por
Gabriel Varela
Cerrá y
vamos(*), que contra lo que su título sugiere no es un
programa ómnibus, es sí una propuesta alternativa y
renovadora dentro del panorama de los programas futbolísticos
en televisión.
El ingreso al
periodismo deportivo de las nuevas generaciones parece
refrescar algunos códigos y descontracturar la mirada sobre
el más popular de nuestros deportes. Lejos del gesto adusto
tan común entre sus colegas mayores, esta generación, de la
que los cuatro conductores de Cerrá y Vamos son una
buena representación, tiende a cambiar lo trascendente por lo
lúdico, la crítica cerril por la empatía cómplice y las
opiniones desde el púlpito por planteos tentativos siempre
tendientes a sumar. Esta forma de pararse, que no descuida la
buena información, parte de una mirada contextualizada que
parece comprender al fútbol, sin desconocerlo como fenómeno
sociocultural, como un deporte, como un juego. Seguramente el
dato de la formación es determinante.
Tres de los
cuatro integrantes del equipo en pantalla han cursado estudios
terciarios de comunicación y, por poco definido que (según
algunas opiniones entendidas) el corpus teórico y práctico
de estas carreras aparezca, su efecto de ampliador de
universos no podría ser negado. Este perfil que Piñeyrúa y
Delgado, por características personales y por haber
encontrado la plataforma adecuada en los equipos de Moreno y
Piñeyrúa (padre), han podido desarrollar con mayor libertad,
define las opciones de Cerrá y Vamos.
Desde esa
perspectiva notas comunes a cualquier programa del estilo como
entrevistas a futbolistas, diferenciadas, eso sí, por el
detalle no menor de la igualdad generacional entre
entrevistados y entrevistadores, o el clásico repaso de las
imágenes de la jornada, alternan con momentos de producción
propia que apuntan directamente al humor o a la reflexión
alternativa. Así, por ejemplo, las opiniones analíticas del
semiólogo Fernando Andacht o el análisis estético de la
evolución de la vestimenta futbolística del diseñador Oscar
Alvarez, se complementan con las noticias graciosas (recurso
menos innovador) del Arbolú o el gag de la cartelera de
espectáculos. Los títulos del final declaran un detalle
evidente en el desarrollo del programa: la existencia de un
libro, un estructura creativa que sostiene el andamiaje y
protege a los presentadores y sus características/cualidades
individuales. Es claro que el trabajo de Fernando Schmidt
tiene en cuenta la desfachatez de Piñeyrúa y Delgado o la
seriedad de Joel Rossemberg para potenciar sus desempeños
ante cámara. Diego Muñoz, en una media puntada entre los
extremos, es todavía, en términos de personaje mediático,
el menos definido.
La opinión
acerca de cierto sesgo aporteñado del planteo podría caber.
Pero, en todo caso, la calificación actuaría en doble
sentido. Podría advertirse, por ejemplo, en algunas notas de
Rafael Villanueva, el hombre en exteriores, cierta apelación
gratuita al humor de la cintura para abajo. Podría
cuestionarse la efectividad del segmento del streap-tease que,
tal vez contrariamente a la intención original, funciona más
como asimilación que como parodia. O podría detectarse un
toque agresivo y de gusto dudoso en el nombre (Dra. Chochandi)
asignado al personaje encargado de formular preguntas a la
audiencia. La soltura y la desacralización en la actitud
periodística, en cambio, podrían también verse como
influencias del otro lado del río que, si no llegan al
"nada importa nada", juegan a favor. Pero claro,
unos y otros, son detalles contenidos dentro de un planteo que
baja el perfil trascendental, que no sobredimensiona el papel
del periodista, que no parte de la actitud de actor del
fenómeno tan frecuente en sus colegas más renombrados, que
no cae en el "nosotros lo habíamos dicho". Que, en
fin, pone las cosas en su lugar.
(*) Cerrá y
Vamos. Domingos 23:30 a 1:00, canal 10.