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Guerreros cubanos del ciberespacio

por por Héctor Maseda
desde La Habana

En Cuba el servicio público de Internet es virtual para el cubano promedio. Por esta razón es impropio hablar del nivel de censura de algo que no existe. No obstante, en su pretendida inserción en el mundo moderno el Estado no puede prescindir del uso de esta valiosa red internacional de información. Pero hacerlo implica incurrir en riesgos.

De ahí sus intentos por mantener un absoluto control sobre esta facilidad tecnológica, esfuerzos que son burlados a diario por los llamados cibernautas no autorizados que desde sus hogares utilizan esta ventana abierta al mundo de la informática.

Para entrar a Internet se requiere tener una computadora personal (PC) (con o sin impresora); un modulador-demodulador (Modem board), que se emplea para unir la PC con el número telefónico privado y una conexión oficial a un servidor, que también es estatal (en Cuba), así como la contraseña de esa conexión.

La otra forma de penetrar la red es la empleada por los usuarios ilegales que, en posesión de los medios técnicos antes citados, llaman desde su teléfono al que posee el servidor. Este último le pedirá la contraseña que deberá enviarle a su PC. Si toda la operación realizada es correcta, pasados unos segundos el nuevo beneficiario estará dentro de la red y podrá hacer uso de esa conexión sin pagar un solo centavo.

Esta conexión puede realizarse desde cualquier computadora o lugar geográfico.

A partir de ese momento, el servidor lo identificará como un usuario autorizado.

Los especialistas encuestados manifestaron no estar de acuerdo en que esta práctica, considerada clandestina en Cuba, sea un acto punible. Afirman sentirse con derecho a recibir la misma información que los ciudadanos de otras latitudes del planeta, ya que les abre las puertas al mundo de la información imparcial y sin censuras.

"Lo cierto es que la mayor dificultad para entrar a Internet -afirma un cibernético-matemático- está en obtener la palabra clave y el número telefónico del servidor. En la actualidad esto se consigue gracias a la corrupción que existe en el país y a los lazos familiares o amistosos con los funcionarios que los poseen".

Un ingeniero especializado en programación agregó: "Hasta el momento ningún cibernauta ilegal ha sido procesado por los tribunales cubanos. El Código Penal vigente no considera como acto delictivo el uso de estas posibilidades tecnológicas. Se han dado casos de personas que han sido sorprendidas en estas prácticas por las autoridades policiacas. La pena impuesta ha consistido en multas. En raras ocasiones se les ha confiscado a los infractores la PC y sus accesorios, pero ha ocurrido en aquellos casos en que sus poseedores no han podido justificar la procedencia de los equipos".

En el país también existe un mercado negro muy limitado y selectivo de estos medios técnicos. Para llegar a él es necesario conocer a un cibernauta clandestino que lo garantice ante los vendedores de interfases, piezas o partes de PC e incluso de equipos completos sin marcas ni modelos; así como establecer contacto, en medio de rigurosas y extremadas medidas de compartimentación, con quienes alquilan o venden el derecho a la palabra codificada y el número telefónico de un servidor oficial y, de este modo, tener el privilegio de convertirse en un usuario ilegal de Internet.

Otro especialista, programador con 15 años de experiencia, aclara: "Oficialmente hay cinco servidores estatales en el territorio nacional:

1- La Academia de Ciencias de Cuba y los centros de investigaciones que dependen de ella. Por su intermedio se conectan los ministerios del Interior, de las Fuerzas Armadas, del Azúcar y de la Industria Básica.

2- Los Consejos de Estado y de Ministros, y por su intersección el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, sus departamentos y grupos especiales de trabajo.

3- El Ministerio de Salud Pública y los organismos a él asociados.

4- Las universidades del país y los polos científicos que establecieron contratos de trabajo con ella.

5- El Ministerio de Comunicaciones y sus telecentros; la Industria Turística y la Electrónica.

Es posible que existan otros nuevos servidores. Esa información quien la posee con absoluta certeza es el propio gobierno cubano.

