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La
noche que subcomandante Marcos le habló a los intelectuales del
mundo
Texto
presentado por el subcomandante insurgente Marcos en el
encuentro intercultural "los caminos de la dignidad:
derechos indígenas, memoria y patrimonio cultural"
celebrada el día 12 de marzo del 2001 en el deportivo de la
villa olímpica del Distrito Federal convocada por ENAH y con la
participación de José Saramago, Alain Tourraine, Manuel
Vázquez Montalbán, Bernard Cassen, Carlos Monsivaís, Elena
Poniatowska, Carlos Montemayor y Pablo González Casanova.
Tomado de la página spin.com.mx/-floresu/ FZLN
12 de marzo del
2001.
Buenas mediodías
tengan todos y todas:
Queremos
agradecer a la comunidad de la escuela nacional de antropología
e historia la oportunidad que nos dan de decir nuestra palabra
al lado de estas personas que, a su virtud de dar luz a las
palabras, suman su ser humanos que acompañan una lucha que sólo
se inscribe dentro de la más grande por la humanidad.
Comenzar esta plática
no es sencillo.
No sólo porque
las luces que nos acompañan deslumbran y dejan muy pocos
espacios oscuros, lugar predilecto para las sombras que somos.
También porque
un escarabajo impertinente me ha impedido preparar algo reposado
y certero, interrumpiéndome con toda clase de cosas absurdas e
ininteligibles.
Tal vez hayan oído
hablar antes de él, se autodenomina "Don Durito de la
Lacandona" y se ha auto asignado la misión de, dice,
desfacer entuertos y socorrer al menesteroso y desvalido. Por
alguna razón que no alcanzo a comprender, Durito ha decidido
que yo entro en la categoría de los menesterosos y desvalidos,
y que, dice, mi vida entera es un entuerto.
Así que ya saben
que lo que me ha desvelado en todos estos días, no ha sido el
caudal de declaraciones contradictorias del Fox, ni las amenazas
de muerte que generosamente nos ha prodigado el Partido Acción
Nacional. No, ha sido Durito que se ha empeñado en que el autobús
no es un autobús sino una embarcación, y que la marcha en
realidad no marcha, sino que navega, puesto que la mar le da
sustento.
Según lo poco
que pude entender, Durito asistirá al concierto de rock que se
realizará hoy en el Zócalo de la Ciudad de México y en el que
participarán, según nos dicen, Joaquín Sabina, Maldita
Vecindad, Santa Sabina y Panteón Rococó, además de un buen
tanto de jóvenes y jóvenas.
Pero eso es, como
todo en esta marcha, historia por venir.
En la cultura, el
zapatismo ha podido encontrar oídos generosos y ecos que hablan
su propia dignidad. En la música, particularmente en el rock,
en las artes visuales y escénicas, en las letras y en los análisis
científicos hemos encontrado gente buena, humana pues, que
sigue sus propios caminos de la dignidad. Así que queremos
aprovechar este acto para saludarlos a todos y a todas quienes
en la cultura luchan por la humanidad.
Para hablar como
zapatistas de los caminos de la dignidad, contaremos un cuento
que se llama:
EL
OTRO JUGADOR
"En
su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas .El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.
(...)
Cuando
los jugadores se hayan ido,
Cuando el tiempo los haya consumido,
Ciertamente no habrá cesado el rito.
(...)
También
el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.
Dios
mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?"
AJEDREZ.
Jorge Luis Borges.
Éste
es el cuento:
Un
grupo de jugadores se encuentra enfrascado en un importante juego
de ajedrez de alta escuela. Un indígena se acerca, observa y
pregunta que qué es lo que están jugando. Nadie le responde. El
indígena se acerca al tablero y contempla la posición de las
piezas, el rostro serio y ceñudo de los jugadores, la actitud
expectante de quienes los rodean. Repite su pregunta. Alguno de
los jugadores se toma la molestia de responder: "Es algo que
no podrías entender, es un juego para gente importante y
sabia".El indígena guarda silencio y continúa observando el
tablero y los movimientos de los contrincantes. Después de un
tiempo, aventura otra pregunta "¿Y para qué juegan si ya
saben quién va a ganar".El mismo jugador que le respondió
antes le dice: "Nunca entenderás, esto es para
especialistas, está fuera de tu alcance intelectual".El indígena
no dice nada. Sigue mirando y se va. Al poco tiempo regresa
trayendo algo consigo. Sin decir más se acerca a la mesa de juego
y pone en medio del tablero una bota vieja y llena de lodo. Los
jugadores se desconciertan y lo miran con enojo. El indígena sonríe
maliciosamente mientras pregunta: "¿Jaque?".
