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Ser
visitante en partidos difíciles
por Policarpo
Luego de viajar
largas horas y franqueados los pasos de entrada al estadio, uno
siente la alegría de estar a punto de ser, de alguna manera,
partícipe de una fiesta deportiva.
El estar ubicado
en la tribuna no oficial, la del Estadio Nacional de Santiago
que da su espalda a la Cordillera rodeado de hinchas que
ciertamente no van a apoyar al mismo equipo que uno, es una
experiencia enriquecedora.
Al sentarse, uno
debe olvidarse que somos 40 los hinchas de Peñarol que estamos
por ver, muy juntos, muy apretados, la final de la Copa
Libertadores del 82 frente al Cobreloa de Calama, obligado por
la falta de capacidad de su estadio propio a recibirnos en
Santiago.
Las tribunas
tienen claramente diferenciadas las barras de Colo Colo, la U.
De Chile y la Católica. Y toda una de las tribunas de cabecera
es naranja, solamente loínos llegados del desierto con la
ilusión de guardar por primera vez la Copa en el suelo patrio.
En la Tribuna Oficial, otros 100 uruguayos aguardan con
esperanza que este hecho no se de, a pesar del empate que se
llevaron los chilenos del Centenario.
El momento de los
himnos es algo muy tocante. La emoción de encontrarse con las
estrofas del nuestro, lo hace más bello por la distancia.
Aunque todo el público lo silbe, algo que no es característico
entre nosotros. Pero es 1982…
El partido es una
anécdota que recoge la historia. El gol de Morena que le da la
Copa a Peñarol, y frustra otra vez a los chilenos, que deberán
esperar al Colo Colo del 91 para ver la única de ellas en sus
vitrinas, desata lo que se venía presagiando desde hacía mucho
rato antes, y que se había dado solamente en forma esporádica.
Son agredidos los
jugadores desde las tribunas. El lanzamiento de cualquier objeto
es útil para cumplir esa misión. Somos agredidos los hinchas.
A mi me tocó lata de cerveza en la cabeza, pero hubo quien se
llevó botella, traumatismo craneano y luego de pasar por el
Centro Médico obligación de no dormir esa noche.
Y refugiarse en
la cancha durante una hora hasta que la gente vacíe el
Nacional. Por que la seguridad que brindan los Carabineros es
menos que mínima.
Al volver al
hotel céntrico, encontrar la vidriera del mismo que da a la
calle, atravesada por impactos de bala. El mismo que compartimos
con Kessman, Ottati, Da Silveira, Lalo Fernandez y otros
periodista uruguayos. Habíamos llegado dos horas antes del
partido. En realidad nadie sabía que allí estábamos los
uruguayos. Pero la mano de la violencia es muy larga.
El reguero de
objetos de todo tipo y tamaño que queda en la pista de
atletismo se reiterará en el partido por la eliminatoria del 83
de Chile-Uruguay. Ver las fotos de los diarios de época, tanto
chilenos como uruguayos, hará que cada una de ellas se confunda
con la del otro año.
La historia no
tiene por qué repetirse. La violencia puede ser controlada y
ojalá sea erradicada no solo de las canchas de fútbol.
Pero ser
visitante no es fácil para los jugadores y tampoco para los
hinchas.
La Eliminatoria
por la Copa del Mundo no es la guerra, pero hay quienes están
dispuestos a ir a la misma, para intentar aferrarse a la última
esperanza. Uruguay quizás no tenga otra oportunidad de
acercarse al Mundial sino consigue la victoria. Es muy probable
que obtenerla, no salve a Chile de la eliminación, por su
actuación hasta ahora. Pero todo esto se comenzará a develar
sobre la medianoche del martes 25. LA
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