Cada servidor tiene derecho a establecer decenas de conexiones autorizadas que permiten el disfrute de este servicio a prácticamente cientos y tal vez miles de entidades gubernamentales. Hay funcionarios encargados de atender los servidores e impedir que se introduzcan en su sistema usuarios indeseados. Su trabajo lo apoyan en programas que monitorean constantemente las redes de su servidor y éstas le indican el número de clientes que utilizan sus conexiones en un momento dado.

Si este número es mayor que el autorizado estarán seguros que en su red están presentes cibernautas ilegales. Entonces, proceden a cambiar la contraseña y se la informan a sus abonados oficiales. De este modo, elimina momentáneamente a los clandestinos. Pero no por mucho tiempo, pues a éstos también les llegará la palabra del nuevo código y... el cielo se repite indefinidamente.

Hay otros usuarios, no gubernamentales, autorizados en el país. Ellos son: las cancillerías del cuerpo diplomático, organismos internacionales y no gubernamentales, agrupaciones religiosas y fraternales, agencias de noticias y empresas mixtas; todas con funcionarios extranjeros establecidos en el territorio nacional. No es posible excluir que algunos de ellos también ofrezcan facilidades a los cibernautas clandestinos para conectarse con Internet. Recordemos que en ellas se contrata a personal cubano, con las mismas necesidades materiales que el resto de la población.

Por otro lado, el Estado cubano puede bloquear algunos sitios Web si conoce de antemano la clave binaria que les corresponde. De esta manera, es posible impedir que cualquier usuario nacional, legal o clandestino, ingrese a esos sitios. Así ocurre con la página de CubaNet y con la de Radio y TV Martí.

Cuando esto sucede la PC se comporta como si recibiera un virus introducido por algún programa (software). En ocasiones es posible burlar este bloqueo si se realizan saltos múltiples de una a otra página Web hasta que el sistema bloqueador no reconoce el origen del buscador ni el país de procedencia.

"Hay programas que facilitan o perfeccionan la explotación de este servicio -explica otro de los especialistas consultados- como, por ejemplo, el Real Player que permite ver vídeos y escuchar estaciones de radio; el Web Master y el Meta Buscador, que ayudan al usuario a encontrar páginas Web. Sobre todo el segundo, que tiene un área rastreadora de las nuevas páginas creadas, lo que resulta de gran utilidad si tratamos de profundizar en un tema específico. El Correo Electrónico o E-mail es una modalidad que se incluye en la prestación del servicio Internet y que no implica gastos adicionales. Existen decenas de posibilidades que lo permiten.

Actualmente unas 35 mil personas, entre dirigentes y funcionarios gubernamentales cubanos, están autorizados por el régimen para acceder a Internet frente a una población de 11,18 millones de habitantes. En la primera cifra se incluye al personal extranjero residente en la Isla.

Hasta el momento se han creado dos centros o cafés cibernéticos para aparentar que este servicio se le brinda a la ciudadanía sin excepción. Uno radica en el Capitolio Nacional y el otro en el Palacio del Segundo Cabo, ambos en Ciudad de La Habana.

En el primero el tiempo de máquina cuesta al usuario 5 dólares por hora, o sea el 44,17 por ciento del salario promedio mensual (249 pesos), condición que convierte al servicio en algo inalcanzable para el 95 por ciento de la población cubana.

Al segundo sólo tienen acceso los escritores comprometidos con el gobierno.

De manera que el régimen cubano no quiere perder el monopolio informativo que posee y dirige en el país. De ahí sus enormes gastos y esfuerzos para intentar bloquear todo mensaje contrario a su discurso político. Perderlo significaría un revés al trabajo ideológico de cuatro décadas.

Una vez convencidos de esta realidad nos sentimos como un toro en trance de castración para ser convertido en buey para toda la vida. Por suerte las ideas que así surgen pecan de incoherentes desde su nacimiento. LA ONDA® DIGITAL

 

 

 

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