por
Juan Manuel Ruíz
Me llamó
mucho la atención el encabezado que incluía la frase:
"Desde la fe también se puede hacer ciencia" y
leí lo que finalmente fue una entrevista con el rector de
la Universidad Católica. A mí me parece que la fe, la
ciencia y la educación forman parte de " los grandes
temas" de la cultura de nuestro tiempo, pero en la
entrevista solo encontré información muy escueta y más
bien de tipo administrativo.
La primer
duda que tuve fue ¿por qué sicología, enfermería y
odontología son carreras nuevas? Y a partir de ahí mi
mente comenzó a hacerse mas preguntas: ¿cuáles serían
las carreras que ya existen? ¿Por qué les resultan
importantes esas tres carreras en un país tan pequeño? Y
finalmente ¿cómo hace la Universidad Católica del Uruguay
para decidir que carreras ofrece y cuáles no?
En México,
como en casi todos los demás países, las Universidades
públicas y privadas coexisten. Solo aquí en la ciudad de
México existen al menos 10 instituciones universitarias
distintas y en los estados de la república mexicana por lo
menos habrá una universidad pública y otra privada; el
gran número de instituciones en la ciudad de México es
justificable ya que posee una población muy grande: 25
millones de habitantes en nuestra zona metropolitana y
ciertamente que tenemos una gran cantidad de estudiantes y
egresados con estudios de nivel profesional;
Sin embargo,
esta enorme oferta de educación superior no nos lleva a
ninguna parte, como ejemplo diré que tan solo en el área
de licenciatura en Diseño Gráfico, anualmente hay unos
6000 egresados de los cuales la inmensa mayoría no
obtendrá un empleo. La situación se complica en muchas
otras carreras, sobretodo en las áreas de ciencias
sociales, ciencias administrativas e incluso medicina,
porque, a pesar de todo, son las carreras de mayor demanda y
las universidades se ven obligadas a ofertarlas para obtener
ingresos, de otro modo no sobrevivirían, no solo por las
razones obvias, sino porque es el único modo de mantener
aquellas carreras que realmente sí tienen impacto en la
vida económica del país.
Hace poco
tiempo una universidad privada elaboró un estudio para
tratar de determinar cuál sería la mejor carrera que una
persona podría estudiar en términos de desarrollo
profesional, oportunidad de empleo e ingresos aceptables. Se
tomaron como referencias las más importantes empresas
públicas y privadas analizando a sus cuadros directivos; el
dato más importante obtenido fue que la mayoría de los
directores en diversos niveles de estas empresas resultaron
ser Ingenieros Químicos.
El dato es
muy interesante, pero poco alentador, pues resulta que la
carrera de Ingeniería Química es una de las menos
demandadas, por lo menos en México, su costo es altísimo
pues los alumnos requieren de laboratorios muy bien
equipados además de bibliotecas especializadas y docentes
que no se consiguen fácilmente, así que el camino a seguir
es financiar esta carrera de indiscutible importancia con
recursos provenientes de la matrícula de las carreras más
solicitadas. Curiosamente esta universidad tiene una
significativa demanda en su carrera de filosofía aunque
nadie sabe a ciencia cierta cuantos filósofos puede
requerir anualmente una ciudad de 25 millones de habitantes.
Y es por este
asunto de las poblaciones que la entrevista con el rector
Mendizábal me pareció tan interesante, porque desde mi
punto de vista el rector de la Universidad Católica del
Uruguay tiene en sus manos una oportunidad única de crear
una institución que responda con eficiencia y eficacia a
las necesidades de un país con baja población, ya que en
número de personas la situación es muy manejable.
Pongamos un
ejemplo: si en México hubiera un índice de analfabetismo
del 10%, estaríamos hablando de casi el doble de la
población total del Uruguay, pero si en ese país hubiera
el mismo índice, el problema resulta ser mínimo,
fácilmente manejable.
El fenómeno
de la mundialización y los recursos tecnológicos que
actualmente están disponibles, aplicados en forma distinta,
podría lograr una educación de alto nivel convirtiendo en
ventaja una baja población estudiantil. Clases vía
satélite de un país a otro, asesorías por Internet,
visitas y consultas virtuales a otras universidades y a
procesos de producción son posibles y están disponibles,
solo falta unir las piezas y que las propias universidades
definan sus prioridades.