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Encuentro sobre desregulación y liberalización de sectores estratégicos
¿Crisis energética?

por Gaspar Ariño
Miembro del Consejo Editorial de EXPANSIÓN y 'Actualidad Económica'

Las reuniones tuvieron lugar en California (San Diego), donde, como es bien sabido, están atravesando en estos momentos una delicada situación en el sistema eléctrico, cuyas consecuencias han llegado a Washington. En una rueda de prensa le escuché decir al presidente, no una sino varias veces, algo parecido a esto: "estamos en este país ante una crisis energética y tenemos que hacer algo".

Se ha creado en Estados Unidos una gran preocupación sobre este tema, cuyas consecuencias pueden ser graves: desde la no ratificación del protocolo de Kioto, por el que los países más industrializados se comprometieron a reducir sus emisiones de CO2 (causa principal del calentamiento de la tierra) hasta el lanzamiento de un nuevo plan de construcción de centrales nucleares, que en estos momentos está siendo reconsiderado por Dick Cheney. Junto a ello se anuncian nuevas perforaciones en Alaska o las costas de Florida, a las que también se ha referido George Bush recientemente, no se sabe si como advertencia o como amenaza.

El caso es que el tema energético se hace presente hoy, cada día, en la vida norteamericana con caracteres de histeria. La gente está asustada porque se anuncian para el próximo verano cortes de luz, no sólo en California sino en otros Estados de la Unión, lo cual es algo que, a estas alturas de la historia, resulta inexplicable en el país más desarrollado del mundo.

Pues bien, leyendo la prensa española, en mi viaje de regreso a España, me tropecé, curiosamente, con estas dos afirmaciones: 1) "carecen de fundamento los planteamientos de que tendremos en España un problema de cortes de luz como en California" (Folgado, a la revista Tiempo) y 2) "no existe el menor riesgo de que se de en España una situación similar a la crisis eléctrica ocurrida en California" (Rato, en el Congreso de los Diputados). Según ambos, los ingresos de las empresas están regulados en España de manera equitativa para asegurar la recuperación de las inversiones.

Causas En mi opinión la realidad española no es tan tranquilizadora como nos la presentan los máximos responsables del Ministerio de Economía. Recordemos que las causas determinantes de la crisis californiana han sido estas: 1) una demanda creciente en los últimos dos años; 2) una falta de inversión en nueva generación motivada por la incertidumbre ante el futuro de la industria eléctrica y los altos costes medioambientales que se imponen sobre las compañías; 3) una elevación en los precios de las energías primarias: han visto duplicarse los precios del gas y triplicarse los precios del petróleo; 4) una tasación de los precios de la electricidad al consumidor final, al que por razones políticas (complacencia con el electorado, control del IPC, etcétera) se le ofrece la energía a precios que están por debajo de costes; y 5) una liberalización a medio camino, en la que se mantiene un estricto control de los precios de venta al por menor, mientras se liberalizan los mercados al por mayor, en un régimen de competencia muy imperfecta que permite la colusión entre operadores.

El resultado de tan explosiva mezcla han sido cortes de luz y la quiebra de la mayor distribuidora californiana (Pacific Gas and Electric Co., PGE), incapaz de hacer frente a sus deudas (9.000 millones de dólares) al no haber podido repercutir a sus clientes los altos costes de la compra de electricidad (la deuda de la otra gran compañía de distribución, Southern California Edison, es todavía mayor, 12.000 millones de dólares y está igualmente en suspensión de pagos).

Las compañías y los académicos que diseñaron en su día el modelo de regulación californiano culpan a las autoridades políticas de la situación en que se encuentra aquel gran Estado, por haber mirado para otro lado cuando los desequilibrios de precios eran ya patentes, hace más de un año. Al día de hoy, el Estado de California ha tenido que adelantar 4.120 millones de dólares para financiar la compra de energías por los distribuidores y se dispone a lanzar una emisión de bonos por un total de 10.000 millones más para hacer frente a la financiación del sistema en los próximos meses.

Paralelamente se ha visto obligado a acordar, al fin, una subida de precios de más del 40% en la energía vendida por las distribuidoras a las consumidores finales.

España No podemos entrar ahora en el análisis detenido de muchas cuestiones regulatorias que se derivan de la situación californiana, pero debemos mirar a nuestra propia realidad para comprobar que las cinco causas antes citadas, determinantes de la crisis, se dan todas ellas con matemática exactitud en el sector eléctrico español. Desde hace dos semanas, las compañías generadoras en España han advertido del riesgo de cortes de luz que padeceremos si no se toman a tiempo las medidas adecuadas.

En cuatro años la demanda ha subido un 25 por ciento y aunque sobre el papel hay solicitudes de autorizaciones para la construcción de nuevas centrales, con una potencia total de unos 30.000 megavatios (mW), la realidad es que pocos de esos proyectos se han puesto en marcha, en parte por las incertidumbres regulatorias que rodean al sector (nadie sabe en España, a pesar de lo que dicen el ministro y el secretario de Estado, cuáles son hoy los criterios y reglas que determinan las tarifas eléctricas; éstas se fijan "a capón" cada año en función de las conveniencias políticas) y en parte por las continuas dificultades que ponen las autoridades autonómicas y locales para la ubicación de nuevas centrales.

Exactamente igual que ha ocurrido en California (nadie quiere tener una central cerca de su casa), hemos visto recientemente cómo se cancelaba el proyecto de ENRON en Tarragona. Por otro lado, en los últimos cinco años las tarifas eléctricas en España han descendido un 30 por ciento en términos reales y, ya este año, según los directivos del sector, se prevé un déficit de ingresos de 22.000 millones. Al mismo tiempo, nuestro parque de generación va perdiendo margen de reserva de potencia (que se estima debe estar en torno al 20 por ciento) y, si en 2003 no se consigue que entren en funcionamiento las centrales de ciclo combinado de gas, puede aparecer un problema real de cobertura de la demanda y seguridad en el suministro, especialmente en algunas regiones como Cataluña.

Finalmente, los precios del gas y el petróleo no parece que vayan a descender en España y, para mayor incertidumbre, Francia, que es para nosotros el obligado paso hacia Europa, se encastilla en su aislamiento, que es también el nuestro: no podemos importar, apenas, energía eléctrica. Este es el panorama que tenemos y, con todos estos factores, el Gobierno español no debería descansar sin más en su propia complacencia y afirmar: ¡aquí no pasa nada!

En estos días proliferan los análisis, en Estados Unidos, en busca de culpables de la presente situación. Los académicos, consultores y expertos acusan a los políticos de miopía y cortoplacismo en la toma de decisiones: nadie quiere enfrentarse con el público cuando hay que tomar decisiones duras, nadie quiere asumir el coste político de éstas, aunque al final todo resulte más caro, el coste social sea inmenso y no haya más remedio que subir las tarifas un 40 por ciento. Pero con suerte, a lo mejor, cuando esto ocurra, él ya no estará allí y el que venga atrás que arree. Publicado inicialmente en Expansión el 10/4/01.LA ONDA® DIGITAL

 

 

 

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