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Fútbol y tragedias mundiales

por Carlos Lago

Los viejos recordamos la tragedia de 1964 en el Estadio Nacional de Lima, donde problemas en las tribunas terminaron en más de cuatrocientos muertos un día que debió ser de fiesta. En ese día el árbitro era un uruguayo, Angel Pazos, quien abandonó el referato impresionado por lo que vio. La versión íntegra del insuceso se la ahorraremos al lector, porque no aporta nada a la historia que estamos narrando.

La cancha de River Plate de Buenos Aires, su puerta 12 cerrada, se transformó en trampa mortal para quienes queriendo salir del Monumental porque había problemas, la encontraron cerrada y no pudieron hacer nada para no morir aplastados por los que venían pisando lo que fuera detrás de ellos. No se llegó al ciento de muertos. Como si no alcanzara con uno solo, para no hablar de tragedia.

Hace pocos días, en Irán cayó un techo de una tribuna superpoblada en un partido trascendente en ese país.

Hace unos pocos días más, en Sudáfrica, en un estadio para algo más de sesenta mil espectadores vendieron boletos para ciento treinta mil, y cuando todos los que tenían entrada presionaron para entrar a ver el clásico, causaron muertes por aplastamiento de quienes ya estaban dentro. Esto solamente es la repetición de algo que ya les había ocurrido en 1995.

El martes 9 de mayo, en Ghana, hubo otra tragedia con por lo menos 100 muertos y miles de heridos.

Resumiendo, las tragedias no son de ahora, los muertos no son algo nuevo en el fútbol, pero de alguna manera hay que frenar estas locuras.

No. Usted está esperando que le hable del "Bolillo" Gómez y el atentado del que nadie se hace cargo, al parecer por no incluir al hijo de Bucaram en la lista del Ecuador Sub-20. También le podría hablar de su ayudante, colombiano como él, que renunció luego de un hecho similar hace un par de meses, por la misma razón, y que decidió renunciar y volverse a Colombia. Pero si le hablo de estos casos le tengo que hablar de Escobar, quien se hizo un autogol en el Mundial de USA 94, y fue asesinado a la salida de un restaurante. Y además debería hablarle del coche bomba que explotó en Cali, cuando el Once Caldas, equipo colombiano, estaba por jugar un partido con uno de los equipos locales el fin de semana pasado.

Y no le voy a contar nada de eso, porque se podría seguir hablando de violencia en el deporte, aportando muchos más hechos, y todo esto a nada conduciría.

Por eso de todo esto no le cuento nada. LA ONDA® DIGITAL

 

 

 

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