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¿Una
"Guerra Fría" en el siglo XXI?
por José Luis
Martínez
Algunos esperaban
que el siglo XXI fuera el inicio de algo nuevo, pero muchos
piensan que el mundo dio algunos pasos atrás retornando a la
llamada "Guerra Fría" y señalan sin empacho al
presidente de Estados Unidos, George W. Bush como responsable.
Bush, con menos
de 100 días de instalado en el sillón presidencial de la Casa
Blanca, se ve acusado a menudo de abusar de su poder y de
olvidar los principios e instituciones que rigen los asuntos
internacionales.
La crisis más
grave para el recién desembarcado está en Asia después del
aterrizaje forzoso en una isla china de un avión espía
norteamericano, que chocó con un caza de Pekín que cayó al
mar, y cuyo piloto murió. Su capacidad de reacción en
circunstancias difíciles es igualmente puesta a prueba por la
guerra abierta entre israelíes y palestinos, nuevas violencias
en los Balcanes y la inestabilidad endémica de Africa.
Bush, recibió
además fuertes condenas que por su decisión de abandonar el
protocolo de Kyoto de regulación de las emisiones de gases
contaminantes, no solo de sus enemigos, sino también de países
aliados e incluso en el terreno de la política interna de sus
adversarios demócratas
Sus críticos le
acusan de ceder muy a menudo a las tentaciones del "unilateralismo"
para administrar las crisis. Este "unilateralismo"
aparece como la expresión de una decisión consciente de su
parte para poner a los norteamericanos en el centro de sus
preocupaciones aunque tenga que pagar el precio en el escenario
internacional, como se ha visto en varias oportunidades desde el
20 de enero, a veces en forma especialmente abrupta frente a
países considerados amigos, aliados o al menos interlocutores.
La expulsión de
diplomáticos rusos después de un caso de espionaje dio la
impresión de una demostración de fuerza tanto para Moscú como
para los europeos amigos de Estados Unidos que consideran que
estos asuntos pueden tratarse discretamente y no como un reality
show.
La insistencia de
Washington para llevar adelante un proyecto de escudo
antimisiles provoca resistencias de Moscú y Pekín e inquieta a
los aliados de Estados Unidos.
El rápido
enfriamiento de las relaciones con Corea del Norte pone en
dificultad a Corea del Sur, que se había lanzado a fondo en un
acercamiento con su ex hermano enemigo del otro lado del
paralelo 38.
Las criticas a
Colombia después de su voto en las Naciones Unidas a favor de
una fuerza internacional de paz en los territorios palestinos
tomaron el tono nada amigable.
La prensa
colombiana reaccionó con virulencia. El diario liberal El
Espectador denunció "la arrogancia" de una política
que evoca la de un "Imperio para con sus vasallos". El
Tiempo, de Bogotá, en un inusual cuestionamiento a Washington,
juzgó que se trataba de una "amenaza inadmisible" y
se preguntó si Bush "sólo quiso marcar diferencias con su
antecesor Bill Clinton (...) o sentar las bases de una política
exterior más dura".
Incluso el primer
viaje al extranjero de Bush, a México, con el fin de mostrar su
interés por los países situados al sur de Estados Unidos, fue
perturbado por un bombardeo norteamericano contra Irak,
percibido como una demostración de fuerza fácil e inútil.
Bush, rodeado de
un equipo experimentado dentro del cual debe arbitrar entre
palomas y halcones, ya ha demostrado que toma conciencia, aunque
a su ritmo, de que el ejercicio del poder no debe ser siempre un
ejercicio solitario.
Pero también ha
sabido también sacarle partido en los doméstico al retorno
sano y salvo de China los 24 tripulantes del avión espía que
aún se se encuentra inmovilizado en la isla de Hainan. Y esto,
lo logró con una carta firmada por el embajador de Washington
de Pekín en donde sólo lamentaba el incidente. Bush, al enviar
a su secretario de Estado Colin Powell a los Balcanes, demuestra
igualmente a sus aliados europeos, siempre inquietos, que
Washington no se desinteresa de la estabilidad en el corazón de
Europa.
En Alemania, el
Tageszeitung lo llamó el "cowboy que ríe", en
Francia una emisión satírica de televisión lo describe como
un ignorante incapaz de contar hasta tres y en Gran Bretaña The
Guardian y el Times coinciden en pensar que no está en su
lugar.
En un comentario
más elaborado, el diario español El País expresa el temor que
toma cuerpo en Europa de un "único caballero"
norteamericano en los grandes asuntos internacionales y escribe
que su gobierno va a ser tan radicalmente conservador y
unilateral con sus amigos y sus enemigos como temían quienes
pensaban lo peor.
El primer
ministro Lionel Jospin se apropió de esta misma idea a
comienzos de abril oponiendo el "unilateralismo" de
Bush a otra tendencia norteamericana que temen los europeos, el
"aislacionalismo". Para los diplomáticos y analistas
en París, el panorama no es sin embargo tan sombrío.
"Todas las
cartas no han sido todavía jugadas", explicó Hall Gardner,
profesor de relaciones internacionales en la American University
de París: "Están todavían pasando revista a todos los
problemas y la balanza puede inclinarse en un sentido y en el
otro".
Este sentimiento
es compartido por un especialista de Estados Unidos en el
Instituto de Relaciones Internacionales, Guillaume Parmentier,
quien subraya que este proceso de revisión es retardado por la
lentitud de los nombramientos de los responsables de la
administración Bush, estimando a menos de 10 por ciento el
número de funciones confirmadas.
Ahora, en la
cumbre de las Américas -del 20 al 22 de abril en Quebec- su
implicación en los asuntos latinoamericanos y a demostrar que
el desarrollo económico de América Latina es uno de sus
objetivos. Ahí también seguramente chocará Bush con algunos
de sus colegas del continente.
Frente al
problema interminable del Medio Oriente, donde su predecesor
gastó en vano su tiempo y su energía, Bush ha indicado que no
pretende reemplazar a los adversarios para hacer la paz y se
puso a la escucha de los jefes árabes.
"Los
norteamericanos se han mantenido hasta ahora a distancia de la
confrontación", subraya el director de la Sociedad
Palestina de Estudios de Relaciones Internacionales (PASSIA) en
Jerusalén, Mahdi Abdul Hadi. "Asistimos a un intento de
Washington de arabizar el proceso de paz israelo-palestino,
animando al Cairo, Amman y Riad a implicarse más",
explica.
Por su parte, el
portavoz de Sharon, Ranaan Gissin, se felicitó de "tener
una administración que desea facilitar la paz sin imponer sus
puntos de vista a las dos partes".
"Una
administración conservadora es buena para Israel, al menos a
corto plazo, porque es mucho más refractaria al terrorismo, a
Saddam Hussein y a Arafat", subrayó Shmuel Sandler,
investigador del Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos de
la Universidad Bar Ilan de Tel Aviv.
Es consciente,
como su padre, de que esta región del mundo es demasiado
importante para los intereses de Estados Unidos como para
desinteresarse de ella, pero su equipo, que todavía no está
completo, debe encontrar antes de comprometerse una estrategia
de recambio para reemplazar al proceso de Oslo y de Madrid
actualmente enterrado, afirman algunos analistas.LA
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