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Radios
comunitarias II
Universo
Local
por
Gabriel Varela
En mayo de 1996
El Puente FM, una radio de alcance barrial ubicada en La Teja,
al oeste de Montevideo sufrió un allanamiento, el primero, a
cargo de la Dirección Nacional de Comunicaciones, dependencia
del Ministerio de Defensa que entiende en todo lo relativo al
espectro radiofónico. El incidente amplificó la visibilidad de
una experiencia emprendida en 1994 por un grupo de vecinos que,
en general, no era conocida fuera de la zona. La repercusión
periodística generada entonces dio cuenta de la existencia de
este nuevo tipo de emisoras. Así proyectos como Emisora de la
Villa en El Cerro, Alternativa FM en el Paso Molino, Germinal FM
en Colón o Sembrando FM en el Hipódromo, entre otros,
comenzaron a conocerse.
Además de su
corto alcance este tipo de emisoras, cuyas primeras experiencias
uruguayas nacen a principios de los 90, comparten otras
definiciones que las diferencian de los modos de gestión
tradicionales: se trata de organizaciones sin fines de lucro, el
control de la propiedad pertenece a la comunidad en que
desarrolla su actividad y es la misma comunidad la encargada de
generar los contenidos. El objetivo, en palabras de algunos de
sus promotores, no es el de"hacer algo por la comunidad
sino más bien es dar a la comunidad la oportunidad para que
haga algo por ella misma desde el control de su propio medio de
comunicación". Partiendo, entre otros, desde estos
postulados es que los generadores de estos espacios han acuñado
la autodefinición de radios comunitarias.
En 1983, En
ocasión del Año Internacional de las Comunicaciones promovido
por Naciones Unidas, 600 participantes en experiencias de este
tipo se reunieron por primera vez en la ciudad de Montreal. Fue
entonces que, con fines de coordinación, intercambio y
promoción, se fundó la Asociación Mundial de Radios
Comunitarias (AMARC). La asociación se constituyó como una
organización no gubernamental internacional (ONGI), de
carácter laico y sin fines de lucro; con la misión,
especificada en sus folletos de presentación, de "promover
la democratización de las comunicaciones, especialmente de la
radio, para favorecer la libertad de expresión y contribuir al
desarrollo equitativo y sostenible de nuestros pueblos".
Desde entonces AMARC ha celebrado ya 7 asambleas mundiales. A la
última de ellas llevada a cabo en agosto de 1998 en Milán,
concurrieron representantes de 78 países. La asamblea de Milán
fue la primera en que el movimiento de radios comunitarias del
Uruguay estuvo representado.
La Declaración
de Principios de la asociación establece, entre otros, que los
miembros de AMARC:
· Contribuyen a
la libre expresión de los diferentes movimientos sociales,
políticos y culturales, así como a la promoción de toda
iniciativa que busque la paz y la amistad entre los
pueblos.
- Reconocen el
papel fundamental y específico de las mujeres para
establecer nuevas prácticas de comunicación.
- Expresan
por medio de su programación contenidos basados en los
principios siguientes:
- soberanía e
independencia de todos los pueblos; - solidaridad y no
intervención en los asuntos internos de otros
países;
- cooperación
internacional sobre bases de igualdad, reciprocidad y
respeto mutuo;
- no
discriminación por raza, clase social, género,
preferencia sexual, opiniones políticas o
religiosas;
- respeto a la
diversidad cultural de los pueblos;
- preservación
del medio ambiente.
Si bien el marco
establecido no hace referencia al modo de gestión y nada impide
que emisoras privadas o estatales que acuerden con los
principios pertenezcan a la asociación, la mayoría de las
radios integradas configuran una estructura de tercer tipo a la
que podría referirse como propiedad social. En Uruguay, como en
algunos otros países que establecieron sus leyes de
radiodifusión cuando los costos tecnológicos no auguraban aun
la aparición de este tipo de emisoras, el sistema no las
contempla. Según la legislación vigente, las radios
comunitarias, carecen de marco regulatorio. Luego las
interpretaciones variarán entre la acusación de ilegalidad
lisa y llana (posición proveniente normalmente de la
asociación de radioemisoras privadas - ANDEBU-) o la esgrimida
por la coordinadora de radios comunitarias (ECOS), abalada por
la opinión de algunos académicos (Casinelli Muñoz), según la
cual normas establecidas en Pacto de San José de Costa Rica
referido a la libertad de expresión, suscrito por nuestro
país, amparan este tipo de actividades. Sin que se perciban
urgencias legislativas por abordar el tema, sorteando
obstáculos, desde sus irregularidades técnicas y cualitativas
las radios comunitarias perviven, generando realidades antes que
esperando leyes.
Aunque tal vez no
exista todavía distancia suficiente para ensayar elaboraciones
teóricas acerca de la expresión vernácula de este fenómeno,
no parece demasiado aventurado inscribirlo dentro de la
corriente denominada desarrollo local. Los vientos provienen
desde rincones diversos. Por un lado desde sectores progresistas
que, crisis de la militancia mediante, encuentran en el trabajo
social volcado en la pequeña comarca una alternativa más
convincente que la discusión teórica del comité, cuyo
potencial renovador no aparece tan claro. Las certezas
políticas parecen tambalear, la fe en el cambio de origen
superestructural no es la misma. En tanto el esfuerzo
transformador del entorno cercano es evaluado, desde el punto de
vista del crecimiento social, como una inversión con efectos
positivos incuestionables. Desde otro lugar, generalmente
estructurado en forma de ONG o como expresiones locales de
agencias de cooperación, sectores académicos e intelectuales
propician, también, las opciones por lo local. Un tercer
elemento en juego, respecto al caso particular de las radios,
podría encontrarse el efecto seductor que los medios de
comunicación masiva, en tanto ámbito de expresión y trabajo,
resultan para las nuevas generaciones (baste examinar las
matrículas de las diferentes carreras de Ciencias de la
Comunicación durante los últimos años).
Consciente de los
riesgos endogámicos de estas experiencias, que fácilmente
podrían ser calificadas como respuestas al fenómeno de la
globalización, el planteo del desarrollo local pone el acento
en la conexión horizontal entre las diferentes experiencias.
Tender redes es una de las premisas básicas. Así antes de
esperar cooperación o asistencia desde sectores, estatales o
privados, superiores en los estamentos de poder, se busca el
intercambio y la retroalimentación con proyectos similares de
otros países. Lo que confiere, también, a estas experiencias
locales su rasgo global. El intercambio, más que nada de
saberes y apoyos políticos pero a veces también material, es
uno de los pilares de esta corriente. AMARC es, tal vez, la
expresión en el campo de la radiodifusión de esta forma de
acción social. LA
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