por
Dra. Guadalupe Mantilla
Directora del diario El Comercio de Ecuador
Hace ya ocho
años, preguntas parecidas a las que evoca esta cita -el
futuro de los diarios en la región- motivaron la
realización en Quito de un seminario auspiciado por el
diario EL COMERCIO. En esa ocasión, un grupo de periodistas
y conceptores españoles empezó el ejercicio tratando de
figurarse, junto a un auditorio muy motivado, cómo sería
el periódico del siglo XXI: si se parecería a un pedazo de
plástico o a una pantalla de cuarzo cuyos contenidos
podrían recargarse cada cuatro o seis horas en una especie
de cajeros automáticos; si podría producirse de manera
personalizada para un usuario específico o a través de una
impresora láser; si se podría visualizar a través de una
pantalla de computadora o de un televisor. O si sería
meramente digital...
A lo largo de
todo este tiempo, los debates acerca de los soportes pero
sobre todo acerca de los contenidos de los periódicos se
han multiplicado y, dicha sea la verdad, el enfoque
meramente tecnológico, si bien ha incidido profundamente en
el perfil de los nuevos diarios, ha tenido que ser
balanceado por otros de orden económico, ético y social
que vale la pena tener en cuenta al momento de responder a
inquietudes tan difíciles como las que se plantearán a lo
largo de este encuentro.
En efecto, un
supuesto mercado persa de la información basado en las
ventajas de la rapidez y el alcance de la Internet puede
provocar la engañosa impresión de una información de
calidad para todos. Es un espejismo parecido al que provocan
la inmediatez e impacto de la televisión: bajo la que
varios teóricos llaman la "cascada de la
información", el espectador se siente
"dentro" del proceso informativo, pero eso no
necesariamente quiere decir que esté bien informado.
Confrontadas
al desarrollo tecnológico vertiginoso de los últimos
años, algunas de las predicciones que hacíamos hace años
sobre los múltiples soportes de la información del fin de
siglo se quedaron cortas. Los avances ahora van desde la
posibilidad de recibir información en un teléfono celular
o desplegar el contenido de una novela o del diario de
nuestra preferencia en la pantalla de un computador
portátil, hasta los experimentos cotidianos de periódicos
regionales totalmente digitalizados y con actualizaciones de
información en tiempos reales.
Esta realidad
tecnológica ha provocado enormes cambios culturales y
económicos en los diarios. En consecuencia, no puede
declararse en la vanguardia quien -desde las empresas
periodísticas vistas en el mediano y el largo plazos- no
piense en un necesario perfil multimedia de la información.
Quien no perciba un enfoque global que va hacia la
horizontalización y la flexibilización del flujo
informativo, quien no reconozca la necesidad de información
cada vez más especializada apuntando hacia nichos
específicos de mercado; o aquel que no intuya que el futuro
está en la globalización pero al mismo tiempo en el
desarrollo de contenidos locales como valor agregado.
Estos son, a
grandes rasgos, los parámetros de la prensa mundial que
deben ser confrontados, empero, con la realidad específica
de cada región, y en el caso que nos ocupa con la de
América Latina y el Caribe.
Los
beneficios de los avances tecnológicos, como no pasará
inadvertido para nadie, si bien tienden a masificarse y a
expandirse con relativa velocidad, no cubren a la mayoría
de la población. Ni tampoco, en la práctica, son garantía
de una información de calidad. En el caso específico de
los diarios, en la región se ha producido una pérdida de
lectoría. No se trata del mismo caso observado en Europa en
años pasados pero con tendencia a reducirse, cuando los
usuarios mutaban sus hábitos básicamente de la mano del
desarrollo tecnológico. Si bien en América Latina y El
Caribe sí se percibe una incidencia de este profundo cambio
en la cultura de la comunicación, la razón más gravitante
para la menor lectoría puede ser atribuida a la pérdida de
la capacidad adquisitiva de la población.
Todo este
diagnóstico no apunta hacia otra parte que pasar a perfilar
en breve lo que, desde nuestra experiencia y nuestras
reflexiones como EL COMERCIO, es el futuro de los
periódicos en el mundo y en la región.
