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Sudáfrica,
problemas de una transición
por Claudio
Montoya
En una nota
anterior registrábamos algunos de los logros de la sociedad
sudafricana post-apartheid. También merece destacarse el rol de
los dirigentes que han tenido la responsabilidad de conducir el
proceso en todo este tiempo, en su mayoría antiguos miembros
del Partido Comunista Sudafricano. Dejando de lado el rol
inclusivo de la inmensa figura de Nelson Mandela, la formación
militantes de hombres como el actual presidente Mbeki no es
ajena a la para algunos sorprendente facilidad con que se
adaptaron a las dificultades inherentes a la responsabilidad de
gobernar. No fue casual que el último zarpazo de las fuerzas
ultrarracistas, cuando la caída del antiguo régimen era un
hecho, fuera asesinar a Chris Hani, en ese momento secretario
general de los comunistas sudafricanos.
El actual
presidente Mbeki, un hombre poco preocupado por desarrollar su
carisma pero muy seguro de los objetivos de una larga lucha, ha
sorprendido a muchos en su forma de moverse ante problemas
regionales que representan una sucesión de minas políticas.
Por ejemplo, la "reforma agraria" que Robert Mugabe se
vio obligado a implementar en Zimbabwe, consistente en la
expropiación de los propietarios blancos. Ante esta situación
- que ha conducido a la antigua Rodhesia del Sur a un callejón
sin salilda-, Mbeki no vaciló en apoyar a Mugabe durante las
recientes visitas que realizó a aquel país; pero también
enfatizó, antes las autoridades del Banco Mundial y ante la
propia sociedad , que ese camino está en absoluto vedado en
caso de Sudáfrica.
Algunos datos
hablan de una capacidad no despreciable de poner en práctica
los objetivos estratégicos fijados desde hace mucho tiempo por
el Congreso Nacional Africano. En 1970 los blancos detentaban el
71% del ingreso per cápita y la inmensa mayoría de negros
configuraban apenas un 20% en dicho parámetro. En 1990 los
porcentajes han pasado a ser de 54 y 33 respectivamente. En 1975
el 10% de los mayores ingresos eran acumulados por el 95% de los
blancos; en 1996 a esa franja de alto poder adquisitivo figuran
22% de negros, 7% de mestizos y 5% de indios. Como se aprecia en
estos datos muy globales la desigualdad subsiste, pero la
tendencia indica que la democratización no sólo ha significado
la posibilidad de votar regularmente. Pese a todo el país sufre
todavía grandes calamidades. La cruel violencia política del
pasado ha sido substituída por niveles de violencia social no
despreciables. Si bien ha disminuído el índice de asesinatos,
la criminalidad ha trepado a niveles sin precedentes. Buena
parte de dicha violencia está asociada al consumo de alcohol
que en muchos lugares sigue siendo, como en el pasado, parte
habitual del salario. La herencia del apartheid se manifiesta de
varias maneras; la más perversa de todas es la humillación de
los hombres que se traduce en opresión de las mujeres y niños.
El desempleo es un grave problema y según las regiones se
sitúa entre el 25 y el 40%, con las características
estructurales que posee en la mayor parte del mundo actual.
Pero es la
epidemia de SIDA, sin duda, la mayor catástrofe que hoy vive el
país. La aparición tardía del virus y serios errores basados
en la negación de los datos epidemiológicos por parte del
gobierno, condujeron a una situación tan aterradora que en
algunas zonas del país el 25% de las madres está infectada con
el HIV. Recientemente se han adoptado medidas drásticas y se
han comprometido inversiones muy importantes para tratar a los
enfermos, pero no será fácil enlentecer la tasa de nuevos
casos en los próximos años. La tardía implementación de
medidas preventivas, la estructura demográfica del país y el
desplazamiento territorial de la mano de obra - otra herencia
del viejo sistema-, son todos factores negativos al respecto.
Aún los informes
redactados por tecnócratas de organismos internacionales, que
raramente se desprenden de una espesa una nube de prejuicios
cuando se trata de Africa, reconocen el excelente desempeño del
Banco Central de Sudáfrica, la sensatez del programa de
privatizaciones llevado a cabo en estos siete años y el
importante crecimiento de la inversión extranjera. La
inversiones directas han crecido sin parar desde 1994, en
especial en la industria automovilística. Las fábricas de
Mercedes-Benz, BMW, Ford, Volkswagen y Fiat incorporan la más
alta tecnología, complementando a la minería y a la
producción de materias primas que eran el tradicional gran
aporte a la riqueza del país aún en los años más prósperos
del apartheid. LA
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