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Ahora
que la celeste se juega la vida en Chile: de boliches y
mostradores
por Policarpo
En Chile, como en
Uruguay, Argentina y seguramente España, Túnez y la India hay
boliches.
¿ Qué es un
boliche ?. Boliche es un lugar donde se toma algo, acodado a un
mostrador, se conversa con un contertulio sea amigo, conocido o
circunstancial, fugaz oído o emitidor de sonidos.
Un boliche es
para borrachos o para sedientos, para borrachos sedientos o para
apurados, para apurados y para los que tienen tiempo, para los
que tienen tiempo o se lo hacen porque precisan descargarse,
precisan descargarse hablando o escuchando, precisan descargarse
escuchando o viendo. Un boliche es un lugar para recoger o crear
una anécdota para contar en la vida.
Un boliche en
Uruguay puede llamarse bar o café. En Argentina y en Chile el
café es algo distinto. Puede ser un lugar específico para
tomar ese elemento de pie donde no se vende otra cosa, y puede
uno pensar en algún rincón que nos revive el Sorocabana de la
Plaza Cagancha, en cualquier parte de Buenos Aires.
Al "Café
con piernas" lo dejamos para otra investigación, solo
diremos aunque sea válido mencionarlo, que es típicamente
chileno.
Entonces ¿ de
qué hablamos ?. De un boliche o de una picá, de un lugar donde
se toma algo y donde cualquiera puede entrar: no es necesario
ser lindo ni feo; no importa el color o la raza; no importa que
uno sea rico o pobre; no sirve de nada ser famoso ni es
inhibidor ser un desconocido, y como siempre el cliente de
cualquier parte, de cualquier boliche, de cualquier picá
siempre tiene razón y no tiene la obligación de terminarse la
bebida que se compró.
Un boliche o
picá sirve para tomar cerveza, bebidas cola o algo más fuerte,
eso, cualquier eso con o sin contenido alcohólico.
Entonces
retomemos Chile. Una picá cualquiera en el centro de Santiago,
cerca de La Moneda y la Alameda, a un paso del Cerro Santa
Lucía y la Plaza de Armas, allí nomás casi tocando Los
Héroes y la Iglesia San Francisco. Una picá cualquiera antes
que los paseos y calles se bañen en el río Mapocho.
Pero ésta picá
se ganó un lugar especial y se hizo peculiar. De un día para
otro cambió de nombre aunque no de firma.
Un día que uno
puede recordar caluroso y asfixiante, sea del mes que sea,
seguramente a primera hora de la tarde, que es cuando uno en la
calle tiene más sed. Ese día santiaguino un rubio alto, que
hablaba inglés y alguna palabra en español, ingresa en la
picá.
¿ Y éste ? se
escuchó varias veces, quedamente, para no importunar demasiado.
Pide un refresco cola y lo deja sin terminar. Luego como había
ingresado se va, vuelve a una comitiva en donde es seguido por
corpulentos guardaespaldas a seguir siendo él mismo.
¡Y no la
terminó !. ¡Mírela! ¿ Dónde la pondré ?. ¿ Vio que
categoría, que servicio tienen ustedes todos los días y no se
habían dado cuenta ?. ¿ Vieron como el hombre se dio cuenta de
la diferencia y entre al tiro, en cuanto pudo pasar por aquí ?.
La voz del dueño
plena en gozo, para algunos se hizo insoportable y prefirieron
por ese día marcharse. Quizás solamente salieron a contar a
sus conocidos lo que les había terminado de ocurrir.
Y la picá
cambió de nombre. Desde el día siguiente luce orgullosa la
botella medio llena o medio vacía, en un lugar privilegiado. En
la puerta un cartel de pintor de letras, un cartel de picá
pobre, no un luminoso rimbombante anuncia el nuevo: "La
Picá de Clinton".
Porque Bill
Clinton, el Presidente de los EE.UU. hasta el 20 de enero del
2001 dejó una botella de refresco cola por la mitad. LA
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