Por
Raúl Legnani
Como en una partida de truco,
los actores políticos han ido mostrando gradualmente sus cartas
en las horas previas del nuevo milenio. Si bien todas las cartas
aún no están sobre la mesa, ya se puede trazar una perspectiva
de lo que puede pasar. Lo que sigue es un intento de conocer la
movida de un año que desde ya pinta compleja.
El plan del gobierno de
coalición. El presidente Jorge Batlle se propone encarar un
programa de reformas a nivel del Estado, que pasa por desregular
pero no se ha referido a privatizaciones y desmonopolizaciones -
sí lo ha hecho en ese sentido el ministro Alberto Bensión- ,
apertura de nuestra economía e integración al mercado mundial,
cuyo paso previo sería un acuerdo entre el Mercosur y el Nafta.
Es también un objetivo del Poder
Ejecutivo aumentar las exportaciones a 5 mil millones de
dólares y eliminar los impuestos al agro. Se piensa también en
incentivar a la construcción.
Sobre la política hacia las
empresas públicas, aparecen en la previa algunas diferencias
entre las manifestaciones de jerarcas de gobierno próximos al
doctor Batlle y el Foro Batllista.
Mientras que el entorno quincista
habla de desmonopolizaciones y no descarta las privatizaciones,
el forismo sale en defensa de la propiedad estatal de las
empresas públicas, no rechaza a priori la desmonopolización,
pero prefiere una reforma de la Constitución que incluya a las
empresas públicas dentro del derecho privado, logrando así una
mayor independencia de las empresas de las políticas centrales
del Estado.
Dentro de la coalición no surgen
mayores fricciones entre blancos y colorados, pero no se
descarta que en 2001 surjan algunas diferencias dentro de cada
colectividad. En el Partido Colorado las desavenencias pueden
presentarse por el lado de la política hacia las empresas
públicas. En el Partido Nacional las fisuras son múltiples. El
doctor Luis Alberto Lacalle es cuestionado por el resto del
Partido Nacional y no se descarta una arremetida para sacarlo de
la presidencia del Directorio. A la vez a Lacalle puede surgirle
un competidor en el Herrerismo, que puede ser el doctor Ignacio
de Posadas que encabezaría la renovación del sector.
El proyecto del Encuentro
Progresista. Ante la imposibilidad de incidir en un
Parlamento controlado por los votos de los dos viejos partidos y
a pesar de ser la primera fuerza electoral del país, el
Encuentro Progresista se afilia a la utilización de los
mecanismos de democracia directa.
En febrero apoyará un plebiscito
lanzado por el sindicalismo contra la Ley de Urgencia Uno, pero
se preocupación está centrada en derogar la asociación de
Ancel con el capital privado, transformando a la empresa en una
Sociedad Anónima. Para esto recurrirá al mecanismo de juntar
firmas, el 25% del padrón electoral, para convocar a un
plebiscito. Para ello tiene el plazo de un año.
Tampoco se descarta que promueva
una ley de iniciativa popular, con la idea de reformar la
Constitución con el fin de que el Parlamento tenga mayor
incidencia en la cosa pública. Detrás de estas intenciones,
está la idea de "plebiscitar" globalmente la
política económica del doctor Batlle.
La interna del EP aparece
tranquila, con el liderazgo del doctor Tabaré Vázquez
consolidado, y con la sola disonancia del general Líber Seregni
que no acompaña la utilización de los mecanismos de democracia
directa. Su mayor dificultad sigue siendo su limitado desarrollo
en el interior del país y la nueva situación creada entre la
Intendencia de Montevideo y el conflictivo gremio de Adeom.
La perspectiva del Nuevo
Espacio. Esta colectividad sufre de fuertes contradicciones
internas, donde se enfrentan, cortando grueso, dos corrientes.
Una encabezada por el senador Rafael Michelini y otra por el
diputado Iván Posada. El primero se inclina hacia un mayor
entendimiento con el EP, mientras que el segundo aspira a
provocar la irrupción de una tercera fuerza, que se cuele por
el medio, entre el gobierno de coalición y el encuentrismo.
Entre marzo y octubre de 2001 el
Nuevo Espacio tendrá su congreso, que se asegura establecerá
rumbos definitivos para las dos corrientes. El mayor problema
que tiene Michelini para aproximarse al EP, es su tradicional
rechazo a todo política que jerarquice los plebiscitos, pero su
apuesta es muy fuerte en favor de una sola izquierda, con
matices en su seno.