FIN
del Cuento.
Samuel
Taylor Coleridge, poeta inglés de la bisagra de los siglos XVIII
y XIX, escribió: "Si un hombre atravesara el Paraíso en un
sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado allí,
y si al despertar encontrara esa flor en su mano... ¿entonces, qué?"
En
esta Marcha de la Dignidad Indígena, los zapatistas hemos visto
una parte del mapa de la tragedia nacional que no tiene horario
triple A en los noticieros radiales y televisado. Cualquiera de
los presentes puede argumentar que eso no tiene mérito alguno y
que no era necesaria una marcha para darse cuenta que el México
de abajo es mayoritario en número y en pobreza.
Pero
no vengo a hablarles de índices de pobreza, de constantes
represivas o de engaños.
En
esta marcha los zapatistas también hemos visto parte de los México
rebeldes y de su verse a sí mismo y ver a los otros, que eso, y
no otra cosa es la dignidad. Los México de abajo, particularmente
el indígena, nos hablan una historia lucha y resistencia que
viene de lejos y que palpita en el hoy de cada lugar. Sí, pero
también es una historia que mira hacia delante.
Desde
las montañas del Sureste Mexicano hasta el Zócalo de la Ciudad
de México, los zapatistas hemos atravesado un territorio de
rebeldía que nos ha dado una flor de dignidad morena como prueba
de que estuvimos ahí. Hemos llegado al centro del Poder y
encontramos que tenemos esa flor en las manos y la pregunta, como
en Coleridge, es "¿entonces, qué?".
Contra
lo que suponen los columnistas de la clase política, la pregunta
no se refiere a qué sigue, sino a qué significa esa flor morena.
Y, sobre todo, qué significa para adelante.
Yo sé
que en estos tiempos de modernidad, donde los coeficientes
intelectuales son sustituidos por las cuentas bancarias, la poesía
por los spots publicitarios, y la ciencia por la diarrea verbal,
hablar de sueños no deja de sonar anacrónico.
Sin
embargo, la lucha de los pueblos indios por su dignidad es
fundamentalmente un sueño, eso sí, es un sueño muy otro.
La
lucha indígena en México es un sueño que no sólo sueña el mañana
que incluya el color de la tierra, también, y sobre todo, es un
sueño que lucha para apremiar el despertar de ese mañana.
Los
pueblos indios resurgimos precisamente cuando lo que nos niega
parece más fuerte y sólido. Y es que precisamente nuestro sueño
adivina ya que los monumentos que el neoliberalismo se autoerige,
no son sino ruinas futuras.
El
poder quiere atrapar la lucha indígena actual en la nostalgia,
los golpes de pecho y el "boom" de la artesanía. Se
quiere acotar la lucha india al marco del pasado, algo así como
"el pasado nos alcanza con las deudas pendientes", para
usar el lenguaje mercadológico tan de moda. Como si saldar esas
cuentas fuera el disolvente eficaz para borrar ese pasado y pueda
así reinar sin problema alguno el "hoy, hoy, hoy" que
el Fox usó como plataforma electoral y usa como programa de
gobierno. El mismo "hoy" que el neoliberalismo ha
convertido en nuevo credo religioso.
Si
advertimos que el movimiento indígena quiere ser convertido en
moda, no nos referimos sólo a los afanes publicitarios que
quieren envolverlo.
Después
de todo, la moda no es más que una vuelta al pasado cuyo
horizonte final es el presente, el hoy, la actualidad, la
fugacidad del instante.
En la
lucha por la dignidad, se da una vuelta parecida al pasado, pero,
y esto es fundamental, el horizonte final es el futuro.
