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Con
la aprobación de los estadounidenses se fue Clinton
por Rodrigo
Taibo
Bill Clinton
comenzó sus ocho años en la Casa Blanca sin mirar a América
Latina y el Caribe, aunque más tarde enmendó lo que muchos
consideraron un error.
Clinton fue el único
presidente estadounidense de la postguerra que pasó
sus primeros
cuatro años sin una visita oficial a América Latina.
Sin embargo, el
ansia de enmendar ese fallo permitió a sus asesores
convencerlo de
convocar la I Cumbre de las Américas, en diciembre de 1994 en
Miami, donde se
acordó construir el Area de Libre Comercio de las Américas
(ALCA).
Su
primer viaje a la región fue sólo por unas horas, en marzo de
1995,
cuando visitó
Puerto Príncipe para traspasar al entonces secretario general
de la ONU, Boutros
Boutros Ghali, la responsabilidad de las fuerzas que habían ocupado Haití
para deponer al general Raoul Cedras.
Mas
de dos años más tarde, en septiembre de 1997, hizo su primera
visita oficial a Sudamérica,
con escalas en Venezuela, Brasil y Argentina.
El
proyecto del ALCA no era una de las prioridades del demócrata
Clinton, quizás porque la
idea había sido lanzada por su predecesor, el republicano George Bush,
quien también negoció la incorporación de México al Acuerdo
de
Libre Comercio de
América del Norte (TLC).
Además,
la apertura comercial chocó desde el principio con la férrea oposición de los
sindicatos y los grupos ecologistas, aliados naturales del Partido Demócrata.
En
parte por ello, después de la entrada en vigencia del TLC con México
y Canadá, Clinton
no se arriesgó a invertir suficiente capital político y fracasó
dos veces
tratando de obtener del Congreso la autorización "fast
track" para negociar nuevos
acuerdos comerciales.
Finalizar la negociación quedará ahora en manos de George W.
Bush, quien ha anticipado que
hará un esfuerzo para tratar de lograr el "fast track"
durante los primeros
meses de su administración.
Clinton tuvo relativamente más éxito contribuyendo a
fortalecer las democracias en América
del Sur, frenando golpes de estado en Paraguay y Ecuador, y
salvando a México en 1995 de una debacle financiera que hubiera
podido repercutir
y socavar las instituciones del resto de Latinoamérica.
En
el caso de México, Clinton soslayó la oposición del Congreso
apelando a un fondo
discrecionario de estabilización del dólar, y autorizó un préstamo
de 20.000 millones
de dólares que sirvió como ancla de un paquete financiero por el doble de ese
monto.
La
medida frenó en pocas semanas la crisis financiera provocada
por el desplome del peso
mexicano, que quedó en los libros como "el efecto
Tequila" y tuvo fuertes
repercusiones en Argentina y Brasil.
Peter Romero, quien tuvo a su cargo las relaciones con América
Latina los últimos cuatro años
de Clinton, afirmó hace poco que el presidente demócrata cree haber
contribuído sustancialmente a la "marea democrática"
que -con excepción de
Cuba- envolvió a toda América Latina y el Caribe en la última
década del siglo
XX.
Reconoció, sin
embargo, que subsiste "un gran desafío" en Colombia,
y hay
países con
democracias vulnerables como Perú, Ecuador y Paraguay, mientras
Haití sigue
estancado en la construcción de un sistema democrático
pluralista.
El funcionario
defendió la política aplicada con Cuba, donde Clinton promovió los
contactos "pueblo a pueblo" y trató de mejorar las
relaciones, pero sus
esfuerzos quedaron cortados cuando un MiG cubano derribó dos
avionetas
civiles
desarmadas de la organización anticastrista "Hermanos al
Rescate", en
febrero de 1996.
El presidente
estadounidense, Bill Clinton, pasó su último día de trabajo
en la Casa Blanca gozando de una de las mejores tasas de
aprobación de su presidencia. Clinton dibujó un panorama
optimista del futuro de Estados Unidos en una despedida
televisada a la nación, pero no pudo resistirse a ofrecer un
pequeño consejo al presidente electo George W. Bush antes de su
retirada.
“Me siento
agradecido de poder entregar las riendas del liderazgo a un
nuevo presidente con el país en una gran posición para
enfrentar los desafíos del futuro”, dijo Clinton.
Sin embargo,
alertó contra alguna retirada de las responsabilidades
internacionales de Estados Unidos, exhortó a emprender más
acciones para remediar la pobreza global e insistió en que la
política fiscal debe estar enfocada en pagar la deuda nacional.
Este último
punto fue una advertencia clara contra el recorte de impuestos
de 1,3 billones de dólares propuesto por su sucesor
republicano.
“Mantener ese
camino conducirá a tasas más bajas de interés, mayor
prosperidad y la oportunidad de enfrentar nuestros grandes
retos”, dijo Clinton.
“Si escogemos
con sabiduría podremos pagar la deuda, lidiar con el retiro de
la generación de la posguerra, invertir más en nuestro futuro
y ofrecer un alivio impositivo”, agregó.
Terminó deseando
lo mejor a Bush para “enfrentar estos retos y para dirigir la
marcha de la libertad en este nuevo siglo”.
En lo que a sí
concierne, Clinton dijo que dejaba la Casa Blanca “más
idealista, más lleno de esperanzas que el día en que llegué,
y más confiado que nunca en que los mejores días de Estados
Unidos están en el camino”.
Clinton concluye
su presidencia con tasas de aprobación muy similares al popular
ex presidente Ronald Reagan cuando entregó el poder al padre de
Bush, el entonces vicepresidente George Bush, en 1989.
Una nueva
encuesta de CBS News divulgada el último día de su mandato
mostró que 68 por ciento de los estadounidenses aprueban el
desempeño de Clinton como presidente, la misma tasa de Reagan
hace 12 años.
La tasa de
aprobación de Clinton llegó al 73 por ciento en febrero de
1999, justamente después de haber superado el juicio político
en el Senado por el escándalo sexual de Mónica Lewinsky.
No obstante, la
encuesta de CBS reveló que los ciudadanos aún guardan
resentimiento por el escándalo, pues el 60 por ciento de los
participantes dijeron que los valores morales de Clinton no
concordaban con los de la mayoría de los estadounidenses.
Sólo el 32 por
ciento de los 1.086 adultos encuestados dijo que Clinton
expresaba lo que sentía, mientras que 64 por ciento considera
que él dice lo que los demás desean escuchar. LA
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