Del 18/12/00 al 31/12/00
Montevideo Uruguay


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¿Hay salida para Colombia?
Actores, causas y consecuencias de un
conflicto cada vez más denso.

Por Margarita M.Orozco Arbeláez, periodista colombiana

Cuando se habla de "violencia en Colombia" se corre el riesgo de emplear una fórmula que muchas personas entienden de diferentes modos. Unos piensan en los horribles crímenes del narcotráfico, con sus asesinos a sueldo o "sicarios", sus bombas y sus implacables atentados contra jueces, periodistas y políticos honrados. Otros piensan en los grupos paramilitares con las espeluznantes masacres, mutilaciones y torturas de sus víctimas. Otros, recuerdan las emboscadas guerrilleras, los atentados contra oleoductos y las empresas extranjeras, las ejecuciones en masa de personas desarmadas de diversa edad y condición. Otros, en fin, traen a la mente los secuestros, los robos, la delincuencia brutal de las ciudades y los campos, en un país que ostenta las más altas cifras de muertos por causa de violencia en todo el continente americano, con 40.000 víctimas cada año.

Pero sea cual sea la imagen que uno tenga en la mente cuando pronuncia la expresión "violencia en Colombia", quedan siempre en pie estos hechos terribles: en las ciudades y regiones más densamente pobladas del país, la primera causa de muerte es el asesinato o el homicidio y la segunda, el infarto cardiaco. Colombia tiene el récord mundial de secuestros, con un índice de un secuestro cada seis horas y más del diez por ciento del total de periodistas asesinados en el mundo entero en los últimos cinco años son colombianos.

Paralelamente Colombia tiene, igualmente, el récord mundial en cantidad de organizaciones independientes ocupadas en la defensa de los Derechos Humanos. Hay comités regionales y locales, organizaciones de abogados y centros que se especializan en la defensa de determinados grupos de población, por su identidad étnica o cultural, por su actividad profesional, etc. Sin embargo, la gran diversidad de estos grupos no parece obedecer a la necesidad de extender la solidaridad a todos los sectores de la población civil afectados por la violencia, sino más bien a la urgencia que tiene cada grupo de asegurarse para si y para sus allegados una defensa que los otros grupos no les ofrecen, por exclusión sectaria o por otras razones ideológicas o políticas. En otras palabras, la enorme diversidad y dispersión, la falta de unidad y de coordinación en los trabajos por los Derechos Humanos, no son sino el reflejo de la trágica dispersión, división y fraccionamiento de las fuerzas y corrientes políticas del pueblo colombiano.

Ahora bien, ¿cuáles son los actores y las causas del conflicto armado en un país que tiene un inmenso territorio rico en una gran variedad de recursos naturales y minerales, con un clima apto para la plantación de vegetales exóticos?

Los grupos guerrilleros

El movimiento guerrillero, cuyos núcleos iniciales surgieron en Colombia 10 años antes de la revolución cubana, en un contexto que no favorecía sus posibilidades de hacer tránsito hacia el éxito revolucionario. Sin embargo, debido a múltiples factores, se crearon condiciones para la consolidación de estos focos insurgentes. De esta manera, se produjo un fenómeno de "insurgencia crónica" similar en sus rasgos generales a las experiencias vividas en Filipinas y Guatemala , países en los cuales la guerrilla logró también consolidarse sin poder, no obstante, alcanzar sus objetivos finales.

Después de un fenómeno de declive y de crisis durante la década de los años setenta en el cual la guerrilla estuvo a punto de desaparecer, se produce una recomposición y una fuerte y renovada expansión a partir de 1980. Esta expansión, cuyas raíces son complejas, se logra entre otras razones gracias a los recursos del narcotráfico y a los impuestos a las compañías petroleras.

¿Cuál es la estrategia actual de los grupos guerrilleros en el plano militar? Primero la estrategia centrífuga, es decir, el modelo de desdoblamiento de frentes, aumento del número de hombres y expansión difusa en todo el territorio nacional continúa estando vigente. Se trata de una estrategia de expansión desde las zonas de colonización hacia regiones con actividades económicas dinámicas (petróleo, oro, carbón, agricultura comercial) y hacia los centros administrativos y políticos más importantes del país, mediante las llamadas milicias urbanas.

Segundo, para poder sostener esta fuerte y sostenida expansión guerrillera, los grupos insurgentes están buscando diversificar sus fuentes de financiamiento, gracias a una delimitación de fronteras muy endeble entre lo político y lo criminal. Si bien se mantiene la tradicional depredación de sus "enemigos internos" mediante el secuestro, se multiplica la extorsión a los productores y traficantes de drogas, y a las industrias petroleras, mineras y agroindustriales.