Para
ponerlo en otros términos, el neoliberalismo, que no es otra cosa
que una moda, es decir, una vuelta al pasado con el horizonte del
presente (por eso el "neo" que le da presente al
liberalismo de antaño), concibe el mundo actual como el único
posible, como la culminación de los tiempos (por eso el Fox dice
y se dice que ya toda lucha progresista terminó con su llegada al
Poder) y sus intelectuales y promotores de imagen (si es que hay
alguna diferencia) disparan al reloj de la historia para detener
la hora, y asegurar así que no hay más mañana que el hoy que
ellos presiden.
Los
intelectuales neoliberales, a diferencia de sus antecesores, han
renunciado a la iniciativa histórica y ya no anuncian el futuro.
No porque no alcancen a verlo, sino porque lo temen.
La
lucha indígena mexicana no ha venido a retrasar el reloj. No se
trata de volver al pasado y declamar, con voz sentida e inspirada
que "todo tiempo pasado fue mejor". Creo que eso lo
hubieran tolerado y hasta aplaudido.
No,
los pueblos indios hemos venido para darle cuerda al reloj y
asegurar así que llegue el mañana incluyente, tolerante y plural
que, dicho sea de paso, es el único mañana posible.
Para
hacerlo, para con nuestra marcha darle marcha al reloj de la
humanidad, los pueblos indios hemos recurrido al arte de leer lo
que no se ha escrito todavía. Porque eso es el sueño que nos
anima como indígenas, como mexicanos y, sobre todo, como seres
humanos. Con nuestra lucha leemos el futuro que ya se había
sembrado ayer, que se cultiva hoy y que sólo podrá cosecharse si
se lucha, es decir, si se sueña.
Al
escepticismo hecho doctrina de Estado, a la indiferencia
neoliberal, al realismo cínico de la globalización, los pueblos
indios hemos contrapuesto la memoria, la palabra y el sueño.
Al
lanzarnos con todo lo que tenemos en esta lucha, los indígenas
mexicanos, como individuos y como colectivo, hemos obrado con un
impulso universalmente humano, el de la rebeldía. Ella nos ha
hecho mil veces mejores que antes y nos ha convertido en una
fuerza histórica, no por su trascendencia en libros o monumentos,
sino por su capacidad de hacer historia, así, con minúsculas,
La
clave del cuento "El Otro Jugador" no está en la vieja
bota llena de lodo que interrumpe y subvierte el ajedrez mediático
de los señores del poder y del dinero, y el juego que hay entre
quines han hecho de la política el arte de la simulación y el
engaño. Lo esencial está en la sonrisa que sonríe el indígena,
y es que algo sabe. Sabe que falta ahí el otro jugador que es él
y el otro que no es él pero que también es otro y falta .Pero
sobre todo, sabe que no es cierto que la lucha ha terminado y que
hemos perdido. Sabe que apenas ha comenzado. Y lo sabe no porque
sabe, sino porque sueña.
En
suma, los indígenas no somos parte del ayer, somos parte del mañana.
Y
puesto que botas, cultura y mañanas, recordamos lo que escribimos
hace tiempo, mirando hacia atrás y soñando hacia delante:
"Una
bota es una bota que se equivocó de camino y que busca ser lo que
toda bota anhela, es decir, un pie desnudo".
Y
viene a cuento porque en el mañana que soñamos no habrá botas,
ni vaqueras ni militares, sino pies desnudos, que es como se deben
tener los pies cuando la mañana apenas comienza.
Gracias.
Desde
la Escuela Nacional de Antropología e Historia.
Subcomandante
Insurgente Marcos.
México, Marzo del 2001.
P.D.-
Yo sé que puede desconcertar a algunos el que, para hablar de la
cultura desde los indígenas, recurra yo a otras voces, Borges y
Coleridge en este caso, pero es que así me recuerdo y les
recuerdo que la cultura es un puente para todos, encima de
calendarios y fronteras, y como tal debe ser defendida. Así
decimos y nos decimos no a la hegemonía cultural, no a la
homogeneidad cultural, y no a cualquier forma de hegemonía y
homogeneidad.LA
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