Quiero
insistir, sin embargo, en el diagnóstico de una autoridad
como Michael Dertouzos, director del Laboratory for Computer
Science del Massachussetts Institute Technology (MIT), quien
en su libro "Qué será" trata de justipreciar los
impactos de la nueva realidad tecnológica y comunicacional
en nuestras vidas.
Este autor,
protagonista de las más importantes innovaciones en la
informática, pronostica que "el mercado de la
información afectará a una parte inmensa de nuestras
actividades e influirá aproximadamente en la mitad del
poder económico de las naciones industriales, aunque no
sabemos en qué proporción. También es seguro que nos
veremos inundados de montañas de infobasura y que
seguiremos necesitando intermediarios que nos ayuden a
encontrar en ella las pepitas (de oro) que necesitamos. Por
último, el valor de la información nos conduce a una
conclusión más cierta, y menos optimista, acerca de las
naciones y de las personas más pobres del mundo. Abandonado
a sus propios mecanismos, el mercado de la información
exacerbará el abismo entre ricos y pobres.
Las naciones
(y las personas) ricas requerirán estrategias concertadas
para abordar esta situación indeseable y potencialmente
peligrosa".
Ése es el
escenario tecnológico y económico cambiante que no hay que
perder de vista y en el que intentaré el esbozo que
compartiré con ustedes.
Una de
nuestras convicciones más fuertes es que, cualquiera que
sea el soporte tecnológico de la información, ésta pasa
por el requisito indispensable de la credibilidad. La
denominada infobasura, cada día más abundante en una red
mundial cuyo mal mayor es la falta de jerarquización,
ratifica la necesidad de información creíble. Esto ha
hecho que las empresas periodísticas serias reafirmen sin
rodeos el objeto central de su negocio: la producción de
contenidos, desde luego con la suficiente diversificación y
profundidad pero con grandes estándares de calidad.
Dicho en
otras palabras, se vuelve necesario flexibilizar la puesta
en escena de una serie de contenidos que, hoy como ayer,
tienen que apelar a procedimientos periodísticos rigurosos
que sustenten en mejor activo de las empresas de
comunicación: su confiabilidad.
Hay al menos
dos consecuencias inmediatas de esa definición: la primera
es la necesidad de avanzar hacia un perfil multimedia de las
empresas periodísticas y por ende de los periodistas. La
segunda es desarrollar un buen concepto corporativo, pues la
multiplicidad de soportes lleva a la necesidad de
diversificar los contenidos a partir de una puesta en escena
que, si bien parte de una misma matriz informativa, necesita
un tratamiento especial en cada caso.
Las empresas
periodísticas del nuevo milenio se ven precisadas a ser
más eficientes y a aprovechar su potencial informativo
adaptándolo a los distintos medios. Por ejemplo, un mismo
proceso noticioso puede ser puesto en escena con mayor
densidad en el periódico de papel y con mayor
interactividad -eso no quiere decir superficialidad- en el
periódico electrónico.
Hay un punto
adicional que tiene que ver con el perfil de los
periodistas: ya mencioné líneas arriba que el negocio de
la información demanda mayor especialización en los
contenidos y al mismo tiempo mayor versatilidad en su puesta
en escena. Como sabemos, las universidades locales no
proveen a los medios de este tipo de profesionales.
Siguiendo la práctica de algunos medios extranjeros, EL
COMERCIO se ha visto precisado en más de un caso a
conseguir en las facultades especializadas de Economía,
Ciencias Políticas o Medicina, a valiosos graduados con
quienes ha debido trabajar a marchas forzadas para
proveerles de las herramientas periodísticas necesarias.
El concepto
que está por detrás de esta compleja operación es el de
una audiencia cada vez más exigente sobre temas
específicos, que decididamente no puede ser suplida desde
el generalismo. Cabe recordar aquí que algunos países
europeos exigen, antes de la especialización periodística,
una carrera completa en cualquier área. De esta manera, se
le asegura al consumidor un contenido certero manejado por
quienes conocen profundamente un tema -las bolsas de
valores, las epidemias, los daños ambientales, el
desarrollo del software, etc-.
Al tiempo de
ser especializado, el periodista contemporáneo necesita ser
más flexible y adaptarse a un modelo multimedia que le
permite moverse mejor en un escenario cambiante y más
exigente. Estos dos retos han cambiado los conceptos
formativos casa adentro y seguramente le demandan esfuerzos
adicionales a las empresas de información.
