la mayor tasa de población adulta y la menor tasa de niños menores de 15 años del continente.

Las proyecciones para el futuro no muestran un panorama diferente; por el contrario, acentúan los procesos que ya hoy nos ubican como un país particular. Uruguay ya es el país de "mayor edad" en toda América. El porcentaje en la población de personas de mas de 60 años alcanza al 17.3%.

En el caso de los niños, niñas y adolescentes su peso relativo en el total de la población descenderá aún más, pasando de componer un 30.2% en 1995 a un 27,2 en el año 2015. Relacionado a este proceso, la tasa bruta de natalidad descenderá fuertemente, sobre todo si se considera que los valores de partida en 1995 (18.19) son extremadamente bajos desde el punto de vista comparativo en la región.

En el año 2025 el número de personas ancianas aumentará un 23% en Uruguay, lo que implicará que la población uruguaya seguirá siendo la más envejecida de la región, con un 20% de personas con más de 60 años (cerca de un millón de habitantes). El descenso de la mortalidad y el aumento de la esperanza de vida al nacer tendrán un impacto notorio en la población más anciana: habrá más de 375 mil personas mayores de 75 años.

La orientación del crecimiento escaso

Pero, ¿qué dirección tiene el crecimiento escaso de la población?

El patrón demográfico expuesto anteriormente, ha ubicado erróneamente al país como una nación con modelo "europeo" de crecimiento demográfico. Es decir, natalidad controlada, aumento de la expectativa de vida, familias con 2 hijos promedio entre otras características. El primer error en esta apreciación es que no hay un Uruguay, sino muchos y en algunos de ellos nuestros indicadores son similares a Haití ó Honduras.

El principal problema del país, es que su reproducción biológica se ha instalado en los sectores de extrema pobreza, fortaleciendo de esta manera procesos de exclusión a la vez que incorpora a este circuito a casi la mitad de los niños que nacen en su territorio. La distribución desigual desde el punto de vista generacional de la pobreza sin bien no es un dato nuevo, es de por si alarmante, en la medida que no se observa ninguna tendencia de variación a la curva ascendente de este comportamiento.

El Censo de 1996 reveló que por lo menos el 38, 7% de la población del Uruguay, tenía una Necesidad Básica Insatisfecha (NBI), alcanzando esta situación a 1.204.123 habitantes. Que casi cuatro de cada diez habitantes tengan necesidades básicas sin resolver es una situación de por sí seria y preocupante, pero lo es más si se tiene en cuenta que entre los niños menores de 15 años asciende a 47.49% y para los niños de 0 a 4 años ese guarismo alcanza al 51,54 %.

Cada niño que hoy experimenta alguna de las situaciones antes mencionadas, será muy pronto, un ciudadano que tendrá razones suficientes para desconfiar de la democracia y de las promesas de crecimiento. Descuidar a los niños en su especificidad, es resignarse a que casi la mitad de los futuros adultos tengan argumentos de vida para desconfiar del sistema político y de la estrategia de desarrollo.

El tiempo con que contamos para evitar esta situación es muy escaso. Los tiempos de la infancia no son los tiempos de los adultos o de los países. La infancia es una experiencia breve para una vida humana; pero deja rastros indelebles que ya nada ó casi nada podrá remediar. Las lesiones físicas y morales que un niño experimenta lo acompañarán inevitablemente en su vida de adulto.

Desatender a los niños hoy o simplemente confiar en que la superación de la pobreza en el mediano plazo podrá remediarla, es no comprender la índole del problema.LA ONDA® DIGITAL

* Sociólogo. Este artículo está basado en el Informe no gubernamental sobre políticas de Infancia 1996-2000, redactado por el autor, en noviembre de este año.  


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Noviembre 2000

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