Tercero, dada la imposibilidad de llevar a cabo acciones militares de valor estratégico, así como de sostener un accionar militar continuo, tanto las FARC como el ELN ha tomado la decisión de aumentar su influencia a nivel local: esta influencia busca, no sólo un control territorial sobre áreas de valor estratégico, sino las redes de poder municipal. En efecto, la descentralización político - administrativa, la transferencia de recursos hacia los municipios y la elección popular de los alcaldes (intendentes), ha incentivado a los grupos armados, tanto a los de izquierda como a los de derecha, a la búsqueda tanto de un control político como de recursos económicos municipales (el llamado "clientelismo armado").

"Empate negativo"

En Colombia, desde hace ya más de una década, se presenta un "empate negativo" entre las fuerza armadas y los grupos guerrilleros. Esta noción, de la que se habla hace ya algunos años, buscaba diferenciarse de la noción más comúnmente utilizada como "empate militar" (o de equilibrio estratégico) que parece que no resulta apropiada para describir los rasgos propios del conflicto colombiano.

Esta última fue propuesta, inicialmente, por el general José Joaquín Matallana en una obra que abrió un agudo debate a mediados de los años ochenta y según la cual, ni la guerrilla tenía capacidad para derrotar al ejército ni el ejército tenía recursos suficientes para derrotar a la guerrilla, lo cual obligaba a la búsqueda de una salida negociada al conflicto armado.

La noción de "empate negativo", por el contrario, sostiene que si bien las fuerzas armadas han perdido la iniciativa táctica en el campo de batalla, mantienen una clara superioridad estratégica . Pero si las fuerzas militares no replantean a fondo su capacidad operativa a mediano plazo podría verse afectada la estabilidad institucional del país. De ahí la urgencia de unos cambios en el plano específicamente militar, ante todo sabiendo que la negociación de paz en que se halla actualmente embarcado el país se hará en medio de la guerra.

¿Grupos paramilitares, de autodefensa o guerrillas de derecha?

Desde fines de los años setenta, emergen en Colombia organizaciones armadas de distinto tipo como reacción a los grupos guerrilleros que comienzan a reactivarse en estos mismos años. Estas organizaciones armadas traen la expresa justificación de tratar de llenar el vacío del estado en su débil capacidad de contrainsurgencia.

En una primera etapa, se trata ante todo de grupos de autodefensa regional enraizados en las comunidades locales. Pero, a medida que transcurre el tiempo, ganan capacidad de movilización y poder ofensivo, ante todo gracias al apoyo de las mafias del narcotráfico o de las esmeraldas, lo cual les permite ir adquiriendo cierta complejidad organizativa. Finalmente, en los últimos dos o tres años bajo el liderazgo de Carlos Castaño y sus autodefensas de Urabá y Córdoba están intentando transitar hacia una suerte de guerrillas de derecha, provistas de un mando único y un discurso coherente. Se trata de la creación de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

¿Hacia una guerrilla de derecha?

Probablemente lo que más impacta en los documentos recientes de la AUC es su carácter político, es decir, su intento de proyectar una justificación ideológica a sus acciones contrainsurgentes.

Con mucha habilidad, las AUC platean que los objetivos finales de su movimiento (la reforma agraria, la solución a la cuestión de los desplazados, la superación de la pobreza) no se distinguen de aquellos de la guerrilla, salvo por la perspectiva política que anima a unos y a otros. Este es el rasgo populista de derecha de su propuesta, el cual se relaciona íntimamente con el ofrecimiento de sectores terratenientes para proponer un importe blanco de tierras en el marco de una eventual negociación de paz.

El rasgo extremista está determinado, obviamente, por las modalidades de acción de estos grupos fundadas en el terror generalizado, el asesinato selectivo y las masacres. Es decir, un orden vertical y autoritario, en el cual rige una dinámica perversa de amigo/enemigo. El elogio descarnado de las autodefensas a la política de "tierra arrasada" realizado en la ciudad de Mapiripán en la provincia del Meta, en donde fueron fusilados sin fórmula de juicio decenas de supuestos colaboradores de la guerrilla, es una simple constatación.

Los grupos de autodefensa tienen un origen muy diverso. Algunos fueron creados por grupos de hacendados y políticos locales fatigados contra los excesos criminales de la guerrilla, en el plano de los secuestros y la extorsión. Otros fueron impulsados por narcotraficantes tales como el desaparecido Gonzalo Rodríguez Gacha para no continuar pagando el impuesto de guerra, el llamado "gramaje" a las FARC. Otros fueron directamente conformados por oficiales del ejército en el marco de la contrainsurgencia. Finalmente, otros fueron constituidos por conocidos líderes de las minas de esmeraldas.

