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Más
humor, por favor
por Elena Sanz
esanz@cienciadigital.net
"No hay día
más perdido que aquel en que no hemos reído"
"El humor es
un estímulo cognitivo y lingüístico evolucionado a partir del
primitivo acto de la risa, una vocalización que compartimos con
nuestros parientes más cercanos, los grandes simios. La risa no
es exclusiva del hombre, pero el humor, tal y como lo conocemos
hoy, sí podría serlo". Así resume el neurocientífico
Robert Provine su concepción del humor y la risa, dos aspectos
de difícil definición pero indisolublemente unidos a la
naturaleza humana. Ambos han sido objeto de estudio por parte de
neurólogos, fisiólogos, psicólogos, psiquiatras y antropólogos,
en su afán por entender sus orígenes y sus efectos en nuestra
fisiología y nuestra conducta.
Anatomía del
sentido del humor
Uno de los
grandes empeños de la última década ha sido tratar de dar una
respuesta anatómica a esa pregunta tantas veces repetida de
"¿pero dónde tienes tu sentido del humor?". En 1998
la doctora Ellen Winner y sus colegas habían relacionado ya el
hemisferio derecho del cerebro de cada individuo con su
capacidad para comprender bromas y chistes. Un año después dos
investigadores de la Universidad de Toronto añadían nuevos
datos que precisaban aún más la localización del sentido del
humor, situándolo en el lóbulo frontal derecho. A finales del
año 2000, concretamente en el mes de Diciembre, el radiólogo
del Centro Médico de la Universidad de Rochester Dean Shibata
reafirmaba estas ideas al obtener las primeras imágenes que
situaban neurológicamente al sentido del humor en el lóbulo
frontal, con predominancia en el lado derecho. Estos
"retratos" del humor habían sido obtenidos estudiando
mediante Resonancia Magnética la actividad cerebral de 13
voluntarios normales mientras leían chistes, escuchaban a otros
reírse o veían dibujos animados.
Las imágenes
mostraron que cuando los sujetos veían las bromas y los dibujos
cómicos -tareas que requieren una decodificación del estímulo
humorístico- la actividad cerebral aumentaba en el área
ventromedial del lóbulo frontal. Cuando los sujetos escucharon
carcajadas y se rieron, en una respuesta conocida como risa
contagiosa, la actividad se centró en el área motora anterior
suplementaria, una parte del lóbulo frontal vinculada
normalmente con la planificación de movimientos complejos y el
comienzo del habla. Los resultados del escáner también
mostraron actividad en un pequeño punto en la base del cerebro
prefrontal, el llamado nucleus accumbens, que está relacionado
con las emociones positivas en los animales, la recompensa y la
dependencia. Estos datos podrían ayudar a encontrar soluciones
a problemas como la depresión o la falta de sentido del humor
que acompaña, por ejemplo, a un infarto cerebral o a otras
enfermedades.
El estudio más
reciente, publicado por la revista Nature Neuroscience en su número
de marzo, pretende ir más allá en el conocimiento de la anatomía
funcional del humor al separar sus dos componentes, cognitivo y
afectivo. "Los buenos chistes implican una interrelación
entre distintas funciones mentales que va seguida de una sensación
afectiva de diversión. Nosotros hemos separados ambos
componentes usando Resonancia Magnética Funcional",
aseguran Vinod Goel y Raymond J. Dolan, coautores del artículo.
Los resultados obtenidos revelan una activación del cortex
prefrontal ventromedial asociada al componente afectivo del
humor, una nueva aportación que confirma los resultados
anteriores y contribuye a acotar los límites de esta función
cerebral. No obstante, como nos advertía Dean Shibata,
"hay que tener cuidado al vincular funciones del
comportamiento a centros concretos del cerebro, porque la mayoría
de los procesos superiores como el humor implican a una red
centros cerebrales con muchas funciones solapadas y relacionadas
entre sí".
