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La globalización fragmentaria

por Oribe Irigoyen

La actualidad humana presenta síntomas y tendencias relacionadas con el pensamiento que merecen acercar la lupa y mirarlos. Señalan algunos rasgos nuevos que parecen dominar el razonar y discurrir del hombre común en su inevitable tarea de aprehender el mundo exterior y pasarlo a su coleto. Esa actividad surge adjetivada cada vez más por la fragmentación, la dispersión, el carácter somero y efímero, en buena medida, en el uso de las neuronas.

Acaso no se trata -¿o sí?- del asalto a la razón, con malas intenciones o consecuencias. Aunque el viejo y querido método analógico de razonar, aquel de la pregunta y respuesta, de la articulación deductiva o inductiva, del ida y vuelta de lo general a lo particular con viceversa y conclusión en una idea global sobre un tema determinado, parece caer en el descrédito. Tiene sus buenos detractores y el propio funcionamiento de esta sociedad de la prisa, los cambios acelerados en todos los terrenos y el "ya" es lo que vale, lo arrincona en el desván. Y el pensamiento corriendo de atrás.

Los síntomas son claros. Para la lectura tradicional, más bien poca o ninguna, la propensión a leer sólo los titulares de las cosas; para la información o placer, incluso artístico, del audiovisual está la creciente dominación del estilo video-clip; para incursionar en la bendita televisión -dijera Sánchez Padilla- con los intereses o fruiciones que sean, pues, la soberbia técnica del zapping, rápido, aquí, allá, acullá. El cristiano está listo para las infinitas tajadas inconexas de realidad, siempre en momentos excepcionales (el espectáculo) de simulacro y virtualidad, para poder atrapar la atención de un ser disperso en múltiples opciones y tentaciones. La realidad sorda y torva se escurre, se escurre, las neuronas infartan, o quedan en desuso.

Y llegó la globalización

La globalización llegó a este mundo en forma irreversible, acompañada o precedida, aquello del huevo y la gallina, por la cibernética y toda la tecnología de la comunicación, su mejor lugarteniente. Ha venido para unificar bien o mal la economía, la política y la cultura, abarcando a todo el planeta como un solo organismo. En el campo específico del pensamiento a nivel de hombre corriente, diversos datos apuntan a que esa globalización no une, es decir, no contribuye a articular y desarrollar la razón en términos de lucidez y proyección científica o lógica. Es verdad, la computación ha creado un nuevo formato de lectura suficiente para sustituir al papel -habrá que ver en el futuro, por ahora, el papel tan campante- y un inmenso reservorio de información, que está allí para ser buscada sin más trámite.

Pero resultan interesantes los consejos de algún especialista -el argentino David Landesman en "Brecha", 23/2/2001- acerca del periodismo digital o periodismo on line, para ver los síntomas de fragmentarismo, dispersión y somería semejantes a los ya vistos. Los usuarios de la Web -navegantes, solitarios o no- dan vistazos antes que leer en su búsqueda de informaciones útiles y creíbles, no toleran textos de más de mil palabras on line. Vamos bien... los textos del informador o periodista, para que el lector haraganee con facilidad, deben ser cortos y precisos, divididos en bloques de texto de no más de quinientas palabras, ubicados en páginas diferentes pero enlazados en el mismo sitio. Cada uno de los bloques debe valer por sí mismo, con párrafos de no más de cinco o seis oraciones, cada oración con una sola idea colocada de preferencia al final, que es lo que mejor recuerda el lector, usando frases cortas, palabras de uso corriente -no sea cosa que se enriquezca el lenguaje-. Siguen recomendaciones sobre el mismo método de escribir para invitar a continuar la lectura y el modo como hacerlo, todo eso en la indicada tendencia de apelar mucho al mínimo común divisor textual y bastante a la papilla intelectual. También es verdad que el productor de textos on line puede hacer caso omiso de esa tendencia, escribir largo y tendido, con párrafos largos a diez ideas por oración y quedar complacido en su intimidad de escritor incomunicado on line. LA ONDA® DIGITAL

 

 

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