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Historia
de la música uruguaya
(Segunda parte)
Un
precursor: Bartolomé Hidalgo
por
Washington Benavides
Iniciador de la
literatura gauchesca, no está demás reiterar que ésta es la
obra de hombres cultos y ciudadanos que (acaso) convivieron las
rudas tareas del hombre de campo, y trasladaron en un lenguaje
artístico (no real) el habla del campesino rioplatense,
sutilmente atado al más castizo origen peninsular.
Sobre Hidalgo
dice Daniel Vidart que "fue el primer poeta uruguayo de la
era artiguista que supo abandonar a tiempo las despistadas
fórmulas poéticas europeas o europeizantes...".
El neoclasicismo
dominante, que lo llevó a escribir más de un soneto al uso, es
abandonado por Hidalgo cuando se da a lo mejor de su vida y su
obra, el fusionar en una forma nueva el nuevo aliento libertario
que recorría América. Y es importante que se sepa que este
montevideano de humilde origen, mulato por más señas, de
cuerpo débil y pequeño, será duramente atacado, entre otro,
por el Padre Castañeda, quien, dando suelta a sus odios
clasistas y sus prejuicios raciales dirá de Bartolomé:
"oscuro montevideano... tentado de eso que llaman igualdad,
para lo cual hay algunos impedimentos físicos" (La Matrona
comentadora, 1821).
Porque ese
"mulatillo", tan despreciado por los servidores de la
colonia o los cisplatinos, a la par de su contribución directa
en las luchas revolucionarias de los ejércitos artiguistas,
estaba revolucionando las letras, que es como decir el
pensamiento del hombre americano. Porque este hombre
"oscuro" que se defendió económicamente en trabajos
menores (dependiente en el comercio del padre de Artigas;
meritorio del Ministerio de Real Hacienda), supo elevarse por
sus méritos, siempre junto a Artigas, como administrador y
comisario de guerra durante el Sitio; y luego, durante el
gobierno provisorio de Otorgués, fue designado Ministro
interino de Hacienda y luego Oficial Mayor del mismo Ministerio.
También fue Director de la Casa de Comedias.
Habría que
agregar a esto que, asimismo, en el teatro revolucionó Hidalgo,
al crear los "unipersonales" (monólogos): La libertad
civil o El triunfo. En 1818 lo tendremos en Buenos Aires,
emigrado. Y entre esta fecha y 1822 se cumple el período más
trascendente de su creación, con sus tres Diálogos
Patrióticos y sus numerosos "cielitos".
Débil de cuerpo
(no de espíritu) la tuberculosis lo deshace rápidamente y
muere en las afueras de Buenos Aires, en el caserío de Morón,
el 28 de noviembre de 1822. ¿Y cuál fue, entonces, el
vehículo principal del primer poeta uruguayo?
El Cielito era
una danza cantada que tiene su verdadero auge en los sucesos de
Mayo de 1810. Hugo García robles dice que "los cielitos
son verdaderos portavoces de la gesta emancipadora. En los de
Hidalgo se asoma ya la madura crítica social que aflorará en
la posterior y madura literatura gauchesca". Vehículo
popular como pocos, el cielito cantado recorrió los fogones
patriotas, resonó en los muros de Montevideo sitiado, y, sobre
todo en las orejas y el entendimiento del español y el
portugués coloniales.
Su validez se
revela en la continuidad que el cielito ha tenido en otras
luchas independentistas (las nuestras), en autores como Osiris
Rodríguez Castillos o Marcos Velásquez.
Y quién no hará
propias las palabras del oscuro empleadillo montevideano o el
mulato revolucionario, compañero de Artigas, cuando nos
dice:
"Si
perdiésemos la acción
Ya sabemos nuestra suerte,
Y pues juramos ser libres
O LIBERTAD O LA MUERTE"
Bartolomé
Hidalgo revive en cada canción popular que se escribe "con
fundamento". Bartolomé Hidalgo revive cada vez que un
compatriota se niega a doblar la rodilla ante el tirano de
turno.
Bartolomé
Hidalgo revive cada vez que su pueblo (hoy su país) grita NO al
despotismo, SI a la justicia y la esperanza.
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