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Algo
de la potencialidad de Delmira
por
Julia Galemire
Orfila Bardesio,
poetisa que a lo largo de su actividad literaria ha preferido una
actitud alejada, a veces hasta silenciosa, en lo que es una
actitud digna de respeto apareció en 1939 con un poemario
titulado "Voy", al que siguieron entre otros,
"Uno" (libro primero), "Uno" (libro segundo),
"Uno" (libro tercero), "Juego", "La flor
del llanto", "Canción", "El ciervo
radiante".
Según Mario
Benedetti, Bardesio integra aquella promoción que nos puso en
contacto con Idea Vilariño, Amanda Berenguer, Ida Vitale, que si
bien no se constituyeron en un grupo formal o escuela y que
además no tenían afinidades concretas en materia de poesía,
coincidieron "en una actitud autoexigente y existencial, y
demostró (con diversos lenguajes y en distintos niveles de
calidad) que su poesía no era un mero pretexto. En realidad
tenían algo que decir, algo que comunicar"
Bardesio tenía en
verdad, mucho que decir, que reflejar en su escritura una
metafísica propia, un sentido nuevo y renovado del mundo que
habita, con una expresividad sólida y moderna que muestra una
detallada creación que no decae en ningún momento. Generalmente
sus poemas son extensos, pero también ha incursionado en el poema
breve, en los que desarrolla la idea con generosidad y poder de
sintesis: En "A lo lejos":
"Una primitiva
no tiene palabras / que decir a los hombres todavía, / sentada al
lado de su cabellera / permanece enviada / a los musgos secretos /
por una abeja./.
En el poema "Y
olvidado", dice: "Y olvidado, / --tu mar, olvidado, por
fin -- / tal vez gires invisible / como una lágrima / por los
vellos de los marineros / que con los ojos habituados a verte / no
te vieron / y sin embargo te reclaman / como si estuvieras
obligado / a comparecer"./
En los poemas de
mayor extensión, la poetisa ahonda los temas con una singular
constancia. En tanto, hay coherencia entre los libros iniciales y
los últimos, sin que ello signifique que Bardesio no haya
evolucionado, sino que ha mantenido lealtad a su mundo interior y
a su perspectiva religiosa, por lo que recordamos que en uno desus
poemas menciona expresamente a Teilhard de Chardin.
Por ejemplo, en
"El cordero", dice: "Antes, cuando era un cordero
sobre la hierba, / --te acuerdas, pequeña brisa de mi ? , --/
antes, cuantas cosas te dije sin usar de palabras, / cuantas cosas
quedaron en el cesped. / Sobre la paja venían hacia mi en el
invierno / aquellas duras voces de la tierra llenas de
frío"/. Transcurrido el tiempo, en su libro "El cuervo
radiante", y dedicado a las golndrinas de Becquer, la autora
expresa y bajo el título "El amor eterno eterniza las
cosas":
"Cuando pasan
volando las gaviotas sobre nuestras cabezas, gimiendo agua apenada
de sus blancas sombras, sensibles a lo extenso -- ¿ no perciben
como el amor rescata nuestros pasos de la niebla ? ". Y en el
fragmento último de acentuado tono metafísico, agrega: "Ah
si la muerte no existe porque el Amor la mata cuando muere, todas
las cosas corren a sostenerse en él como frisos a columnas de un
templo, y cantan su victoria levantadas al cielo".
Podemos que
Bardesio cumple con una máxima poética: admite la máxima
variedad en la solución de los problemas en su escritura que se
le presentan, segura de sus voces interiores, alcanzando así una
forma de perfección realmente elogiable. Orfila Bardesio ha
acreditado entonces una obra que puede ser considerada muy
valiosa, porque nos muestra una poesía de hondo misterio,
traslúcida, auténtica.
Así , Zum Felde
pudo decir de ella, que "parece haber heredado algo de la
potencialidad mágnifica de Delmira".
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