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0-1:
reflexiones después del "paraguayazo"
por el doctor
Carlos Moyano
Primera
reflexión: los mejores equipos, en la mayoría de los
casos, no son selecciones. Los mejores son los planteles de
clubes (y, a veces, de selecciones que han contado con
determinadas condiciones) que en un proceso de varios meses,
practicando todos los días y compitiendo todas las semanas, van
adquiriendo personalidad como colectivo. Los jugadores se
entienden, saben cuáles pueden ser las reacciones de sus compañeros,
se automatizan en los relevos, pueden hacer pases al vacío
sabiendo que alguien irá a buscar la pelota. Y un largo etcétera.
Nos viene a la
mente nuestro gran ejemplo histórico: el Uruguay del 50 fue el
legendario Peñarol del 49 con tres jugadores de Nacional y, en
la final, con uno de Cerro, Morán, porque el aurinegro Vidal
estaba lesionado.
La mejor selección
uruguaya hoy, por ejemplo, sería Defensor con cinco o seis
jugadores de otros cuadros (en su mayoría del exterior) y con
Manuel Keosseian o un técnico que estuviera en la misma línea.
Claro, seguramente esto no es de recibo, porque ningún club
aceptaría que lo desarmen, y ello es comprensible y
justificable.
El problema del fútbol
uruguayo no es que a los jugadores les falten
"huevos", o que hayamos perdido la "garra",
o que los que vienen del exterior no rinden porque ganan mucho y
solo se preocupan en "cuidar las patas". El problema
es que, cuando hacemos esos rejuntes, los mejores no son los
mejores. Y, si no, miremos a Brasil. ¿O vamos a decir que
Rivaldo, Romario y las demás estrellas "brasucas" no
saben jugar?
Lo cierto es que
en el rendimiento de los seleccionados suelen jugar factores
especiales que no tienen que ver con la calidad de los
futbolistas. A veces, algunos países logran grandes
rendimientos de sus selecciones. Pero tienen que darse
condiciones que por estos lares y por ahora no vemos.
Segunda
reflexión: Uruguay ya no es un país de grandes jugadores
si nos medimos con relación al resto de los países. Ahora se
juega al fútbol en todos lados y surgen figuras en todos los
continentes. No es que en Uruguay se juegue peor que antes, sino
que ahora en la mayoría de los países se juega mejor que en
otros tiempos. Antes, en América, solo nos podían superar
Argentina y Brasil. Hoy no tenemos mejores jugadores que la
mayoría de los países del continente. Estamos más o menos en
el promedio.
Tercera
reflexión: los jugadores uruguayos que juegan bien en el
exterior son, efectivamente, buenos. No son excepcionales, pero
son buenos. Sin embargo no es lo mismo demostrarse en nuestra
selección, tal como ella se constituye y se prepara, que
hacerlo en equipos con grandes figuras, ensamblados, con compañeros
con los cuales practican y compiten permanentemente y con un
respaldo de infraestructura de primer nivel. No se les puede
pedir al Chino Recoba, a Andrés Fleurquin o a Darío Silva que
rindan en la selección como lo están haciendo en sus
respectivos equipos europeos.
Cuarta reflexión:
no podemos esperar milagros de ningún técnico -Víctor Púa y
Daniel Passarella incluidos-: no se puede hacer jugar bien a un
equipo en los plazos y en las condiciones en que deben hacerlo
quienes toman en sus manos nuestro "combinado" (como
se decía antes). Menos aun cuando los temas extrafútbol -en
los que no vamos a ingresar ahora- gravitan tanto (AUF, Tenfield,
Paco Casal, crisis económica, etc.). Pero también hay que
decir -y debiéramos haberlo dicho incluso cuando ganábamos-
que los equipos de Víctor Púa, incluyendo el de Malasia -que
tuvo figuras desequilibrantes que nos dieron el subcampeonato
mundial-, se han caracterizado por fallas tácticas evidentes,
como la falta de preocupación por abrir la cancha, aprovechar
las puntas o variar el dispositivo en función del equipo que
tengamos adelante. Ojo: sugerimos que Púa cambie y no que la
AUF o Tenfield cambien a Púa.
Quinta reflexión:
una conducción técnica debería tener preocupación por hacer
fuerte al equipo desde atrás (para lo cual es fundamental la
concentración mental cuando se marca y cuando se sale);
mantener superioridad numérica cuando se tiene la pelota y
cuando hay que marcar; intentar llegar jugando hasta el área
rival con un especial cuidado en los relevos, sin perder
balance; utilizar las puntas, ya sea con laterales que suban (y
compañeros que los cubran) o con volantes y delanteros que
sepan abrirse hacia las puntas; encarar no solo frontalmente
sino también en diagonal; subir con varios hombres; evitar el
estiramiento del equipo (y el aislamiento de los puntas);
aprovechar las virtudes de cada jugador; recordar que los que no
tienen la pelota también están jugando (hay pocos futbolistas
uruguayos que saben jugar sin pelota); hacer un trabajo psicológico
permanente a partir del conocimiento del plantel no solo desde
el punto de vista futbolístico; efectuar una preparación física
exigente pero que no "reviente" a los jugadores, que
tenga en cuenta el "material" humano con el que se
trabaja. ¿Cuántas de estas exigencias se están cumpliendo en
nuestra actual selección?
Sexta reflexión:
todos decimos que el fútbol moderno es rápido y que nosotros
somos lentos. Pero debiéramos tener en cuenta también que el fútbol
rápido que hay que practicar actualmente para ser competitivos
no es el fútbol apurado que suelen hacer los uruguayos cuando
el minutero corre y se nos viene la noche encima. Hay jugadores
que al hacer la pausa frenan el cuadro, le quitan dinámica,
explosión y sorpresa. Hay otros que, aunque corran poco, hacen
jugar rápido al equipo. Por ejemplo, se puede hacer una pausa
para tirar el pelotazo (cosa que en nuestro medio a veces ha
dado réditos, sin duda, aunque ello resultó insuficiente para
competir a nivel internacional). Y se puede hacer una pausa con
una intención táctica diferente: para darle tiempo a un compañero
a correrse al espacio vacío y tirarle el pase, o para cambiar
el ritmo e intentar desacomodar a la defensa rival. Al hacer
esta afirmación no podemos dejar de recordar a Marcelo Tejera,
el jugador más talentoso que tiene actualmente nuestro fútbol.
La selección uruguaya pide a gritos pausas tácticas, cambios
de ritmo, sorpresa, explosión. Lo lamentable es que tenemos
jugadores con capacidad como para practicar un fútbol más dinámico,
rápido y moderno. Pero... Nos remitimos a las reflexiones
precedentes.
Como dicen los
jugadores: "Tenemos que seguir trabajando". Tienen razón,
pero hay que trabajar mejor. ¿Será posible? LA
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