Mencioné
aquí el tema de la corporativización, que seguramente
será tratado en sus aspectos positivos y negativos en las
próximas charlas.
En el caso
específico de EL COMERCIO, nuestra intención es potenciar
los recursos frente a mercados flexibles y cambiantes a los
cuales no podemos dejar de llegar.
También
existe la convicción de que una empresa de producción de
contenidos informativos tiene que fortalecerse en esas
tareas específicas, pues vemos con preocupación la
verdadera catástrofe provocada en el país durante los
últimos meses a causa de la vinculación de determinados
medios con grupos de poder. Esta crisis que empezó en el
sistema financiero ha terminado por impactar en la
credibilidad de los medios en general y deja una lección
que debería ser asimilada más temprano que tarde: el mayor
activo de un medio de comunicación, su credibilidad, se
pone en juego cuando está de por medio el conflicto de
intereses. Por eso se vuelve indispensable no contaminarlo y
más bien fortalecerlo.
En tiempos de
crisis, es necesario tener la suficiente lucidez como para
saber que éstos pueden convertirse en tiempo de
oportunidades, aunque ello cueste sacrificios en el corto
plazo. Un concepto muy ligado a esta visión flexible del
nuevo periodismo es la producción de productos regionales
que los acerquen a las comunidades. El sentido de
pertenencia, un valor posmoderno por excelencia, está
demostrando ser un motor muy importante en tiempos de
globalización. Aquel dicho nuestro sobre la necesidad de
"tener antenas y tener raíces" se ha ido
plasmando a partir de productos como Mi Región Santo
Domingo y hace pocos días Mi Región Ambato. A partir de un
semanario esperamos poder desarrollar diarios con un fuerte
sentido regional e incluso como una alternativa al diario
nacional, este último un concepto más rígido que también
parece destinado a mutar.
Una de las
conclusiones a las que llegaron empresarios de la
comunicación reunidos hace cinco meses en San Francisco,
Estados Unidos, es que el futuro de la empresa de prensa es
convertirse en proveedora de contenido local en cualquier
soporte y a través de cualquier tecnología.
No en vano,
se dijo en esa ocasión, el sector se está enfrentando a
los cambios más profundos y con más repercusiones de la
historia del periodismo escrito.
Desde luego,
el camino está plagado de dudas. Hasta hoy no se sabe, por
ejemplo, si es mejor mantener los periódicos online
separados o juntos con los de papel. Por la primera
posibilidad militan quienes creen necesario estimular la
competitividad y la diferenciación entre los dos medios. Lo
que no podrán estar en ningún caso es desintegrados, como
no podrá estarlo ningún otro producto multimedia en torno
a una empresa informativa. Ahí es donde cabe insistir en la
idea de corporatividad bien entendida y no solamente
dirigida por el norte de los resultados económicos. En
medio de este debate está la conveniencia o no de formar
periodistas capaces de producir un solo contenido
susceptible de multiplicarse hacia distintas plataformas.
Me queda
todavía por mencionar otro fenómeno colateral al tema de
los diarios y que se refiere a la aparición de los
periódicos alternativos que son gratuitos. Es otro
escenario en el que las empresas de información están
llamadas a cumplir un papel, especialmente tomando en cuenta
que de esa manera pueden cubrir un campo de lectores que
normalmente no tiene acceso al otro tipo de prensa por falta
de capacidad adquisitiva. Aunque su poca densidad
informativa y sus fines publicitarios específicos no los
mantienen como una gran opción comunicacional, es necesario
tenerlos en cuenta al momento de definir por dónde debe
moverse la prensa regional en los próximos años.
Espero
sinceramente que esta charla haya ilustrado, de alguna
manera, la complejidad del tema y que haya aportado
elementos de análisis desde la experiencia específica de
EL COMERCIO. Este ejercicio es útil para concluir que se
trata de un campo riesgoso que demanda readecuaciones
tecnológicas, empresariales y conceptuales urgentes pero
sobre todo para reafirmar que, pese a las dificultades y a
los retos del cambio, los periódicos en América Latina y
el Caribe sí tienen futuro.