II

¿Es posible un triunfo militar?

Las sucesivas y cada vez más preocupantes derrotas que están sufriendo las fuerzas militares exige llevar a cabo un inaplazable debate nacional . En Colombia desde los inicios de los años noventa, se ha dado un aumento gigantesco del gasto militar y del pie de fuerza. El presupuesto de las fuerzas militares ha crecido en más del 400% y el ejército pasó de 60 a 120 mil hombres. Sin embargo, los resultados de su accionar son cada vez más precarios. ¿Cuáles son las raíces de esta ineficacia creciente?

En primer lugar, si bien las fuerzas militares mantienen una clara superioridad estratégica frente a los grupos guerrilleros (número de hombres, recursos, logística), ha perdido totalmente la iniciativa táctica en el terreno de batalla. Hasta hace poco años, las FARC se limitaban a llevar a cabo emboscadas similares a las que realizaban las guerrillas comunistas ya en los años cincuenta. Pero gracias al asesoramiento de expertos salvadoreños, en los últimos dos o tres años han comenzado a actuar en unidades militares con varios centenares de hombres. A pesar de esta transformación evidente, el ejército continúa actuando con pequeñas unidades cuya función es contactar a la guerrilla, demandar el apoyo de tropas aerotransportadas e intentar crear cercos de aniquilamiento. Debido a la superioridad del potencial de fuego de la guerrilla en el terreno de batalla, una vez llegan las tropas de refuerzo las unidades militares ya ha sido aniquiladas.

En segundo término, en Colombia, las FARC y el ELN en vez de concentrarse en grandes unidades militares decidieron dispersarse en decenas de frentes guerrilleros a lo largo y ancho de la endemoniada geografía del país. El ejército cayó en la trampa e igualmente comenzó a dispersarse en decenas y decenas de brigadas, batallones y puestos militares. Pero, mientras que la guerrilla mantuvo intacta su movilidad táctica el Ejército terminó apuntalando a tierra. Hoy en día más del 70% del Ejército Nacional está protegiendo instalaciones militares, centros urbanos, oleoductos o torres de energía. Existen pocas unidades móviles y sólo veinte mil soldados profesionales. ¿Cómo obtener éxitos militares cuando solo existen veinte o treinta mil hombres para enfrentar más de cien frentes guerrilleros?

En tercer lugar, ¿cómo es posible que, como ha ocurrido recientemente, 300 o más guerrilleros puedan cercar una unidad militar sin ser detectados? Esto implica dos cosas: por un lado, fallas protuberantes en la inteligencia militar y por el otro, ausencia de apoyo de la población campesina.

El vacío de inteligencia podría ser llenado por la población campesina en la medida en que sirviera de ojos y oídos a las unidades militares en las zonas de guerra. ¿Por qué no cumple esta función? ¿Será que perciben al ejército no como un aliado sino como una fuente de depredación y violencia contra la población? Es necesario no sólo mejorar la inteligencia militar en las zonas rojas, sino, ante todo transformar de manera radical las relaciones entre el ejército y la población civil.

La ausencia de directivas políticas de las autoridades civiles cuyo desconocimiento y desprecio de los temas militares es ya tradicional, la improvisación en el nombramiento de ministros de defensa sin ninguna noción del tema militar así como el vacío de una estrategia nacional a largo plazo se hallan en la raíz de los desastres que ha estado viviendo el país en este terreno.

Perspectivas futuras

Colombia no puede, bajo ningún punto de vista, continuar por la vía de la privatización de la guerra y de la seguridad ciudadana, con una pérdida cada día mayor del monopolio de las armas y del monopolio de la justicia. El estímulo o la convivencia pragmática con los grupos paramilitares constituyen dos políticas absolutamente condenables, pues lejos de disminuir las dimensiones del conflicto las agrava y las ahonda.

El estado debe decidir si los combate sin titubeos como a delincuentes comunes o abre el camino para su eventual incorporación a la vida civil mediante su reconocimiento como actores políticos. Pero la ambigüedad debe cesar. Cada día que transcurre va cerrando totalmente las posibilidades de la segunda opción: ¿cómo ofrecer amnistía a unos grupos que día a día comenten más y más crímenes de lesa humanidad, los cuales por principio están excluidos de una política de perdón y olvido?

Colombia se halla en el ojo del huracán. No ha logrado superar el conflicto insurgente que constituía el eje de la agenda internacional en tiempos de la confrontación Este/Oeste y debe responder a las exigencias de la agenda mundial de la posguerra fría: derechos humanos, medio ambiente, corrupción y drogas ilícitas. Con lo cual, día a día, se ahonda su vulnerabilidad internacional. LA ONDA® DIGITAL


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