Una vez abordada
la cuestión dónde, resulta más complejo para los expertos
entender cómo y por qué surgen el humor o la risa. El
conocimiento de las áreas del cerebro vinculadas debe ir acompañado
de un estudio preciso de su procesamiento y las funciones con
las que se relacionan. Como ocurre en muchos otros campos, la
imprecisión de las definiciones, en este caso del concepto de
humor, complica aún más las cosas. El doctor Provine, a quien
ya citábamos al principio de este artículo, asegura que el
humor provoca sólo un 10-15% de todas las risas de nuestra
vida. De esto se concluye que ni todo nuestro sentido del humor
se exterioriza en forma de risa ni toda la risa es fruto del
humor. En muchos casos esta última no es sino una respuesta a
situaciones sociales concretas, una vía para establecer -o
romper- vínculos sociales. Las discusiones sobre el origen
cultural, instintivo o genético del humor se han iniciado tímidamente
en los últimos años, y todo indica que la explicación biológica
y neurológica del humor será uno de los muchos asuntos a
tratar por los científicos en las próximas décadas.
Risas, humor y
lágrimas
Teniendo en
cuenta que los estudios sobre los efectos del estrés y el
actual ritmo de vida han inundado las más prestigiosas
publicaciones durante los últimos años, no es de extrañar que
también se haya empezado a prestar atención a cómo afectan el
humor y la risa a nuestra salud. Los datos aportados hasta ahora
señalan que reír hace que se mueva el diafragma, y que el tórax
y el abdomen se contraigan a gran velocidad. Esto da a las vísceras
un reconfortante masaje, a la vez que produce un efecto tónico
y relajante sobre los músculos. Además, con una carcajada
continuada se activan casi la totalidad de los músculos que hay
en el rostro... En definitiva, un sano ejercicio.
Pero hay más...
La risa parece ser responsable de cambios en la secreción de
hormonas neuroendocrinas y del estrés por nuestro cerebro. Según
han demostrado algunos estudios, reir hace caer velozmente los
niveles de cortisol, una hormona directamente relacionada con el
estrés fisiológico desencadenado por enfermedades,
intervenciones quirúrgicas, tratamientos, traumatismos,...
Aunque aún no se ha confirmado, también es posible que la risa
incremente los niveles de serotonina, la cual tiene un
importante efecto analgésico y relajante.
La circulación
parece ser otra de las grandes beneficiarias de la risa asidua.
Reír produce una aceleración del latido cardíaco y un aumento
de la presión sanguínea. La circulación de la sangre se
acelera, favoreciendo la irrigación de todos los tejidos. Según
los resultados de un reciente estudio, presentado durante la
LXIII Reunión Anual de la Asociación Americana del Corazón,
la risa puede incluso proteger frente al infarto, una afirmación
que los investigadores basan en la comprobación de que quienes
padecen enfermedades cardíacas tienden a reírse un 40 por
ciento menos que las personas sanas de la misma edad. Según el
coordinador del estudio, Michael Miller, esto puede estar
relacionado con su efecto sobre el estrés mental, que según
los expertos produce un deterioro de los vasos sanguíneos que
favorece la acumulación de grasas y colesterol en las arterias
coronarias, desencadenando el infarto. Al reducir
considerablemente el estrés, la risa puede frenar el depósito
de colesterol en las paredes de los vasos, con un efecto muy
similar al que produce la práctica asidua de deporte.
