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Jardín de Infantes: Una nueva realidad

por Psic. Daniela Izzo de Márquez
tau@adinet.com.uy

Ha pasado ya un tiempito desde el comienzo de las clases; para muchos, el comienzo de una etapa.

Nos referiremos en esta oportunidad, al ingreso del comúnmente llamado pre-escolar a una institución educativa: el Jardín de Infantes.

¡Cuántas expectativas, cuántos miedos, cuántos comentarios, cuántas emociones!

Pero: ¿de quién estamos hablando?.

Digamos que del "protagonista", o sea, del mismo Niño.

Sin embargo, no podemos aislar al niño del contexto en el que vive, así que debemos considerar también a su Grupo Familiar y a la Institución a la que ingresa.

Podemos afirmar, esto a punto de partida, de comprender que si bien quien sale de casa y comienza una nueva actividad es el niño, también para quien de una u otra manera cuidaba de él hasta el momento, para quien asumirá ésta y otras responsabilidades vinculadas con su educación a partir de ahora, significa un importante cambio. Y como tal, promueve miedos, ansiedades, ilusiones, etc.

¿Qué puede pasar con su familia?

Es posible que la decisión de que el chico asista a un Jardín de Infantes haya sido tomada por los padres (o responsable) reconociendo que será beneficioso para el chico en tanto podrá satisfacer algunas de sus necesidades y por consiguiente vivan ese momento con alegría.

Obviamente también hay otras razones que inciden para decidir esto. Por ejemplo, horarios de trabajo, otras actividades de los padres, pedidos del mismo chico para ir a la escuela y deseos de aprender, etc.

No obstante, este hecho fundamental en la vida del infante puede generar angustia en alguno o más de sus familiares, y en ocasiones hasta se le haga difícil controlar este sentimiento, y por ejemplo llore al hablar del asunto, o cuando el niño se va.

Pensemos entonces: ¿podrá el "protagonista" salir contento de casa y disfrutar de su "escuelita" habiendo sido despedido con las lágrimas de la abuela, la tía ,o la mamá , aunque verbalmente se lo estimule a ir, jugar y divertirse?

Y en el Jardín, con los docentes (y no docentes): ¿qué puede suceder?

Seguramente desconozcan del chico su carácter, sus preferencias, sus miedos, etc., y esto genere una incertidumbre por no saber cómo se sentirá allí, si se adaptará con facilidad, si se integrará al grupo, si habrá una buena relación con él, etc.

¿Cómo reaccionará el niño si al llegar encuentra una maestra muy intranquila, poco afectuosa, y nada receptiva de sus afectos?

Para el chico ese cambio trae implícitas separaciones: de los padres, de la casa, de sus juguetes, y esto le desencadenará angustias. ¡Y si a éstas le agregamos las propias de sus papás, de sus maestras!...

Indudablemente es necesario que la actitud de quienes rodean al niño en este período sea tranquilizadora, afectuosa, estimulante; que él se sienta "acompañado" en esta nueva realidad y que se converse con él respecto a esta nueva experiencia.

De no ser así, seguramente el período de adaptación al Jardín no será vivido de manera muy agradable por quien lo protagoniza, y por consiguiente, por su entorno.

Y evidentemente esta primera experiencia de inserción del niño en un ámbito educativo, que muchas veces implica el establecimiento de nuevos o de sus primeros vínculos extra familiares, será un modelo básico que marcará su posterior vida de relación.

Tal vez ahora, que ha pasado un trecho desde aquél primer día de clase del mes de marzo, podamos juntos comprender un poquito más todo el movimiento de emociones y comportamientos que desencadenó y que pueden seguir sucediéndose, teniendo presentes que la adaptación del niño al Jardín de Infantes es un "proceso", y como tal no sólo requiere de un tiempo muy personal sino que son esperables altibajos.

¿Qué quiere decir esto? Indudablemente que cada niño reaccionará y superará esta primera etapa de manera diferente, en función de su propia estructura de personalidad, de su propia historia, del momento que esté viviendo su familia, de la actitud que puedan tener para con él y de la receptividad y trato que le brinde la institución, entre otras razones.

Es aconsejable entonces, que tanto el chico como sus papás concurran al jardín previamente al ingreso y conozcan el lugar (sea los salones de clase, el espacio de juegos, el baño, la cocina, su ambientación, su luminosidad, su ventilación, etc).

Es fundamental que se acerquen y dialoguen con el personal responsable del jardín, o sea con el director, personal docente y no docente, etc.

¿Con qué finalidad?

En primera instancia para tener un conocimiento global no sólo de quién o quiénes estarán a cargo de la atención y educación del niño sino de quienes serán los depositarios de la confianza y responsabilidades que cada familia transfiere en estas situaciones.

Y claro está, para ser informados respecto al programa que se aplica en la institución y a las actividades que se realizan.

El personal de la institución también rescatará de este encuentro, elementos que le permiten aproximarse al conocimiento del niño y su familia, lo cual será tenido en cuenta a la hora de comprenderlos y darles la atención que necesiten.

En síntesis, diríamos que ese encuentro inicial facilitará el tomar contacto con la realidad del Jardín de Infantes, evacuará dudas y canalizará ansiedades extremas que puedan perturbar el adecuado tránsito de todos los involucrados en este mojón de la vida.

Y muchas de estas cosas suelen ocurrir cuando el niño cambia de Jardín de Infantes, porque a pesar de haber ya asistido a otro lugar y tal vez con resultados exitosos, es decir habiendo superado los tragos amargos de esta inserción, un nuevo lugar lo movilizará afectivamente otra vez y requerirá "elaborar" esa situación, acompañado por cierto, de su grupo familiar.

Evidentemente el niño es un ser que necesita ser estimulado permanentemente para desarrollar sus potencialidades, pero estimulado en el momento oportuno; esto no significa "apurarlo" para que aprenda tal o cual cosa "cuanto antes", por ejemplo a escribir su nombre o a poner la fecha de hoy, sino que vaya alcanzando estos logros en la medida que el desarrollo de su sistema nervioso y vida afectiva se lo vayan permitiendo.

Y estimularlo implica darle los elementos que necesita para lograr un sano desarrollo intelectual, afectivo, biológico y social, mostrándole "cosas nuevas", ayudándolo a vencer las dificultades con que se va encontrando a lo largo de este proceso, y fundamentalmente atendiendo cada inquietud que manifieste. Es decir, comprendiendo el deseo de conocer el mundo que lo rodea, algo siempre presente en cada niño, y respondiendo a cada pregunta que haga, respecto al tema que sea. Claro, esto no pretende incentivar el mostrarse ante el niño como alguien que "sabe absolutamente todo lo que él quiere saber", pues de hecho, no hay ninguna persona que posea "todo" el conocimiento.

En aquellos casos en que uno no tiene la respuesta a la pregunta que el chico hace (respecto al tema que sea), uno puede hacérselo saber y buscar ayuda en una fuente adecuada, sea en una lectura, en un video, en una consulta con un profesional, un familiar, etc. y compartirla luego con él.

Entendemos que esta es una manera pertinente de instruir al niño, pues más allá de la respuesta al tema puntual del momento, se le está dando una herramienta para que en el futuro(y no tan lejano), pueda usarlo con autonomía para enfrentar las situaciones en las que se vea inmerso. Y esto en definitiva es "enseñar y aprender". LA ONDA® DIGITAL

 

 

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