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Desafíos de
hoy: en busca del tiempo mundial
por
Oribe Irigoyen
El cine, además
de industria de entretenimiento masivo típica del siglo XX y
aparente séptimo arte, dicen, fue un pionero a pedal de la
actual revolución de la informática y de la comunicación.
Antes que él,
había divorcio entre el texto, la imagen y el sonido, los datos
en ellos operaban por separado. El cine logró superponerlos con
el sonoro. No pasó de ahí. Hoy, con las tecnologías
digitales, por primera vez en la historia, esas diversas formas
de información - textos, datos, sonido e imágenes - se pueden
combinar en un producto único: el multimedia, centro y madre de
todos los borregos que paren la informática y la comunicación.
A propósito de
estas úimas y su revolución, Ignacio Ramonet, director de
"Le Monde Diplomatique", en "Un mundo sin
rumbo" sostiene que han provocado la explosión de los dos
verdaderos sistemas nerviosos de las sociedades modernas: los
mercados financieros y las redes de la información.
Los mercados
financieros dan para cortar mucho, a lo grueso o a lo fino.
Pero, modestia de ignorante, sólo se Atenderá a algunos rasgos
del mundo de la información. Desde transmitir datos a la
velocidad de la luz, digitalizar textos, imágenes y sonidos,
apelar a satélites, generalizar el uso de la informática en la
producción y los servicios, construir computadoras-miniaturas y
conectarlas a escala planetaria, todo eso no puede menos que
convulsionar el orden mundial, que no era un campo de orégano,
claro, pero...
Si se suman
nuevas y flamantes novedades, lloviendo sobre mojado en la frase
y la realidad: edición electrónica en CD-Rom, Internet,
terminales multimedia, etc, etc, se percibe que el dominio del
multimedia - control, como quien dice, cada vez en menos manos y
grandes transnacionales - es todo un tema estratégiico en la
economía, la tecnología - doble ración de sopa -, la
industria, la política y la cultura. Poca cosa, como se ve.
Con ese panorama
cotidiano de medios de comunicación masivos, y que la cosa no
para - fibras ópticas, comunicación instantánea a través de
océanos, etc - existe ya toda una sintomatología de que la
revolución comunicacional permite romper la barrera del espacio
y el tiempo. Por lo menos en la idea habitual que tienen ambos
conceptos.
Para el
arquitecto francés Paul Virilio ( "Peligros, riesgos y
amenazas" en la revista Cine Cubano N? 142 ) se está
procesando un cambio copernicano en las nociones sobre la
historia: Por primera vez, la historia va a desarrollarse como
tiempo único: el tiempo mundial...La historia se ha
desarrollado hasta el presente en tiempos locales, en espacios
locales, en regiones, en naciones. Además, de una cierta forma,
la mundialización y la virtualización instauran un tiempo
mundial que prefigura un nuevo tipo de tiranía... mañana
nuestra historia va a desarrollarse en ese tiempo universal que
es lo instantáneo... Por una parte, el tiempo real prima sobre
el espacio real; descalificando las distancias y la extensión
en provecho de la duración, una duración infinitesimal. Por
otra, el tiempo mundial del multimedia, del ciberespacio, domina
los tiempos locales de la actividad inmediata de las ciudades,
de los barrios...
Y la historia...
¿quién la va a hacer, los dueños del multimedia o todo el
mundo, cada uno con lo suyo en su lugar?
Desde luego, por
ahora no todos tienen la facilidad de pulsar un botón y llegar
a lejanos continentes en forma instantánea para una jugosa
compra-venta en mercado financiero y saber de la salud de la
tía o de la economía del planeta - sólo el 3 % de la
población mundial posee la computación necesaria -. Pero,
atención al almanaque, no sea que lo metan en bolsillo no santo
y lo cambien. LA
ONDA®
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