por
Ponciano Arriaga
Con la ausencia del presidente
Bill Clinton y la presencia de Fidel Castro, Vicente Fox asumió
la presidencia de México, el país con mayor población de
habla hispana del mundo.
Por primera vez en 71 años el
país azteca será gobernando por un presidente que no surge del
Partido Revolucionario Institucional (PRI), que construyó una
sociedad basada en la idea del Estado- Partido como regulador y
gestor de fuertes expresiones corporativas.
A pesar de que Fox es un hombre
con las botas puestas, se dice que nunca lo han visto vestir
zapatos, se encontrará con un país que reclamaba a gritos el
fin del dominio del PRI, pero que a la vez no está acostumbrado
a que las acciones del Estado se desarrollen en un marco de
transparencia.
Junto a este problema que deberá
encarar con energía e inteligencia para ir desmontando
paulatinamente el aparato y la cultura priísta, Fox ha dado una
contradictoria señal a Estados Unidos al designar cono
Canciller al izquierdista Jorge Castañeda, un viejo e
inteligente rival de los rubios del norte.
Fox, un empresario conservador y
de raigambre católica - estudió en colegios jesuitas- , se ha
transformado en el líder de los sectores más jóvenes de la
sociedad mexicana, cansados de la corrupción y el autoritarismo
del PRI. Esta contradicción entre lo que es Fox y lo que
aspiran sus votantes, puede ser otro de los cuellos de botella
de un gobierno que nace sin experiencia y con apoyos
contradictorios.
A nivel mediático ya dio
señales claras, cuando antes de asumir acudió a la basílica
de la Virgen de Guadalupe y luego desayunó con niños
marginados, dos compromisos asumidos en la campaña electoral.
Ya con la banca presidencial,
Vicente Fox, lanzó señales de guerra a la corrupción al
afirmar que :los grandes corruptos del pasado, del presente y
del futuro rendirán cuentas, no habrá para ellos borrón y
cuenta nueva, no habrá piadoso olvido para quienes
delinquieron".
A la vez el novel presidente de
los Estados Unidos Mexicanos lanzó una clara señal hacia el
sub comandante Marcos, cuando afirmó que " en Chiapas
serán las acciones, no las palabras huecas el eje vertical de
una nueva política federal y presidencial que conduzca a la
paz".
Y para ser más preciso agregó
que los indígenas "tendrán una oficina al lado de la
Presidencia, porque no queremos intermediarios sino diálogo
directo con ellos". De inmediato retirò unos kilómetros a
las fuerzas militares apostadas en Chiapas.
En el plano de la economía, este
hombre de 58 años de edad y con aspecto de ganadero de Estados
Unidos, se comprometió a no privatizar la petrolera Pemex y
tampoco el ente estatal de la electricidad.
Sobre la educación dijo que
será la columna vertebral del desarrollo, se comprometió a
elevar su presupuesto y que no privatizará las universidades
estatales.
Desde el pasado 1ero de diciembre
México ha entrado en una nueva modernidad de su democracia,
donde parece abrirse el camino del cambio de los partidos en el
gobierno. Hasta ahora ésta es la única certeza.