por
Vitriolo
"Como el Uruguay no
hay", fue una linda frase que pintó, de alguna manera, al
país del Estado benefactor que se le llamó "La Suiza de
América".
Luego vino una nueva versión
adaptada a los nuevos tiempos que fue de Mario Benedetti:
"El paisito".
La primera fue aceptada por
todos, sobre la segunda algunos creyeron detectar el intento de
disminuir nuestra potencialidad como sociedad. Creo, lo
confieso, que la misma tuvo mucho más de ternura de que
calificativo diminutivo.
Pero hora, siguiendo en la misma
senda, vamos a tener ómnibus en la capital con televisores,
algo así como "Montevideo tevé", una variante
posmoderna de la estupidez llevada al extremo.
Se nos informa, según la prensa,
que podremos disfrutar de programas de 20 minutos. Lo que de por
sí ya genera un problema. ¿Se imagina usted qué le va a pasar
si sube al ómnibus justo cuando faltan cinco minutos para que
termine el programa? Lo más seguro es que no va a entender nada
o muy poco. Pero también le puede pasar lo contrario, que usted
se tenga que bajar a los quince minutos y se quedará sin ver el
final. Será algo tan terrible como lo que pasaba en el Cine
Rodó de Canelones, a fines de la década del 50, que la gente
de La Cadena, un poblado próximo a la capital, nunca pudo ver
el final porque el ómnibus para el pueblo siempre salía antes
de que terminara la película.
Con esta iniciativa de la TV en
ómnibus, van a pasar muchas otras cosas. Una de ellas puede ser
que los ladrones resuelvan asaltar los coches ya no para robarle
la jubilación a la abuelita, sino para llevarse la TV de 14
pulgadas. O que usted, conmovido con las imágenes de Fito Páez
o de Shakira, se distraiga y el experto punga aproveche la
oportunidad para meterle la mano en el bolsillo y se lleve los
últimos 200 pesos que tenía guardados para cubrir los últimos
días anteriores al próximo cobro.
Ya nos alcanza con la
"salsa" que nos pasan los choferes todos los días y
con los inmensos posters del Ché Guevara o de Jesús - dicho
con respeto por los dos- que nos acompañan todos los días,
para que ahora agreguen toda esta locura televisiva.
Sería más útil y seguramente
mucho más molesto que se pusieran máquinas de afeitar
eléctricas junto a cada asiento para poder afeitarnos o espejos
móviles para que las damas pudieran embellecer sus ojos y
labios.