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Los
combustibles y las cartas del Presidente Jorge Batlle
por Raúl
Legnani
El presidente
Jorge Batlle ha tenido la habilidad y la inteligencia de saber
detectar cuáles son los temas que son parte de las
conversaciones diarias de los uruguayos.
Es así que se ha
transformado, de alguna manera, en vocero de esas inquietudes de
la sociedad y, a la vez, actúa como interpelante de la misma.
Cuando lanzó el
tema de las desigualdades salariales en la administración
pública y el problema del contrabando, logró meterse en las
mesas de los hogares, en los centros de trabajo y en las ruedas
de los boliches.
Durante días los
uruguayos debatimos sobre esas formulaciones del Presidente,
dividiendo muchas veces a la opinión pública. Pero lo que
quedó como trasfondo fue que Batlle puede comunicarse
directamente con la población, estableciendo un diálogo a
distancia, casi sin intermediarios.
Se puede discutir
(se debe) si esos planteos atienden o no a los problemas
fundamentales del país, que en este momento son la
desocupación, las urgencias sociales y la recuperación de
nuestra capacidad competitiva de nuestros productos de
exportación.
Pero lo que no
está en discusión, por lo menos así lo sentimos, es que
Batlle logra, con golpes de efecto publicitario, que la opinión
pública gire en torno a su figura y sus propuestas. Lo que se
ha visto reforzado en este mes de enero, en la medida que el
Presidente, con buen tino, no se ha dejado atrapar por la
religiosidad veraniega, mientras que el sistema político vive -
como siempre- la siesta de las vacaciones.
Mientras la
mayoría descansa, el Presidente trabaja y copa el mercado de
las comunicaciones con nuevas iniciativas. Y es en este marco
veraniego que prepara su ofensiva para todo el año, lo que
quedó claro en una reciente entrevista con el New York Times,
en la que aseguró que está dispuesto a reformar
"todo" el Estado.
Es así que
después de algunas dudas iniciales, pone su mira sobre el
futuro de Ancap. El tema de la nueva refinería de La Teja,
corazón del ente, cobra nueva fuerza e interés. Aunque detrás
de "si refinería no o refinería sí", Batlle prepara
el mayor golpe político que puede dar un gobernante si nos
referimos a esa zona de temas que son de interés público: la
rebaja de la nafta y de los derivados del petróleo.
Si con la lucha
al contrabando logró una manifestación de apoyo de los
fleteros de bebidas, (tendríamos que ir a la época de Pacheco
para recordar algo similar), es relativamente fácil imaginar el
nivel de apoyo que lograría si en los próximos meses pudiera
congelar o bajar el precio de la nafta y del gasoil.
En este sentido
solo basta recordar que el doctor Tabaré Vázquez ganó la
elección municipal de 1989 con la propuesta de rebaja del
boleto, medida que pudo concretar.
Es que en un
país en que por lo general no baja nada (parece ser una
economía contraria a la ley de la gravedad), una rebaja en ese
sentido va a significar una fuerte señal para el estado de
ánimo de la población, pero también para la economía del
país. El costo país se vería se vería reducido.
Batlle hace en
este sentido una apuesta fuerte y sale en busca de un socio,
complejo socio si los hay, que en este caso sería el presidente
de Venezuela Hugo Chávez, quien está sentado sobre un mar de
petróleo y es uno de los reanimadores de la OPEP. Por eso
Chávez estará de visita en nuestro país en marzo y
seguramente no vendrá a solicitar asesoramiento para elevar la
calidad del fútbol venezolano.
La jugada es
compleja, pero eso es lo que le gusta a Batlle que un día llama
a manifestar ante las embajadas de los paÍses de Europa para
que pongan fin al proteccionismo o que siempre recuerda como su
padre, Luis Batlle, no dudó en comprarle combustible a los
soviéticos.
Y es peligrosa
porque a Estados Unidos no le va a gustar nada que Chávez
extienda su influencia al sur del continente, más cuando la
economía estadounidense ya muestra síntomas de un
enlentecimiento en su desarrollo espectacular de la última
década.
El entendimiento
con Chávez puede ser una piedra en el camino para nuestra
aproximación como país al Nafta, el principal mercado
consumidor de nuestras carnes y que es, a la vez, la región que
más atrae a Batlle, entre otras cosas porque culturalmente se
siente más próximo de los anglosajones que de los latinos.
Para decirlo en
pocas palabras: Chávez viene en busca de la refinería de La
Teja, Batlle se prepara para negociarla a cambia de petróleo
más barato.
Los dos se
necesitan. Chávez quiere romper el cerco que le impone Estados
Unidos y que lo recuesta en exceso hacia Cuba, pero al mismo
tiempo sabe que no hay mejor negocio diplomático que el negocio
económico y financiero. Una Venezuela, que necesita a gritos
alimentos básicos, compitiendo en el sur de América en el
mercado del petróleo y con el visto bueno de presidente liberal
como Batlle, es un negocio completo.
Batlle, por su
parte, apuesta a la rebaja de los combustibles, lo que
significaría oxígeno para nuestra economía, lo que actuaría
como un relanzamiento de nuestra producción. A la vez estaría
dando señales a sus socios del Mercosur que Uruguay se apresta
a complementar su producción con la de un país relativamente
alejado de la zona, pero que puede integrarse a la región. De
esta manera Argentina y Brasil tendrían que replantearse el
relacionamiento con nuestro país, que ya no sería un simple
socio menor.
Así están las
cartas en el momento de darlas. Sobre el fin de la partida,
nadie sabe lo que puede pasar. Batlle tiene claro que habrá
refinería de La Teja si Venezuela invierte en ella, de no
ocurrir eso parece estar dispuesto a cancelar las obras que ya
se están realizando y optar por la compra directa de los
combustibles. Esto pondría en peligro la existencia misma de
Ancap, que sin una nueva refinería no podría obtener nafta sin
plomo, limitando nuestra capacidad de competencia en la región.
El tema es que
esto Chávez lo sabe, porque de alguna manera Batlle va a jugar
con las cartas vistas en el momento de la negociación. Por eso
habrá que ver cuánto es el interés de Venezuela en plantar
bandera en el cono sur, algo que no ha trascendido públicamente
con claridad.
De ese tire y
afloje, surgirá no solo el tipo de asociación de Ancap y
Pedevesa y quien invierte más en este negocio, sino que
también conoceremos, de concretarse el mismo, cómo va a
repercutir en el precio de nuestros combustibles.
Los jugadores ya
están sentados en la mesa. La partida recién comienza. LA
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