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En Chile hay café con piernas

por Policarpo

Es en el centro de Santiago. Podríamos hacer una delimitación más afinada, pero a grandes rasgos están situados entre el Cerro Santa Lucía, la Alameda (Avenida O'Higgins solo para quienes no somos santiaguinos), La Moneda (calle Teatinos) y el río Mapocho.

Son lugares restringidos a personas mayores de 18 años, aunque allí no se expendan bebidas alcohólicas. Puede acceder cualquier persona, y será bienvenida aunque solamente acompañe y no consuma nada.

De fuera los vidrios opacados no permiten una visión de lo que ocurre dentro.

El público que uno descubre al penetrar a uno de estos recintos, es de clase media para arriba. Ejecutivos, gente con portafolios de calidad, buenos trajes, son lo que se puede observar a simple vista. Un público similar al que uno ve al entrar en cualquier Banco, pero sin los cadetes que hacen trámites.

Allí dentro la única bebida es el café. Que se toma parado, acodado al mostrador, y que no es particularmente sabroso o preparado de una forma que nos llame la atención.

Es un poco más caro que la misma bebida tomada en cualquier otro lugar, pero para los dueños, hay un costo agregado que deben cubrir. Ignoro si deben pagar algún impuesto especial para poder funcionar, o alcanza con cumplir las reglas que la Municipalidad haya marcado para su funcionamiento.

Pero tienen un costo agregado. Quienes atienden al parroquiano, lo reciben bastante desprovistas de ropa, apenas en tanga, con un beso en la mejilla y un "hola papi", sexy pero no pornográfico. Porque allí no hay sexo, puede haber "voyeurs", pero de allí no se pasa. No es el viejo Juan Carlos Gómez entre Cerrito y Piedras, que nos contaban los mayores, y del cuál solo vimos su decadencia.

Las chicas que atienden tienen nivel universitario y con este trabajo se costean sus estudios, no olvidar que la enseñanza terciaria en Chile es mayoritariamente privada y cara.

Pueden obtener además propinas especiales, pero solamente conversan con uno si se les da pie. De otra forma mantienen un silencio y distancia que hace olvidar hasta su presencia.

No hay cafés de este tipo en Montevideo. No sé si lo hace imposible alguna Ordenanza Municipal o el recato de los montevideanos. Alguien comentó que un chileno había instalado uno en Lima, pero no se sabe si es realidad o leyenda.

Pero a los "café con piernas" de Santiago, todo esto no les importa. Allí están, como curiosidad para turistas, pero frecuentados casi únicamente por los propios santiaguinos. LA ONDA® DIGITAL

 

 

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