Del 01/01/01 al  28/01/01
Montevideo Uruguay


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El comercio electrónico (I)
Las famosas "www" y la cultura del consumo

por Oribe Irigoyen

Afirman algunos optimistas de la cibernética que en la gente ocurrió un cambio sustantivo: pasando de ser objeto de la ideología del consumo a convertirse en sujeto de una cultura del consumo. Así lo expresa, por ejemplo, Alejandro Piscitelli en su libro Post-televisión ( 1998 ), trayendo como testigo principal a Joan Costa del Centro de Investigación y Aplicaciones de la Comunicación Corporativa ( CIACC ). 

Se trata de la aparición y crecimiento de una nueva clase de consumidores informados y críticos (tesis de Joan Costa), comprobable en el Norte desarrollado, incipiente pero en real ascenso en el Sur rioplatense, que muestra rasgos distintivos: lee las fórmulas, va más allá de las fechas de vencimiento de los productos, compara la composición y variaciones de las mercancías locales e importadas, descree de las marcas, cada vez le importa menos lo que dice la publicidad y m s lo que los productos son o hacen. 

Esta tesis de Joan Costa, en confrontación con los argumentos de Jean Baudrillard (La transparencia del mal, 1991) acerca de la presente era del vacío y el simulacro, se apoya en un análisis crítico de la publicidad que considera obsoleta y golpeando en el vacío, con su psicología conductista y determinista por medio de imágenes de sexo y éxito para vender productos. Donde importa la imagen bronceada y apolínea del producto y no sus cualidades. 

Pero lo más sustancioso de la tesis es que propone a la Web (la famosas www o World Wide Web, expresión gráfica de Internet) como un nuevo soporte intelectual, a través de la pantalla. Aunque se asegura que todavía el 99% de la información del mundo está encerrada en el papel, se propone a los bits como sucesores excluyentes en la multimilenaria trayectoria de cambios de soportes de comunicación, en que la arcilla sustituyó a la piedra y cambió por el papiro, el pergamino, el papel - oh!, Gutenberg - y el celuloide. 

Hace más de quince años que la pantalla de la computadora se fue convirtiendo en un nuevo soporte gráfico con aspiraciones de hegemonía del conocimiento. Primero, los bits no derrotaron al papel - habrá que ver si lo logran - pero sí superaron las técnicas de impresión tradicionales a través de la impresora laser casera. Segundo, Internet y su Web, al principio solo confinada al texto y el blanco y negro, terminó por estallar en nuevas formas expresivas, textos, imágenes, colores y sonidos unidos a la distancia, múltiples formas de enseñar, aprender, entretener, aburrir, pero también negociar, vender y comprar... y si la economía entra en danza, la cosa es decisiva - oh!, Marx -. Ya la pantalla no era solamente un soporte gráfico, era multimediático. 

Cuando a Internet y su Web, red de redes con cerca de 30 millones de m quinas y 90 millones de usuarios en 1998, se les revistió con un sistema de hipermedia o interfaz gráfica (aporte de Tim Berners-Lee y Robert Caillou de CERN), que simplificó al máximo la relación cliente/servidor, la conversión de todo lo legible en una gigantesca trama de conexiones fue cosa hecha. Y la pantalla podía aspirar en serio a la hegemonía del conocimiento. 

Porque de ese modo el contenido de los documentos sería independiente de las plataformas - fueran ‚ éstas Windows, Mac o Unix - y de los programas específicos que los generaron - cualquier persona desde cualquier parte podría ver lo que hace cualquiera otra desde otra máquina.

Pero, asimismo, el contenido de los archivos sería multimediático - sonido, animación, gráficas, fotos fijas, imágenes, etc - y cualquier elemento de ellos podría estar relacionado con cualquier otro en cualquiera parte del mundo. 

Toda experiencia humana puede ser narrada, textualizada, visualizada, musicalizada, tratada en forma multimediática. Y como quien no quiere la cosa, las 3 w podían ser fuente de negocios... u séase, el comercio, eso que el hombre aprendió a hacer mejor, podía ser electrónico. LA ONDA® DIGITAL


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Enero 2001

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