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Entre
la utilidad y el silencio: las humanidades
por
Agustín Corti, desde Alemania
Desde hace algún
tiempo comienza a oirse un discurso proveniente sobre todo del
mundo empresarial, que habla sobre la necesidad o utilidad de
cierta formación global de los profesionales para el ámbito
laboral, condiciones que sobrepasarían las competencias de los
normalmente formados para esas tareas. El fenómeno puede verse
fundamentalmente en dos hechos: la contratación de egresados de
las ciencias humanas a ámbitos empresariales que a primiera vista
poco tendrían que ver con el perfil profesional de estos
egresados y la aceptación generalizada de algunas propuestas que
parten directamente de gente formada en el ámbito de las
humanidades, ya sea a través de publicaciones, cursos u otras. Se
dice generalmente que las personas formadas en las ciencias
humanas poseen algo así como una visión más general sobre el
mundo, que pueden aportar vías no estructuradas para la solución
de problemas y finalmente, que estos aspectos son útiles.
El problema no es
nuevo. Ya en los albores de la filosofía, cuenta la leyenda que
Tales de Mileto se enriqueció previendo una buena cosecha de
olivos gracias a sus estudios de la naturaleza. Esta utilidad
sería hoy patrimonio de ciertas ciencias duras o simplemente de
disciplinas prácticas relacionadas al mundo empresarial. En
principio, las humanidades poco tienen allí para decir. Sin
embargo tenemos ante nuestros ojos casos de éxito asombroso en
personas que desde las disciplinas humanas se insertan en el
ámbito empresarial : no parece ser un hecho casual que existan
manuales de ontología, o sea, de qué es realmente el mundo,
elaborados exclusivamente para empresarios; o que se ofrezcan con
éxito de público cursos cerrados y abiertos donde se explica el
desarrollo del pensamiento occidental, a veces con algunas
pinceladas -políticamente correctas- sobre el oriente.
Muestra esto una
contradicción entre algo así como una vox communis y el
potencial real de las humanidades? Nos plantea esta nueva
aceptación renovados problemas sobre la naturalezza de las
ciencias humanas o es simplemente una visión parcializada que
busca apropiarse del aspecto útil de estas disciplinas? Tanto en
la aceptación como en el rechazo de las humanidades y su papel
subyace la vieja pregunta por la utilidad de estos estudios, al
que Tales respondió con hechos. A nivel popular la respuesta es
más o menos la misma: estos estudios no sirven para nada. La
nueva tendencia del mundo empresarial responde hoy lo contrario:
en la actualidad son más necesarios que nunca, porque aportan
aspectos que otras disciplinas no pueden aportar. Las dos
respuestas crecen de una misma raíz, la pregunta por su utilidad.
En un caso la respuesta es negativa, en el otro positiva.
Desde las
humanidades no faltan quienes festejan esta nueva situación,
afirmando que quienes trabajan en las ciencias humanas cumplen el
rol de tratar los problemas que plantea la realidad, para los
cuales se necesita tiempo. La sociedad paga a estas personas para
que tengan este tiempo necesario para la problematización. Por
otro lado las universidades ofrecen cada vez más estudios donde
las humanidades están relacionadas con otras disciplinas que van
desde la economía hasta la informática. La finalidad parece ser
preparar al egresado para la realidad del mundo laboral.
En todas estas
nuevas direcciones la pregunta por la naturaleza de las
humanidades permanece silenciada. Es como si todos supieramos qué
es proveer un pensamiento más general sobre la realidad. La
respuesta a la pregunta de qué son hoy las humanidades es más un
desafío que un hecho. Amenazada por su determinación desde la
mera utilidad y sorprendiendo con su utilidad real, queda aún la
tarea de pensar cuál es realmente hoy su papel, desde qué
fuentes surgen sus posibilidades. Quizá que las mismas puedan
aportar visiones no estructuradas de la realidad sea justamente un
resultado de no guiarse simplemente por su utilidad. Pobre tarea
la de las humanidades si su finalidad está determinada por la
satisfacción del mercado laboral.
LA
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