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Museo Nacional
de Artes Visuales de Uruguay
Vídeos de
arquitectura y arquitectos contemporáneos
por
Nelson Di Maggio, curador
De todas las
artes visuales, la arquitectura es la que aceptó en pocos años
cambios radicales. Disciplina colectiva por antonomasia, durante
la última mitad del siglo XX y en particular a partir de la
decisiva década del sesenta, los adelantos técnicos, la
emergencia de reflexiones teóricas audaces, así como la
aparición de una brillante generación de arquitectos como
raras veces sucedió en el pasado, permitieron inéditas formas
de proyectar, producir y construir.
Al ritmo
vertiginoso de la invención de nuevos materiales en una
sociedad también empujada (glebalizada) por el poder económico
a transformaciones violentas y traumáticas, la arquitectura y
el urbanismo contemporáneos se incorporaron a las grandes y
pequeñas urbes, quebraron el estatismo y la uniformidad
reinantes para diseñar formas que hacen tambalear los
tradicionales paradigmas constructivos.
Los rascacielos
emblemáticos han sido sustituidos por torres fracturadas. Los
museos y centros comerciales, catedrales laicas de la época,
agitan las superficies con oleadas de titanio brillante (Gehry),
inclinan las paredes vidriadas con citaciones (Stirling),
emplean un collage de chatarra (Owen Moss) o disuelven
visualmente la estructura (Ito). En un mundo inestable y
contradictorio, donde las nociones de arte y belleza ya no son
lo que eran, la arquitectura está intentando refundar la
disciplina. Con los medios electrónicos, la arquitectura actual
es real y virtual al mismo tiempo y la asociación entre peso y
arquitectura ya resulta arcaica. Como las redes invisibles de la
información, la noción del propio cuerpo del ser humano ha
variado y la del "cuerpo" arquitectónico. De ahí el
rozar la inmaterialidad, la fluidez y liviandad constructivas
que proponen los más lúcidos representantes de hoy.
El brutalismo, la
high tech, la deconstrucción y otras tendencias amparadas bajo
el genérico rótulo de posmodernidad, procuran una lectura
crítica del pasado, para incluirlo o excluirlo, pero siempre
apuntando a una mayor libertad operativa en la transparencia de
los recursos materiales, en la amplitud de los espacios
interiores y la interacción fluida entre éstos y el exterior.
Cristalinidad como símbolo de democratización, en especial en
los edificios públicos, es el leiv motiv que revolotea en la
mayoría de los casos.
Los arquitectos
no gozan de la popularidad de pintores, escritores, actores de
cine y teatro y, en general de los participantes de los
espectáculos masivos, pero tienen sus estrellas, quizá menos
fugaces y de una influencia más profunda y duradera en la
sociedad. El Premio Pritzker, el Nobel de arquitectura, los
consagra anualmente.
Siendo la
arquitectura un arte orientado hacia el conjunto social, es
también, el más vital, que se experimenta directamente todos
los días. A diferencia de sus hermanas más individualistas y
preferidas del gran público (pintura y escultura) no es preciso
ir a su encuentro en museos, exposiciones, espacios públicos
sino que se vive en ella y porque se vive en ella, al faltar la
distancia, no se la advierte debidamente y se la descubre en su
esencia. Es un arte funcional (lugar inventado para habitar,
trabajar, circular, cultivarse, disfrutar en soledad o en
grupo), una técnica, una expresión dinámica y simbólica de
cada época. Es cierto que falta una educación (como para todas
las artes visuales) para comprenderla en su real dimensión
operativa que no se agota en la fachada (hoy un relicto del
pasado) sino que se establece una relación dialéctica y fluida
entre el volumen exterior y el espacio interno que al recorrerlo
se descubre la cuarta dimensión, el tiempo. No es un arte para
haraganes.
Hay que caminar,
contornear un edificio desde afuera y transitarlo por adentro
para advertir las tensiones que los habita y el sentido de las
propuestas a los diferentes requerimientos utilitarios. El
hombre es el módulo del espacio arquitectónico, así como el
punto de partida son los modos de vida.
Por eso, realizar
un ciclo de videos referido a la arquitectura y arquitectos
contemporáneos significa disminuir la ignorancia sobre tema, es
entrar en contacto con personalidades (imágenes con presencia
física, sus voces, sus ideas, capturan el gesto de dibujar
proyectos) y muchas de las obras fundamentales realizadas en
distantes ciudades del mundo, no siempre accesibles incluso al
especialista. El orden es arbitrario como lo es el propio
nomadismo de las personalidades convocadas por disímiles
ciudades.
El vídeo, si
bien jamás sustituye a la experiencia inmediata, la anticipa
como información o la recrea en la vivencia pasada, permite un
acercamiento panorámico desde diferentes ángulos, la cámara
sobrevuela ciudades y edificios, hurga en interiores,
acompañando el recorrido y las explicaciones del creador (Stirling)
en una visita guiada. Además confronta estilos en una lectura
siempre alerta e inteligente, a veces nada complaciente con las
soluciones testimoniadas. Casi una suerte de seminario
audiovisual sobre arquitectura actual que, no obstante ausencias
importantes, contribuye a enriquecer la cultura del público
uruguayo, tan desvalido en este sector (como en tantos otros) y
a suscitar el interés por un arte que concierne a todos.
"El futuro de la arquitectura no es arquitectónico",
sentenció Jean Nouvel, para indicar su predisposición a
dejarse contaminar con el entorno y anticipar el futuro de la
profesión, que tendrá que ser distinta o no será.
Los nuevos
laboratorios de la supermodernidad (MVRDV, Nox o NL, Holanda,
los estudios británicos de Caruso y St. John, de Macreanor y
Lavington, Sergison y Bates, los portugueses Francisco y Manuel
Aires Mateus) ya están en marcha. Pero esa historia (en vídeo)
es otra historia. LA
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