Otro de los
aspectos que han suscitado gran interés ha sido la respuesta de
nuestro sistema inmune, de nuestras defensas, al humor. El
psiconeuroinmunólogo Lee Berk y psiquiatra William Fry llevan
estudiando este tema desde 1990. Mediante el análisis de una
serie de muestras de sangre de voluntarios, tomadas antes y
después de una buena "sesión de risas", han
comprobado que la risa sana aumenta los niveles de las células
del sistema inmune. En concreto, han observado un incremento en
el número y el nivel de actividad de los linfocitos T,
responsables de la respuesta celular a una invasión de nuestro
organismo, y de las células NK, encargadas de la destrucción
de células virales infectadas y de ciertos tipos de células
cancerígenas. Un aumento similar se produce en los linfocitos B
y en los anticuerpos o inmunoglobulinas que éstos producen. En
concreto se ha observado un incremento en la inmunoglobulina IgA,
que abunda en las zonas mucosas, la inmunoglobulina IgM, primera
en responder a una invasión, y la inmunoglobulina IgG,
responsable de la respuesta inmune a largo plazo. Según estos
resultados, reír potencia la eficacia de nuestro sistema
inmune, manteniéndose el aumento de anticuerpos en sangre hasta
36 horas después.
Sin embargo, pese
a los resultados mencionados, el conocimiento sobre los efectos
de la risa continúa siendo precario y las evidencias de algunos
de sus estudios débiles, lo que hace necesario continuar con
las investigaciones. De cualquier modo, el objetivo final no es
que el humor o la risa sustituyan a los fármacos u otras
terapias, sino que se aprovechen sus beneficios para reducir el
estrés del enfermo y facilitar la respuesta del organismo
frente a la enfermedad.
Comedias terapéuticas
El primer estudio
de gran envergadura en el que se abordan científicamente y con
este objetivo los efectos del humor o la risa sobre niños
enfermos tiene unos protagonistas muy peculiares. El Proyecto
"Radiografía de la Risa" (Rx Laughter), en marcha
desde 1998, es un programa pionero en el que se aúnan la
Industria del Entretenimiento y las Ciencias Médicas para
investigar los efectos terapéuticos de esta particular
actividad humana. Impulsado por Sherry Dunay Hilber, una
ejecutiva de televisión que trabaja como creativa en los
estudios de Walt Disney, el proyecto emplea una cuidadosa
selección de películas, series y dibujos animados para conocer
el impacto potencial de curación de la risa y el humor en niños
y adolescentes entre 7 y 17 años tanto física como
emocionalmente, pues ambos componentes "van de la mano,
como estamos aprendiendo".
Concluida la fase
de selección de videos hace seis meses, la nueva etapa del
estudio analizará los efectos que produce ver videos en un
grupo de 30 niños sanos. En ellos se medirán, de forma no
invasiva, cómo afecta la risa a la tolerancia al dolor, los
cambios en la presión arterial, el pulso y los niveles de
hormonas del estrés en la saliva. También se llevará un
control de la reacción del sistema inmune a través de análisis
de orina. Una vez obtenidas las primeras conclusiones se iniciará
la tercera fase del proyecto, centrada en un estudio más
detallado de las reacciones fisiológicas de niños enfermos
tras unas dosis de humor cómico.
El objetivo final
de "Radiografía de la Risa" es establecer un sistema
terapéutico de entretenimiento en los hospitales de forma
global, tanto en los pacientes internos como en los externos.
Como auguran algunos investigadores, es posible que dentro de
unos años el historial de cada paciente incluya sus comedias y
películas de humor favoritas, y que éstas se conviertan en un
componente más de la receta médica, como lo han sido hasta
ahora las recomendaciones sobre las comidas del enfermo.
Y puede que,
finalmente, una buena dosis diaria de humor pueda sumarse al
ejercicio y a una dieta adecuada como hábitos recomendables
para una vida más sana. Algo que ya intuía, aunque desde otro
punto de vista, el mítico Charles Chaplin cuando aseguraba que
"No hay día más perdido que aquel en que no hemos reído".
Si las sospechas de los expertos se confirman puede que incluso
tengamos que cambiar el popular "morirse de risa" por
"curarse de risa", y abandonar definitivamente la
despectiva expresión "¡no me hagas reír!" para
pedir a nuestros interlocutores "más humor, por
favor". LA
ONDA®
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Editado por
Revista –Ciencia digit@l Nº18.
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